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Jueves Ordinario | Elecciones 2012: Libertad para la acción

En las vísperas de las elecciones de 1988, mis abuelos maternos cumplieron 50 años de matrimonio. Para festejar la gran ocasión se organizó una reunión al estilo de mi abuelo José López -ex futbolista profesional y empresario de la industria del calzado. Pero antes se celebró una misa a la que asistimos solamente los familiares cercanos. Al terminar el acto religioso tuvo lugar una plática que nunca olvidaré. Compartíamos nuestros preferencias partidistas. “Yo voy a votar por Salinas”, señaló mi primo E de 19 años y lo secundó R de 20: “¿A poco hay otro?”. Y rieron. “Yo le voy a Cárdenas”, señalé sin chistar y advertí: “Los jóvenes estamos con el PRD: vamos a ganar. El país necesita un cambio. ¡Ojalá tuviera ya 18 años para votar por él!”. Mi papá y un par de tíos escuchaban la conversación muy atentamente sin decir nada. “¡Estás loco!”, espetó E y reprobó mi atrevimiento moviendo la cabeza de un lado al otro.

Tal vez por ello hace unas semanas que apareció el vídeo y se llevó a cabo la marcha del #MovimientoYoSoy132 no dudé en escribir un artículo en este espacio apoyando su derecho a manifestarse y su legítimo interés a impulsar un proceso democrático equitativo. Me identifiqué con ellos de inmediato; muchos lo hicimos: miles, cientos de miles, incluso varios millones sentimos hervir nuestra sangre y experimentamos una sensación de optimismo, de esperanza. Fue apenas hace unas semanas, aún así muchos han cambiado de opinión sobre este movimiento, empezando por algunos de sus líderes, incluso antes de la elección.

El grupo estudiantil se encuentra en una encrucijada. Hay dos caminos principales que aunque no son excluyentes sí generarán impactos muy distintos: a ellos en primera instancia y al país en segunda. ¿Las calles y la violencia o las instituciones y el diálogo? Revisemos rápidamente cada camino.

1. Las calles.

  • Hace seis años el grupo más reaccionario del PRD eligió esta opción. Hicieron un plantón en la avenida Reforma por varios meses con dos principales resultados, ambos negativos y contrarios a lo que se buscaba: el TRIFE confirmó el resultado del PREP y recibieron el repudio de la mayoría de la sociedad, incluso de quienes los apoyaron al principio.
  • Ya empezaron las movilizaciones y el argumento parece ser el mismo: fraude, voto por voto – casilla por casilla, manipulación por “los de arriba” y los medios.
    ¿Qué se busca? Además de desahogar la decepción que produce la derrota y el sentirse engañados, ¿qué más se está buscando? ¿Que se cambie el resultado? ¿Que se repita la elección? ¿Un golpe de estado?
  • Es comprensible que la energía y la pasión de la juventud radicalice la postura de los seres humanos. Es comprensible y siempre en la historia de la humanidad ha sido necesario para que se produzcan las grandes transformaciones sociales y políticas.
  • Nuevamente la pregunta: ¿cuál es el objetivo de salir a las calles y amenazar con violentarse? Ayer leía en mi TL de twitter cómo se alentaba a ir a las oficinas del IFE y solidarizarse con jóvenes que estaban siendo golpeados por la policía.
  • Si el gobierno federal logra calmar los ánimos sin violencia el pronóstico es que las manifestaciones y los eventuales plantones irán perdiendo fuerza, tal y como sucedió hace 6 años. Por cierto que es el escenario que no derramará sangre y en términos de orden público es el más deseable.
  • Si hay una combinación de violencia del movimiento con un ineptitud de la policía o el ejército podría presentarse algo que ningún (o casi ningún) mexicano quiere ver. Aún así, sería muy difícil que pasara a mayores. Hace dos años el tío de mi esposa (escritor y analista político, afin a la izquierda) advirtió: “Calderón no sacará al ejército de las calles. Lo necesita para no entregar el poder a quien no le convenga”.
  • El ejército mexicano lleva años realizando operativos en ciudades, lo que le ha permitido estar entrenado en labores de contención y minimización de bajas civiles. Por ello la probabilidad de que existan eventos indeseables dignos de notas internacionales parece muy baja.
  • Lo que sí puede provocar es malestar, pues la mayoría de los mexicanos tenemos que trabajar para sobrevivir; y para ello se requiere orden público y vías de comunicación abiertas.
  • Así, el camino de las calles podría sintetizarse en dos puntos: alto malestar y bajo impacto. Es decir se traduciría en repudio social al movimiento estudiantil y sus objetivos iniciales no se cumplirán.

2. Las instituciones

  • Mi prima, un colega de trabajo y varios amigos fueron funcionarios de casilla. Tuvieron la precaución y el tino de tomar una foto al acta electoral de la casilla que refleja el resultado y los votos. También han contrastado los datos con los del PREP y en ningún caso cercano ha habido diferencias significativas que puedan explicar 3 millones de votos de diferencia. Sé que hay varias personas que señalan que sí ha habido diferencias importantes en otras casillas; incluso ayer vi un tweet que denunciaba no sólo diferencias, sino casos en donde habían votado más personas de las que hay en el padrón. Todo esto hay que denunciarlo para que las autoridades lo sancionen. Qué bueno que se haga. Sin duda aprovechar la tecnología y la gran comunidad de redes sociales digitales ha sido un factor fundamental para vigilar el proceso. La transparencia empieza a emerger en nuestra sociedad de manera natural.
  • Exigir al IFE transparencia es nuestro derecho y también nuestra obligación. Con los mecanismos de este instituto deberán desahogarse las denuncias y al final éste debe brindar una rendición de cuentas completa del proceso a satisfacción de los ciudadanos. Para eso les pagamos miles de millones de pesos. Para que organicen elecciones equitativas y apegadas a la ley. Acá el único asunto es que los consejeros del IFE son seleccionados a conveniencia de los partidos. No hemos logrado que sean cien por ciento ciudadanos. Lo que sí se logró es que todos y cada uno de ellos, sobre todo los magistrados del TRIFE fueran aprobados por las tres grandes fuerzas políticas. Es decir, ya hay un mecanismo para resolver inconformidades.
  • Para el movimiento estudiantil elegir este camino no significa renunciar a sus ideales o a sus intereses genuinos de equidad. Al contrario. Elegir este camino y aprender la manera de desahogar nuestros intereses a través de instituciones nos pondrá en un estado mucho más avanzado: desarrollaremos habilidades de diálogo y de negociación entre partes en conflicto -que por cierto es algo muy común en cualquier democracia.
  • Sin embargo, este camino no es el más atractivo para muchos de los jóvenes; en cierta manera es comprensible tener dudas sobre el funcionamiento efectivo de muchas de nuestras instituciones. Por muchos años, los esquemas institucionales (como el judicial) han sido burocráticos y la corrupción ha marcado -en muchos casos- el desahogo y las decisiones. Nos hemos ganado a pulso que la sociedad tenga suspicacia sobre el desempeño de las instituciones; hay evidencia de ello.
  • Acá el factor clave es identificar si el IFE califica como una institución corrupta y poco moderna. Todo indica que no es así. No solo se ha apoyado en tecnología de punta, sino en la parte más confiable de la sociedad: los ciudadanos; nosotros ejecutamos el proceso, desde el respeto por las reglas más simples hasta el conteo de votos y las firma y entrega de actas.
  • Elegir este camino tendrá mucho mayor impacto, tanto en el corto plazo -al evidenciar las irregularidades y determinar si fueron suficientes como para pedir una anulación de la elección- como en el mediano y largo plazos -al establecer un parteaguas en la resolución de los asuntos públicos del país. El aprendizaje y la lección para la sociedad y para los políticos transformará efectivamente al país. No hay duda. Casi sobra señalar que esta vía cuenta con la simpatía de la mayoría de los ciudadanos.
  • En síntesis, este camino tendrá alto impacto en la vida pública del país y además gozará de tal aceptación que la sociedad recordará como un punto de inflexión lo que un día empezó en la Ibero como una protesta de 132 estudiantes universitarios. Es decir, alto impacto y alta aceptación.

Utilizando los argumentos anteriores pareciera muy claro que el segundo camino supera al primero en todos los sentidos. Aunado a ello el primero no está siendo apoyado por la mayoría de los jóvenes del #MovimientoYoSoy132 pero eso no impedirá que un grupo de ellos siga radicalizándose y busque conseguir en las calles lo que aparentemente no se logró en las urnas; con gritos lo que puede turnarse en los procesos institucionales; con amenazas y consignas lo que se gana con propuestas e iniciativas. Aún así están en todo su derecho de manifestarse y de pensar que la mayoría de la población se equivocó. Mientras no violen los derechos individuales de terceros deben manifestar su inconformidad y hacer algo en consecuencia, preferentemente -ya lo he dicho, lo sé- de manera constructiva.

Una idea final. Nuestro país es joven y estamos aprendiendo a gobernarnos; el despertar de la juventud puede ser en ocasiones violento, pero bien encauzado será definitorio en la transformación del país; no hay duda: tenemos una gran oportunidad frente a nosotros. Económicamente vendrá lo que se conoce como el bono demográfico y para aprovechar esos 20 millones de jóvenes que se incorporarán en las siguientes décadas a la economía es necesario mejorar sustancialmente la manera en que dirimimos nuestros conflictos. La movilización de los jóvenes y el emblemático #YoSoy132 será recordado como un parte aguas social en el país y mejorará notablemente la vida de los futuros mexicanos; ése es mi pronóstico y por el bien nuestros hijos espero encarecidamente que se haga realidad. Los que no somos tan jóvenes a hacer nuestra chamba: trabajando día a día y dando un ejemplo de civilidad y respeto por lo que piensan los demás.

Martes imaginario | Fin de ciclo maya

Foto por Andrea Estrella | twitter @AnLoveStar | http://ojodual.tumblr.com/

 

El guía maya ríe ligeramente al explicar las inscripciones en la piedra: indican el cálculo del fin del ciclo maya.

¨No tiene nada que ver con la película y con lo que andan diciendo por ahí”.

Se llama Mauro. Al principio nos miró con recelo, pero poco a poco fue suavizando el trato.

“¿Qué significá Ha? ¿Y Kun?”

Fue probándonos; mi hijo contestó bien un par de preguntas.

“¡Qué bueno que sabes!”

La plática se la dirigió a él principalmente.

“Sólo hay dos dilinteles así: uno aquí en Cobá y otro en Guatemala”.

Orgulloso de sus predecesores, de su tierra, de su cultura milenaria.

“Todo empezó con los olmecas, después con los mayas; al final con los toltecas”.

Se queja de la falta de inversión por parte del INAH.

“Es una tristeza que vayan a desaparecer tantas inscripciones. Por la erosión”.

Esperan mucho turismo durante 2012. Por las inscripciones de la piedra.

“Los mayas no hemos desaparecido”.

Martes imaginario | Gigante | Reseña: sigue hablando

Foto por Cecilia Hidalgo | twitter @bolinmx | http://bolatrips.tumblr.com/

 

Vamos caminando con las miradas clavadas en las sombras.

El día fue completo; destacaron el huevo con tortilla en la mañana y la guerrita de tomates por la tarde.

Pronto entraremos al colegio nuevamente; el verano se fue cuando apenas empezaba.

Vamos los tres primos caminando en cadencia; hemos mimetizado nuestros movimientos.

La torre de luz nos acompaña; siempre está ahí, incluso a esa hora de irse a bañar. Nos habla.

Repito sus nombres en mi mente: Esteban que a veces le dicen José; Chavo que a veces le dicen Juan.

La torre sigue hablando, ¿la escuchas? Nunca se calla.

Caminamos de ida y a veces de vuelta; ellos de ida, yo de vuelta. Ella sigue hablando.

La escucho y su tono monótono me recuerda la intensidad de esos años de inocencia.

Jueves ordinario: la apariencia

Va manejando el niño su bicicleta: se encorva demasiado y parece incómodo con su chamarra que se eleva sobre sus hombros. Su sonrisa contagia el juego que lleva en la mente. Pedalea con fuerza, sin embargo avanza lento. Tendrá ocho años, quizás nueve, no más. Pero sus movimientos son de un niño más pequeño. ¿Será que su postura lo hace ver torpe y lento?

// Salgo del salón. Traigo un poema recién escrito en la carpeta. Nadie sospecha que escribo. Apenas son unos primeros versos, pero los sostengo como mi tesoro más preciado. Los leeré después del entrenamiento. Saco las llaves de mi coche y nos metemos como podemos a los asientos. Siempre vamos más de los que podemos. Al futuro político lo metemos a la cajuela; ya no cabe y nuevamente le toca la peor parte. //

No le pega bien al balón: lo hace diferente. Por ello, el niño más hábil decide atacarlo sin miramientos para arrebatárselo y dirigirse solo a la portería. Pero el que parecía torpe saca un recurso de maestro y dribla con facilidad al que parecía el mejor. Levanta la mirada y avanza. Da un pase. Trota. El balón regresa a sus piés una y otra vez hasta que queda frente al portero. También el portero se equivoca en su apreciación. Y lo busca directamente. El niño alto y con movimientos toscos también lo dribla. Ya solo, toca el balón, con una torpeza aparente, pero mete gol.

// Me sientan al final del salón. Siempre parecí muy bien portado; y siempre busqué cumplir con esa apariencia. Algunas veces lo logré, pero otras más mi conducta desmintió la primera impresión. Me sorprende la catequista al decir que somos iluminados por el espíritu santo. “Lo que nos iluminan son las luces”, bromea mi compañero de banca y nuestras carcajadas son castigadas con una semana en el salón de niños pequeños. //

Sandra era además de hermosa muy inteligente. La mejor del salón. Lo mismo Dinorah, y Alexandra. Siempre creí (y creo) que inteligencia y belleza van de la mano. Todavía me cuesta mucho trabajo pensar en alguien hermoso o hermosa sin capacidad intelectual. ¿Por qué entonces hay una creencia contraria tan divulgada?

// Vivía en dos mundos: por las mañanas en el colegio particular, por la tardes en el equipo de fútbol americano con niños rudos. Buenos modales en las mañana, albures por las tardes; fue un vaivén entre: elegancia y humildad, estilo y autenticidad, saludo calculado y abrazo espontáneo, lejanía en el tiempo y estrechez intertemporal. Dos mundos que se pierden y se reconcilian día a día. Cabe señalar que todas las situaciones se presentaban en ambos mundos, pero cada uno reclamaba su identidad. //

Altanero y sabelotodo. Ése era el novio de una gran amiga. Una respuesta para todo y un gran sentido del humor que atraía multitudes. Pero si alguien osaba acercarse un poco más, repelía el atrevmiento con lanzas llenas de sarcasmo y burla. Unos cuantos lo conocíamos cómo era en realidad: no sabía todo y sí tenía un corazón generoso. ¿Por qué esconderse? ¿Por qué ponerse máscaras? ¿Dónde lo aprendió? ¿De quién?

// En una reunión del equipo de fútbol americano saqué mi poema. Lo leí sin pena. Sin respuesta lo guardé. Nunca más lo saqué. Nunca más se habló del tema. Fue embarazoso para ambas partes: para el poeta y para el que jugaba de quarter-back. A veces aparece el recuerdo, sobretodo cuando estoy a punto de opinar o de escribir algo que podría no coincidir con lo que algunos opinan de mí: como entregar por escrito una felicitación a algún directivo. Sobra señalar que siempre lo hago. ¿Debo o debí quedarme callado? Creo que no. //

La consultora esboza una sonrisa ante una opinión atrevida del grupo y baja la mirada. Parece tímida. Viene a desarrollar habilidades de equipo en ese grupo talentoso lleno de individuos complicados. Se levanta con dificultad y sus ojos pequeños reflejan una inseguridad abandonada en su adolescencia. De pronto, con soltura y contundencia en su manejo del grupo, Liz logra una conjunción tal que los otrora espíritus individualistas colaboran y cooperan convencidos y sin miramientos. Pero de inicio, ni uno solo de ellos le había dado el beneficio de la duda. Todavía, unos días después y con los hábitos instalados en el grupo sin la presencia de Liz, uno que otro se atrevía tímidamente a mostrarse egoísta; pero el grupo aplastaba esa conducta y lo canalizaba hacia la generosidad.

// Escribo para el periódico del Tec. Soy optimista respecto al futuro de la economía mexicana. Estamos a principios de 1997. Me critican la ceguera y la falta de crítica a las políticas neoclásicos del gobierno. Parece una escena surrealista, pues los profesores son neokenesianos del Colegio de México y han invadido a quienes buscábamos la libertad económica. Uno de ellos, que parece más sensato, años después será Director de Finanzas del Gobierno del DF. Su pequeña aventura le quitará credibilidad entre la estirpe académica; y entre sus ex alumnos. //

No es lo mismo ser inteligente que ser listo, dice reiteradamente mi padre. Rememora a ciertos personajes de Banxico que con su astucia política avanzaron escaños, pero nunca comprendieron la misión de la Institución y por tanto no aportaron lo que debieron. Dice que no hay que confundir magnesia con gimnasia; es decir que el listo no necesariamente es inteligente: que el primero es rápido al asociar ideas y dar respuestas, pero que no necesariamente son las mejores respuestas; el inteligente, en contraste, puede no ser tan ágil, pero su pensamiento reflexivo y su profundidad le permitirán accionar las mejores soluciones. En este sentido, sería mejor ser inteligente que listo. ¡Claro!, siempre será mejor ser ser las dos cosas, ¿no?

// Años después comprendo que no vivo en dos mundos, sino en más. Pero por alguna extraña razón la dicotomía se me ha dado con facilidad. En la oficina no saben ubicarme como de ventas o como de riesgos; como estratega o como ejecutor; como frío y calculador o como apasionado y terco. Todavía encuentro personas que se sorprenden por mi afición a la escritura y me ven con mayor naturalidad cuando comento sobre la NFL. Unos que me han conocido de toda la vida sé que prefieren algunas de mis aficiones y odian otras. Sigo buscando conciliar diariamente mis mundos. Y lo logro, aunque sea parcialmente; ¿alguien podría conciliarse por completo? //

Vamos cerrando.

¿Qué nos motiva a calificar a las personas y a nosotros mismos en términos duales? Bueno o malo; superficial o profundo; extrovertido o introvertido; bello o feo; hábil o torpe … ¿Cómo limita nuestra mente este hábito, este vicio? ¿Estaremos atrapados en una novela mediocre de televisión? ¿Cómo fue que nos pusimos esas cadenas?

¿Cuántas veces al día emites un juicio sobre una persona o una situación sin detenerte a considerarlo un poco? ¿Es verdad esa creencia de que las apariencias rigen en realidad nuestras vidas? ¿Tenemos que conformarnos con la idea de que las reglas que aplicaron en la secundaria y en la preparatoria son las mismas que determinan la convivencia diaria de la sociedad? ¿Somos en verdad tan superficiales como aparentamos? Porque nuestros hechos parecieran sugerir que sí, ¿no? ¿Qué opinas?

Jueves ordinario: rompiendo el silencio del poeta

Después de unos meses, rompo con mi silencio. Es por indignación y también porque nunca he podido permanecer demasiado tiempo callado.

Cambia la perspectiva cuando uno deja de hablar, de escribir. Escuchar activamente ininterrumpidamente desarrolla una visión diferente y también extraña. Pasan momentos en los que no interactuar nos lleva a un estado de aceptación y de resignación. No hablar, no actuar o voltear la cara nos hace cómplices de nuestro entorno: positivo o negativo, apasionante o insoportable, colorido o grisáceo … Por ello, ninguna persona debe pasar demasiado tiempo sin manifestarse, ya sea con la palabra o el suspiro, ya sea con la acción desbordante o la jugada sigilosa. No vinimos aquí para pasar inadvertidos intencionalmente, ni para escondernos, ni para ignorarnos. Nuestra misión como seres humanos se consuma con la aportación pequeña o grande a nuestra sociedad. Debemos perseguirlo según elijamos, pero debemos hacerlo. Callar es probablemente la peor actitud que uno podría tomar, sobretodo cuando nuestro entorno se deteriora con tanta rapidez.

Me uno a la indignación del poeta Javier Sicilia; me sumo a su reclamo dirigido a los políticos y a los criminales por el ambiente que estamos viviendo en este tiempo, que es nuestro tiempo, dicho sea de paso. El poeta Sicilia ha sido la voz en esta semana de decenas de miles de padres que han perdido a sus hijos en esta guerra que se ha extendido a la sociedad civil. Guerra que nos invade poco a poco y -si seguimos callados- nos carcomerá hasta consumirnos.

Pero el reclamo no puede quedarse sólo con los políticos y los criminales, pues ello asumiría que tienen conciencia de las consecuencias de sus actos y que toman decisiones considerando el bienestar y malestar de la sociedad civil. No la tienen. Son ciegos a nuestros padecimientos y los juzgan como males menores colaterales justificados por un ideal de mayor nivel. Debemos sentirnos indignados también por nosotros en tanto que somos una sociedad civil apática e infantil. Los niños, al cubrirse los ojos, imaginan que -al destapar su vista- el panorama se habrá resuelto; aunque, con base en su experiencia, aprenden que no sucede lo que ingenuamente pretendían. Nuestra apatía, sin embargo, está atrapada en círculo vicioso: entre menos nos involucramos con los asuntos del país, menos responsables nos sentimos por sus resultados. Volteamos la cara, encojemos los hombros y calladamente culpamos al gobierno y a los políticos por nuestra desventura. Esa actitud nos llevará a una degradación alarmante de nuestra sociedad; lo peor, es que -sin quererlo y tal vez sin saberlo- somos cómplices de ello.

Para cambiar el rumbo, debemos romper nuestro silencio. Hay que iniciar con impulsar nuestro espíritu, cambiando el estado de ánimo que embarga a la mayoría. Nuestra estrategia debe ser con acciones sigilosas, nada pirotécnicas y con gran disciplina. Poco a poco, para que los cambios sean perdurables: en la sobremesa, con la opinión en Facebook y Twitter, con la reflexión compartida de nuestra pareja, con el alejamiento consciente de los dogmas partidistas. En acciones, el cambio inicia con pequeñas actitudes, como respetar el sentido de la calle y las luces de los semáforos, con una intención consciente de que poco a poco nuestros hábitos vayan evolucionando. De este lado de la mesa, nuestras armas efectivas consisten en cambiar hábitos, no en la violencia ni en organizar movilizaciones masivas. Somos nosotros.

Rompamos el silencio. Tenemos la gran oportunidad de que nuestra generación rompa con un arraigo de apatía y desesperanza; aunque también existe la opción de no hacer nada y pretender que alguien más cambie la situación. ¿Qué elegiremos?

Por lo pronto, con acciones sigilosas, contribuyamos a que el poeta (que todos llevamos dentro) no pierda su aliento y continúe persiguiendo la misión para la que ha venido.