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Jueves Ordinario | Elecciones 2012: Libertad para la acción

En las vísperas de las elecciones de 1988, mis abuelos maternos cumplieron 50 años de matrimonio. Para festejar la gran ocasión se organizó una reunión al estilo de mi abuelo José López -ex futbolista profesional y empresario de la industria del calzado. Pero antes se celebró una misa a la que asistimos solamente los familiares cercanos. Al terminar el acto religioso tuvo lugar una plática que nunca olvidaré. Compartíamos nuestros preferencias partidistas. “Yo voy a votar por Salinas”, señaló mi primo E de 19 años y lo secundó R de 20: “¿A poco hay otro?”. Y rieron. “Yo le voy a Cárdenas”, señalé sin chistar y advertí: “Los jóvenes estamos con el PRD: vamos a ganar. El país necesita un cambio. ¡Ojalá tuviera ya 18 años para votar por él!”. Mi papá y un par de tíos escuchaban la conversación muy atentamente sin decir nada. “¡Estás loco!”, espetó E y reprobó mi atrevimiento moviendo la cabeza de un lado al otro.

Tal vez por ello hace unas semanas que apareció el vídeo y se llevó a cabo la marcha del #MovimientoYoSoy132 no dudé en escribir un artículo en este espacio apoyando su derecho a manifestarse y su legítimo interés a impulsar un proceso democrático equitativo. Me identifiqué con ellos de inmediato; muchos lo hicimos: miles, cientos de miles, incluso varios millones sentimos hervir nuestra sangre y experimentamos una sensación de optimismo, de esperanza. Fue apenas hace unas semanas, aún así muchos han cambiado de opinión sobre este movimiento, empezando por algunos de sus líderes, incluso antes de la elección.

El grupo estudiantil se encuentra en una encrucijada. Hay dos caminos principales que aunque no son excluyentes sí generarán impactos muy distintos: a ellos en primera instancia y al país en segunda. ¿Las calles y la violencia o las instituciones y el diálogo? Revisemos rápidamente cada camino.

1. Las calles.

  • Hace seis años el grupo más reaccionario del PRD eligió esta opción. Hicieron un plantón en la avenida Reforma por varios meses con dos principales resultados, ambos negativos y contrarios a lo que se buscaba: el TRIFE confirmó el resultado del PREP y recibieron el repudio de la mayoría de la sociedad, incluso de quienes los apoyaron al principio.
  • Ya empezaron las movilizaciones y el argumento parece ser el mismo: fraude, voto por voto – casilla por casilla, manipulación por “los de arriba” y los medios.
    ¿Qué se busca? Además de desahogar la decepción que produce la derrota y el sentirse engañados, ¿qué más se está buscando? ¿Que se cambie el resultado? ¿Que se repita la elección? ¿Un golpe de estado?
  • Es comprensible que la energía y la pasión de la juventud radicalice la postura de los seres humanos. Es comprensible y siempre en la historia de la humanidad ha sido necesario para que se produzcan las grandes transformaciones sociales y políticas.
  • Nuevamente la pregunta: ¿cuál es el objetivo de salir a las calles y amenazar con violentarse? Ayer leía en mi TL de twitter cómo se alentaba a ir a las oficinas del IFE y solidarizarse con jóvenes que estaban siendo golpeados por la policía.
  • Si el gobierno federal logra calmar los ánimos sin violencia el pronóstico es que las manifestaciones y los eventuales plantones irán perdiendo fuerza, tal y como sucedió hace 6 años. Por cierto que es el escenario que no derramará sangre y en términos de orden público es el más deseable.
  • Si hay una combinación de violencia del movimiento con un ineptitud de la policía o el ejército podría presentarse algo que ningún (o casi ningún) mexicano quiere ver. Aún así, sería muy difícil que pasara a mayores. Hace dos años el tío de mi esposa (escritor y analista político, afin a la izquierda) advirtió: “Calderón no sacará al ejército de las calles. Lo necesita para no entregar el poder a quien no le convenga”.
  • El ejército mexicano lleva años realizando operativos en ciudades, lo que le ha permitido estar entrenado en labores de contención y minimización de bajas civiles. Por ello la probabilidad de que existan eventos indeseables dignos de notas internacionales parece muy baja.
  • Lo que sí puede provocar es malestar, pues la mayoría de los mexicanos tenemos que trabajar para sobrevivir; y para ello se requiere orden público y vías de comunicación abiertas.
  • Así, el camino de las calles podría sintetizarse en dos puntos: alto malestar y bajo impacto. Es decir se traduciría en repudio social al movimiento estudiantil y sus objetivos iniciales no se cumplirán.

2. Las instituciones

  • Mi prima, un colega de trabajo y varios amigos fueron funcionarios de casilla. Tuvieron la precaución y el tino de tomar una foto al acta electoral de la casilla que refleja el resultado y los votos. También han contrastado los datos con los del PREP y en ningún caso cercano ha habido diferencias significativas que puedan explicar 3 millones de votos de diferencia. Sé que hay varias personas que señalan que sí ha habido diferencias importantes en otras casillas; incluso ayer vi un tweet que denunciaba no sólo diferencias, sino casos en donde habían votado más personas de las que hay en el padrón. Todo esto hay que denunciarlo para que las autoridades lo sancionen. Qué bueno que se haga. Sin duda aprovechar la tecnología y la gran comunidad de redes sociales digitales ha sido un factor fundamental para vigilar el proceso. La transparencia empieza a emerger en nuestra sociedad de manera natural.
  • Exigir al IFE transparencia es nuestro derecho y también nuestra obligación. Con los mecanismos de este instituto deberán desahogarse las denuncias y al final éste debe brindar una rendición de cuentas completa del proceso a satisfacción de los ciudadanos. Para eso les pagamos miles de millones de pesos. Para que organicen elecciones equitativas y apegadas a la ley. Acá el único asunto es que los consejeros del IFE son seleccionados a conveniencia de los partidos. No hemos logrado que sean cien por ciento ciudadanos. Lo que sí se logró es que todos y cada uno de ellos, sobre todo los magistrados del TRIFE fueran aprobados por las tres grandes fuerzas políticas. Es decir, ya hay un mecanismo para resolver inconformidades.
  • Para el movimiento estudiantil elegir este camino no significa renunciar a sus ideales o a sus intereses genuinos de equidad. Al contrario. Elegir este camino y aprender la manera de desahogar nuestros intereses a través de instituciones nos pondrá en un estado mucho más avanzado: desarrollaremos habilidades de diálogo y de negociación entre partes en conflicto -que por cierto es algo muy común en cualquier democracia.
  • Sin embargo, este camino no es el más atractivo para muchos de los jóvenes; en cierta manera es comprensible tener dudas sobre el funcionamiento efectivo de muchas de nuestras instituciones. Por muchos años, los esquemas institucionales (como el judicial) han sido burocráticos y la corrupción ha marcado -en muchos casos- el desahogo y las decisiones. Nos hemos ganado a pulso que la sociedad tenga suspicacia sobre el desempeño de las instituciones; hay evidencia de ello.
  • Acá el factor clave es identificar si el IFE califica como una institución corrupta y poco moderna. Todo indica que no es así. No solo se ha apoyado en tecnología de punta, sino en la parte más confiable de la sociedad: los ciudadanos; nosotros ejecutamos el proceso, desde el respeto por las reglas más simples hasta el conteo de votos y las firma y entrega de actas.
  • Elegir este camino tendrá mucho mayor impacto, tanto en el corto plazo -al evidenciar las irregularidades y determinar si fueron suficientes como para pedir una anulación de la elección- como en el mediano y largo plazos -al establecer un parteaguas en la resolución de los asuntos públicos del país. El aprendizaje y la lección para la sociedad y para los políticos transformará efectivamente al país. No hay duda. Casi sobra señalar que esta vía cuenta con la simpatía de la mayoría de los ciudadanos.
  • En síntesis, este camino tendrá alto impacto en la vida pública del país y además gozará de tal aceptación que la sociedad recordará como un punto de inflexión lo que un día empezó en la Ibero como una protesta de 132 estudiantes universitarios. Es decir, alto impacto y alta aceptación.

Utilizando los argumentos anteriores pareciera muy claro que el segundo camino supera al primero en todos los sentidos. Aunado a ello el primero no está siendo apoyado por la mayoría de los jóvenes del #MovimientoYoSoy132 pero eso no impedirá que un grupo de ellos siga radicalizándose y busque conseguir en las calles lo que aparentemente no se logró en las urnas; con gritos lo que puede turnarse en los procesos institucionales; con amenazas y consignas lo que se gana con propuestas e iniciativas. Aún así están en todo su derecho de manifestarse y de pensar que la mayoría de la población se equivocó. Mientras no violen los derechos individuales de terceros deben manifestar su inconformidad y hacer algo en consecuencia, preferentemente -ya lo he dicho, lo sé- de manera constructiva.

Una idea final. Nuestro país es joven y estamos aprendiendo a gobernarnos; el despertar de la juventud puede ser en ocasiones violento, pero bien encauzado será definitorio en la transformación del país; no hay duda: tenemos una gran oportunidad frente a nosotros. Económicamente vendrá lo que se conoce como el bono demográfico y para aprovechar esos 20 millones de jóvenes que se incorporarán en las siguientes décadas a la economía es necesario mejorar sustancialmente la manera en que dirimimos nuestros conflictos. La movilización de los jóvenes y el emblemático #YoSoy132 será recordado como un parte aguas social en el país y mejorará notablemente la vida de los futuros mexicanos; ése es mi pronóstico y por el bien nuestros hijos espero encarecidamente que se haga realidad. Los que no somos tan jóvenes a hacer nuestra chamba: trabajando día a día y dando un ejemplo de civilidad y respeto por lo que piensan los demás.

Jueves ordinario: rompiendo el silencio del poeta

Después de unos meses, rompo con mi silencio. Es por indignación y también porque nunca he podido permanecer demasiado tiempo callado.

Cambia la perspectiva cuando uno deja de hablar, de escribir. Escuchar activamente ininterrumpidamente desarrolla una visión diferente y también extraña. Pasan momentos en los que no interactuar nos lleva a un estado de aceptación y de resignación. No hablar, no actuar o voltear la cara nos hace cómplices de nuestro entorno: positivo o negativo, apasionante o insoportable, colorido o grisáceo … Por ello, ninguna persona debe pasar demasiado tiempo sin manifestarse, ya sea con la palabra o el suspiro, ya sea con la acción desbordante o la jugada sigilosa. No vinimos aquí para pasar inadvertidos intencionalmente, ni para escondernos, ni para ignorarnos. Nuestra misión como seres humanos se consuma con la aportación pequeña o grande a nuestra sociedad. Debemos perseguirlo según elijamos, pero debemos hacerlo. Callar es probablemente la peor actitud que uno podría tomar, sobretodo cuando nuestro entorno se deteriora con tanta rapidez.

Me uno a la indignación del poeta Javier Sicilia; me sumo a su reclamo dirigido a los políticos y a los criminales por el ambiente que estamos viviendo en este tiempo, que es nuestro tiempo, dicho sea de paso. El poeta Sicilia ha sido la voz en esta semana de decenas de miles de padres que han perdido a sus hijos en esta guerra que se ha extendido a la sociedad civil. Guerra que nos invade poco a poco y -si seguimos callados- nos carcomerá hasta consumirnos.

Pero el reclamo no puede quedarse sólo con los políticos y los criminales, pues ello asumiría que tienen conciencia de las consecuencias de sus actos y que toman decisiones considerando el bienestar y malestar de la sociedad civil. No la tienen. Son ciegos a nuestros padecimientos y los juzgan como males menores colaterales justificados por un ideal de mayor nivel. Debemos sentirnos indignados también por nosotros en tanto que somos una sociedad civil apática e infantil. Los niños, al cubrirse los ojos, imaginan que -al destapar su vista- el panorama se habrá resuelto; aunque, con base en su experiencia, aprenden que no sucede lo que ingenuamente pretendían. Nuestra apatía, sin embargo, está atrapada en círculo vicioso: entre menos nos involucramos con los asuntos del país, menos responsables nos sentimos por sus resultados. Volteamos la cara, encojemos los hombros y calladamente culpamos al gobierno y a los políticos por nuestra desventura. Esa actitud nos llevará a una degradación alarmante de nuestra sociedad; lo peor, es que -sin quererlo y tal vez sin saberlo- somos cómplices de ello.

Para cambiar el rumbo, debemos romper nuestro silencio. Hay que iniciar con impulsar nuestro espíritu, cambiando el estado de ánimo que embarga a la mayoría. Nuestra estrategia debe ser con acciones sigilosas, nada pirotécnicas y con gran disciplina. Poco a poco, para que los cambios sean perdurables: en la sobremesa, con la opinión en Facebook y Twitter, con la reflexión compartida de nuestra pareja, con el alejamiento consciente de los dogmas partidistas. En acciones, el cambio inicia con pequeñas actitudes, como respetar el sentido de la calle y las luces de los semáforos, con una intención consciente de que poco a poco nuestros hábitos vayan evolucionando. De este lado de la mesa, nuestras armas efectivas consisten en cambiar hábitos, no en la violencia ni en organizar movilizaciones masivas. Somos nosotros.

Rompamos el silencio. Tenemos la gran oportunidad de que nuestra generación rompa con un arraigo de apatía y desesperanza; aunque también existe la opción de no hacer nada y pretender que alguien más cambie la situación. ¿Qué elegiremos?

Por lo pronto, con acciones sigilosas, contribuyamos a que el poeta (que todos llevamos dentro) no pierda su aliento y continúe persiguiendo la misión para la que ha venido.

Jueves ordinario: ¿quién dejó salir a los perros?

La reflexión del día de hoy es breve y centrada alrededor de la visión de los economistas de latinoamérica de Credit Suisse (CS), publicada el día de hoy. En su opinión, la escalada del crimen organizado es una amenza para la consolidación de la recuperación económica del país.

En su artículo Mexico: Who let the dogs out? señalan con gran desesperanza:

… three months ago, we wrote that organized crime was defying the state more openly than ever before. Sadly, it is our perception that this problem has worsened materially since then. Who let the dogs out?

Enlisto a continuación los principales puntos publicados del prestigiado Banco Suizo y un comentario en color azul:

  • Los problemas del crimen van más allá de los asesinatos reportados diariamente. Ya no puede aceptarse que los crímenes son entre cárteles de la droga, pues hay una oleada de secuestros, extorsiones y violación a los derechos de propiedad. Aunque no se ha cuantificado el impacto en la economía, los especialistas del banco europeo afirman que es un hecho que el costo de hacer negocios en México se ha incrementado. // Debemos entender que el principal problema del país es la inseguridad y aunque existimos millones de mexicanos optimistas, trabajando diario y con ilusión, debe resolverse este problema con la mayor prioridad. 
  • El gobieno debe apegarse a su estrategia. Continúa el reporte señalando que no le queda otra a Felipe Calderón que continuar combatiendo al crimen organizado. Que tiene un inesperado 55% de aprobación de la población y que habría que aprovechar esa situación para pedir una ayuda explícita de Estados Unidos, además de profundizar en políticas sociales de salud y seguridad. // Me parece que en este punto tanto el análisis como la recomendación del CS es superficial y tibia.
  • El crimen ha impactado negativamente en varios aspectos. Señalan que el principal es la falta de inversión, medida por la inversión fija bruta. // No está claro que el crimen sea el principal factor; pareciera que está más asociado con la debilidad del consumo interno.
  • No hay diferenciación en el crecimiento de los estados del norte, ni en los mercados financieros ni en las expectativas de crecimiento. // De una manera muy extraña el artículo comenta en tres párrafos seguidos que no hay impactos visibles del crimen ni en las economías regionales, ni en los mercados cambiarios y que las expectativas de crecimiento siguen siendo favorables para el segundo semestre del año. ¿Entonces dónde está el argumento de los perros relacionado con los números?

Podrán observar algo similar en las expectativas siguientes del artículo; la verdad es que no redondean su idea inicial: y el título que atrapa, acaba por decepcionar: por tibio y por falta de evidencia numérica.

Rematan con algunos datos en gráficas sobre el crimen:

  • Se ha incrementado la percepción de violencia en el país
  • Ha habido más crímenes
  • Más detenidos
  • Y más confiscaciones de dinero …

Es decir, el artículo critica y alerta, pero sin fuerza. Y también le da una palmadita al Presidente, señalando que su popularidad es alta y su estrategia correcta.

No estoy seguro que esta sea la crítica que requiera el país para mejorar.

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Video al margen para animar este jueves que ya se me hizo viernes 

Jueves ordinario: la posibilidad

Tenía 11 años cuando murió mi abuelo Luis. Fue la primera persona cercana que moría. La impresión fue tal que no sabía si llorar o enojarme. Un cúmulo de emociones me invadió los primeros días y pregunté todo lo que se me ocurría acerca de la muerte. Y no quedé satisfecho.

Unas semanas después, al estar sentado frente al cuadro de mi abuelo, encontré una posibilidad a ese enigma que con tanta sorpresa me había tomado. El razonamiento más o menos era el siguiente: existían dos Yos, uno –el triste- ahí sentado, lidiando con una muerte indeseada e inesperada. Otro –el de siempre- jugando con mis primos sin preocupaciones.

Este pensamiento aliviaba mi dolor, pues daba paso a una posibilidad donde no estaba sufriendo en algún espacio o tiempo. Y eso –por sí solo- me permitía (y permitió) enfrentar la impotencia que me inundaba al imaginar que nunca más vería a mi abuelo. Ni sus ojos tristes, ni su sombrero sobre el perchero. Tampoco su caminar pausado, ni su voz suave y llena de sabiduría.

Unos años después, la noche anterior a una excursión, me deleitaba al pensar que el Yo de las vacaciones iba a aparecer por una semana. ¡Qué felicidad! Ese Yo (por cierto) siempre me ha caído bien. Y ahí –en mi recámara- se quedaría el otro, el Yo del colegio y de las tareas. “No te extrañaré”, me decía con una leve sonrisa.

La existencia de la posibilidad siempre ha ocupado mi mente. Como inicio natural de sueños y también como reflexión analítica de realidades perdidas. Cuando estudiaba en el Tec (en los 1990s) escribí unas líneas que nombré “Duda”. La idea central se basaba en la capacidad de tener el control de las posibilidades (de todas ellas). Ese control, sin embargo, sólo era posible en un punto específico de la decisión: previo a ejercer la libertad, pues una vez que eliges te atas al camino. Por ello, me resultaba muy atractivo permanecer en la “raya” que divide la duda de la gama infinita de posibilidades. En ese momento podía ser todo. Y nada a la vez.

Pues bien. En estas dos semanas se han tomado múltiples decisiones en la esfera pública (política y económica) y se han elegido caminos que impactarán en la vida privada de la sociedad. Como es natural, el ambiente se ha inundado de un cuestionamiento. Una duda (válida por sí sola) de si hemos seleccionado lo mejor, o cuando menos algo que beneficie al país y a sus habitantes. Algunos –incluso- se aventuran a decir que se seleccionó mal y se concentran en resaltar todos los perjuicios que acompañaran estas decisiones. Aparentemente, las recientes reformas (electoral y fiscal) tendrán un balance positivo en general para el país, sin embargo siempre existirá la duda (incluso la certidumbre) de que pudo hacerse algo mejor.

Siempre (en este caso político – económico y me parece que en todos los casos de la vida humana) existirá la duda de si lo que se ha elegido ha sido lo mejor. Y aún cuando los resultados sean positivos, cabrá el cuestionamiento y existirá la competencia de una posibilidad alterna que pudo ser más. La única certidumbre es que nunca lo sabremos.

Me imagino sentado frente al cuadro de mi abuelo, tratando de elegir cuál de los múltiples caminos es el que tomaré para ejercer mi derecho a la libertad. Exploro un par de opciones e imagino sus consecuencias. Y me regreso a la posibilidad de no elegir. Sacudo la cabeza. Y me veo elegir.

Regresando a la realidad del país. Es un hecho que el camino que se ha elegido no es el mejor. Puede ser –incluso- que ni siquiera esté dentro del “top ten” de las opciones que teníamos. Podemos “revolcarnos” en discusiones estériles sobre las múltiples posibilidades que existían para hacerlo o incluso convertirnos en profetas del fin del mundo, enalteciendo todos los defectos que de esta elección se derivarán. ¿Qué elegiremos, en lo personal y como grupo? ¿Qué tipo de hombre dominante existe en nuestra sociedad que contagiará a los demás para adoptar la actitud que asumiremos como grupo?

Una posibilidad es ese hombre derrotista, que se sumerge en su propia mediocridad y –paradójicamente- culpa a los demás de la falta de plenitud de su vida. Sus villanos favoritos son los políticos o los empresarios. Otra opción, es un hombre consciente de su entorno (y sus circunstancias) que a partir de ellas va construyendo el tipo de persona que desea ser. Tal vez lo logre o tal vez no. Pero seguro, en el camino, mostrará una actitud diferente, optimista y tal vez ingenua. ¿En cuál extremo nos vemos? Las posibilidades existen (y existirán todas las que queramos). ¿Por cuál estamos dispuestos a luchar?

Jueves ordinario: la indiferencia

Uno de los castigos más crueles que los niños pueden recibir es aquel que en mis años de primaria se llamaba “la ley del hielo”. En 1978, cuando cursaba primero de primaria, un grupo de niñas del Colegio Alemán dejó de hablarle a Silvia A. (una niña tímida que normalmente asistía a la escuela un tanto desarreglada). Me parece que todo inició como una broma (decían que olía feo), pero el tema fue creciendo a tal nivel que Silvia explotó en llanto unos días después y hubo que llamar a sus padres para que la consolaran. La reprimenda al salón entero a cargo de Frau Gaitán (mujer de voz potente y carácter fuerte) más o menos decía así: “¿Quiénes creen que son ustedes? ¿Quién les dijo que tienen el derecho de lastimar a una de sus compañeras, fingiendo que no existe? ¿En qué cabeza cabe?”. Y se tocaba -repetida y burlonamente- la cabeza con el dedo índice. Al año siguiente, Silvia ya no estaba en el colegio.

Pues bien. Que el PRD le quiere voltear la espalda al Presidente de México. El pasado 1° de septiembre los legisladores de este partido se salieron del Congreso para evitar cruzarse con Felipe Calderón, quien asistió atendiendo el mandato constitucional de entregar su Primer Informe de Gobierno. Asimismo, esta semana la ALDF (con mayoría del PRD) decidió no invitar al Presidente de México a la ceremonia del Primer Informe del Jefe de Gobierno del DF, Marcelo Ebrard.

Pareciera que -para el PRD- la existencia del Presidente es indiferente. Su estrategia para mostrarlo es ignorarlo a él y a las Instituciones del país. Tal vez piensan que si los ignoran, no existen. Recuerdo un libro de texto (también de la primaria) donde aparecía un niño revisando su mochila frente a la puerta de su casa. Buscaba su cuaderno de tareas, esperando que la nota de mala conducta ya no estuviera ahí. Nos reímos bastante en el salón al ver la expresión del niño cuando verificó que aún continuaba la mala nota. No fue suficiente desear que no existiera más.

En Economía hay un concepto de teoría de preferencias, basada en curvas de indiferencia. Básicamente sugiere que existen bienes o canastas de bienes que provocan una satisfacción equivalente. Por ejemplo, yo soy indiferente a un café de Starbucks que a uno de Krispy Kreme: me da lo mismo. Así, alguien puede ser indiferente entre comer dos hamburguesas o comer una pizza. Algunos incluso son indiferentes entre ver la televisión o ir al cine, o dormir. Es decir, existen cosas (tangibles o no) que nos brindan el mismo valor de satisfacción y normalmente son fácilmente sustituibles.

Sin embargo, la indiferencia entre personas o relaciones humanas usualmente envía una señal contraria. Es decir, finjo que me eres indiferente para provocarte una reacción. Como el grupo de niñas que aplican la “ley del hielo”: tú no existes para nosotras y sabemos (de antemano) que eso te hará sufrir. ¿Esa será la intención del PRD: hacer sufrir al Presidente de tal manera que no se inscriba al segundo año de su Gobierno?

Podría parecer un chiste, pero no lo es. Efectivamente, lo que busca el PRD liderado por su personaje mesiánico López Obrador es que Felipe Calderón abdique a su posición. Claramente la finalidad es dar un golpe de estado. Para ello, utilizan todas las tácticas posibles para descalificar (y restar legitimidad) a las Instituciones del país, desde las entrevistas de banqueta cotidianas (con frases como espurio y usurpador) hasta acuerdos formales en asambleas del partido y comportamientos de grupo para mostrar su repudio. Con el más grande castigo jamás conocido por el mundo infantil: la indiferencia.

La sociedad civil, por su parte, está destinada a tomar una posición determinante para el futuro del país. Si mostramos indiferencia al entorno político, podríamos vernos sorprendidos por una turba de barbajanes tratando de ultrajar el poder legítimo. Es por ello que no podemos darnos el lujo de ignorar a esta pléyade de individuos primitivos. Es necesario denunciarlos, evidenciar sus intereses mezquinos y con el mismo esmero del misionero hacer conscientes a quienes todavía creen en estos señores que son un mal para el país, pues representan el origen de nuestro subdesarrollo y son el principal obstáculo de progreso y bienestar para la población.

No podemos aplicarle la “ley del hielo” a la política. Ni ser indiferentes a las declaraciones de los personajes públicos. Podemos no estar de acuerdo con su ideología o su manera de conducirse, pero eso no implica que dejemos de verlos, de saber que existen. Como ciudadanos, debemos salvaguardar el sentido común, exigir cuentas a los funcionarios públicos, votar en las elecciones y alzar la voz cuando nos parezca conveniente. Así, hasta que dejen de insultar a la inteligencia humana. Y aún en ese momento, habrá que seguirlos vigilando, pues se seguirán inscribiendo año tras año a las elecciones, buscando posicionar sus intereses sobre los de la nación.

Jueves ordinario: la ambición

Cuando era niño, mi papá me llevaba al béisbol al parque del Seguro Social, casi siempre a ver a los Diablos Rojos del México. En una de las tantas ocasiones que jugaban contra los Tigres, cuando Ramón Hernández fue sacado out después de un roletazo a la tercera base, mi papá se levantó emocionado (del coraje) y le gritó: “¡Te falta hambre Abulón!”. Recuerdo que en una jugada posterior, muy similar, un pelotero dominicano de los Tigres llegó safe a primera. “Ese sí tiene ambición”, me dijo -con las palmas de las manos hacia arriba y los dedos ligeramente doblados.

De acuerdo con el gran filósofo español José Ortega y Gasset, famoso por la profundidad de sus ideas y sobretodo por la claridad y sencillez con que las exponía, la humanidad se divide en dos tipos: en una minoría calificada y en la masa ordinaria. La primera, caracterizada por la exigencia que se impone a si misma, puede alcanzar grandes logros, pues sabe que puede y quiere aportar más. La segunda, mediocre por naturaleza y miope en sus capacidades, se conforma con lo que es: una boya a la deriva.

Pues bien, esta semana se ha inaugurado el casino más grande del mundo: “The Venetian Macao”, ubicado en la costa sur de China, en Macao. Isla que desde 1999 es una de las dos regiones administrativas especiales de este país (la otra es Hong Kong). La inversión en la construcción y equipamiento del hotel fue de 2 mil 400 millones de dólares y es parte de un conglomerado turístico y comercial que recibirá más de 10 mil millones de dólares en los próximos años. Se edificarán 14 hoteles más, un área comercial, un centro de convenciones y un pabellón polideportivo.

Es un hecho que China ha sabido capitalizar muy bien la inversión extranjera con reformas a su sistema político y económico. Ha logrado aprovechar la economía global e insertarse como uno de los principales jugadores. La apertura de este hotel (réplica del Venetian ubicado en Las Vegas) es sólo un ejemplo de lo que actualmente sucede en este país asiático. China ha registrado tasas de crecimiento en su PIB superiores al 10% por más de 5 años y está combatiendo de frente a la pobreza. Aunque sus políticos insisten en que su país es y seguirá siendo comunista, su política económica es congruente con las bondades del libre mercado. Tienen ambición y saben cómo canalizarla. Aunque su ideología milenaria pareciera ser antagonista al capitalismo occidental, han sido capaces de transformarse desde el centro de su sociedad.

También esta semana, Nicolás Sarkozy (presidente francés) ha propuesto la integración de un nuevo grupo de países, el Grupo de los Trece (G13) en reemplazo del actual G7 (integrado por las 7 naciones más industrializadas del mundo). Esto implicaría la inclusión de Brasil, India, China, Sudáfrica y México. Este nuevo grupo integraría además un consejo de seguridad de la ONU ampliado. Francia está apostando por un mayor equilibrio mundial y busca incluir a países que considera que tienen peso en el ámbito económico y también en el político. Seguramente Sarkozy considera que estos 5 países tienen gran ambición con una sociedad consciente de sus capacidades y unos políticos enfocados a la aportación de valor. ¿Será?

Immanuel Kant, filósofo alemán del siglo XVIII, señaló que el hombre necesita de un ideal para poder avanzar. El ideal supremo es Dios y siempre representará la máxima aspiración del ser humano. Como cabe esperar de un filósofo cristiano, las virtudes van adelante y los deseos mundanos en la retaguardia. La ambición (entendida como el hambre de riquezas y poder), por tanto, es un pecado. Aunque la aspiración basada en valores es perfectamente válida, de hecho es una virtud. Es decir, la ideología cristiana (cuando menos con este gran pensador) permite y de hecho motiva el desarrollo personal.

En México, por la manera de comportarnos como sociedad –vista desde afuera como un todo – proyectamos falta de ambición. Necesaria para generar más riqueza y dejar atrás el subdesarrollo. Visión miope al no ser capaces de generar acuerdos y aprovechar las condiciones actuales de un mundo global, donde las oportunidades están para quienes las aproveche. En contraste, si el enfoque (a la sociedad mexicana) es desde adentro, podría decirse que el exceso de ambición de algunos políticos, empresarios, burócratas y en general de todos los integrantes de la sociedad es la causa de nuestra situación precaria. ¿Cuál enfoque es el correcto? ¿Nos falta o nos sobra ambición?

Hay ríos de tinta respecto a la ambición. La Real Academia de la Lengua la define, por ejemplo, como el “Deseo ardiente de conseguir poder, riquezas, dignidades o fama.” Ya en su frase la califica como irracional: deseo ardiente. Nos insinúa que moralmente es inaceptable. Y así también la calificaron algunos personajes de la historia:
– Voltaire: “En el desprecio de la ambición se encuentra uno de los principios esenciales de la felicidad sobre la tierra.”
– Oscar Wilde: “La ambición es el último refugio de todo fracaso.”
– Napoleón: “La ambición jamás se detiene, ni siquiera en la cima de la grandeza.”

Lo que no se dice (o cuando menos no es claro para muchos) es que sin ambición –sin ese deseo ardiente– no hay ni habrá progreso. Hay que empezar por el principio y así habría que hacerlo consciente entre los mexicanos. Requerimos un impulso como país, desde el centro de la sociedad, que nos despierte para sentir en cuerpo y alma hambre de ser exitosos. De correr y llegar a tiempo a primera base; de ganar y de no sentirnos culpables por ello.

Es necesario sembrar un deseo de triunfo personal y también colectivo. Desarrollar el hábito de ganar y de sentirnos orgullosos por los éxitos propios y también de los ajenos. Programarnos mentalmente desde nuestra niñez para aspirar a una situación superior y saber que es una obligación perseguirla. Para mejorar en lo material (claro!), así como en lo físico, intelectual y espiritual. Con el inconformismo en la mano, tener la necesidad de superarnos como personas y -con este avance individual- empujar a nuestra sociedad a un nivel más alto. Incluso a los políticos y a los deportistas que tanto nos decepcionan y nos hacen sufrir.

Una vez que lleguemos al nivel donde la ambición sea excesiva -que desbordemos en lo individual y en lo colectivo una insaciabilidad por aprender más, por aportar ilimitadamente y por exigir en consecuencia más beneficios- tal vez sea tiempo de plantear el dilema moral que (en teoría) carga consigo este deseo ardiente. Tal vez en ese momento estemos en condiciones reales de discutirlo y de tratar de ponerle límite. Y aún así habría que cuestionarlo. Habremos muchos que defenderemos este derecho que por su condición natural de supervivencia humana se convierte en una obligación: en nuestra exigencia que nos impulsa a despertarnos todos los días.

Jueves ordinario: el diálogo

Los niños aprenden a lanzar antes que a caminar. Sin embargo, para atrapar (una pelota o un balón) pueden tardar años. Mi hijo de 5 años tiene gran habilidad para lanzar desde que tenía meses, pero apenas empieza a cachar mejor el balón: el fin de semana pasado pudo ya completar más pases que los que dejó caer.

Análogamente, los seres humanos aprendemos a hablar (y no me refiero a imitar el sonido, sino al acto de transmitir un mensaje) antes que a escuchar. Lo primero, así como lanzar, lo dominamos en los primeros años (incluso meses si consideramos que a través del llanto ya estamos enviando un mensaje). Pero para lo segundo pueden pasar años o incluso nunca dominar adecuadamente esta cualidad. La carencia generalizada de esta virtud es causa de uno de los principales reclamos de las relaciones humanas: “¡No me escuchas!” o “¡Déjame hablar!” que por cierto no es lo mismo.

Pues bien. Que el PRD no quiere dialogar con el Presidente de México. No al debate en el formato propuesto para el Informe Presidencial del 1° de septiembre de 2007. Ni siquiera están dispuestos a aprovechar la oportunidad que tanto reclamaron muchos años de querer y poder “decirle sus verdades”: hablarle. El mensaje que envían es muy claro: no quieren escuchar al Presidente. Lo que es además un acto previo (de negación por supuesto) de la habilidad que todavía no sabemos si tienen: si es que pueden escucharlo.

“Ni los veo ni los oigo”, fue una frase que acuñó el entonces Presidente Carlos Salinas de Gortari. Se refería precisamente a los perredistas. Él no quería escucharlos. Nunca supimos si hubiera podido hacerlo. Se fue el sexenio entre la estela del corporativismo, donde el PRI seguía siendo mayoría en las Cámaras. Es decir, no era necesario dialogar, negociar. En el año 2000 acabaron siete décadas de este estilo de hacer política: sin diálogo. Con el tlatoani sexenal revelando la luz.

¿Qué tan arraigada tenemos esta costumbre ideológica de ni siquiera querer escuchar? En la sociedad, por ejemplo, sin la política. ¿Cómo fluyen nuestros diálogos? Me parece que normalmente son turnos para hablar, más que una genuina comunicación. Escuchamos a veces (si es que nos conviene el tema) y de manera selectiva entre las personas. ¿A cuántas personas no descalificamos por prejuicio? Decimos que no (en la mente y hasta con la cabeza) sin siquiera dar la oportunidad de terminar la idea o la propuesta que está intentando esgrimir. Muchas veces sustituimos el turno de escuchar (cuando nuestro interlocutor habla) para ir construyendo nuestro próximo argumento.

Si tratamos de ir a los orígenes de esta deficiencia que tenemos tan bien desarrollada, podríamos revisar las materias de la escuela sobre el proceso de comunicación. Énfasis en escribir, también en leer (que es una forma de escuchar, pero que en el país el índice es de una población analfabeta funcional); también énfasis en el hablar (en público o en la natural relación uno a uno de preguntas y respuestas del profesor). ¡Pero escuchar! ¿Alguien recuerda una materia dedicada a escuchar? Salvo los diagramas del proceso de comunicación, no recuerdo haber tenido una asignatura donde nos dedicáramos a desarrollar cualidad tan necesaria: escuchar.

Menudo problema tenemos frente a nosotros como sociedad. Pues no leemos y tampoco escuchamos. Hemos truncado el proceso de comunicación. Principalmente porque no queremos. No queremos leer (la inmensa mayoría sabemos hacerlo) y tampoco queremos escuchar. Negamos por ¿ignorancia? el proceso de conocimiento hegeliano, donde la tesis debe enfrentarse a su antítesis para generar una síntesis. Imposible si no nos detenemos a conocer a profundidad en qué consiste la tesis (por un lado) y en qué la antítesis (por el otro).

Así, con esta gran deficiencia en la sociedad (que siempre será primero que la política) enfrentamos retos fundamentales, donde el requisito indispensable es que dialoguemos y nos pongamos de acuerdo. Pero será muy difícil lograr avanzar si ni siquiera estamos dispuestos a escucharnos ni a leernos. ¿Cuándo lograremos desarrollar esta virtud si no la practicamos?

En la oficina, manejamos –de broma y en serio también- una analogía en este sentido. Cuando alguien está muy necio con un punto de vista, incluso con justificaciones que no suman, le decimos simplemente: “Saca la manopla”. Pues la imagen de cachar la pelota que lanzo (o me lanzas), indica que me (te) has (he) escuchado. La armonía de dos personas lanzando uno y atrapando el otro contrasta con la del bateador que golpea violentamente el lanzamiento del emisor. Te escucho (te atrapo) o no te escucho: te bateo.

Las reformas económicas y de estado saldrán más por consensos políticos (donde se intercambian intereses tangibles de poder) que por un genuino convencimiento de que es lo mejor para el país. Mientras tanto, circo y más circo. De un lado y del otro. Y en la sociedad (o mas bien, desde la sociedad) dormidos. Hablando y vociferando. Sin escuchar y lamentablemente sin leer.

Jueves ordinario: la suerte

¿Despierto yo en el mundo o el mundo despierta en mí? La diferencia, si bien sutil, es definitiva y definitoria para cada ser humano. Determina la participación que creo merecer y por tanto la responsabilidad que asumiré como ser de voluntad.

Así, si consideramos que despertamos en el mundo como uno más, nuestra vida se reducirá (o expandirá según se quiera decir) a aprovechar al máximo las condiciones existentes: maximización de utilidades en la teoría económica. Tal vez distinguiremos un par de tendencias y nos “subiremos a la ola”, pero difícilmente seremos revolucionarios en nuestras ideas, hacia adentro.

Si es el mundo el que despierta en nosotros, nuestra voluntad toma un papel esencial en nuestro recorrido. Podemos y debemos decidir acerca de qué tomar consciencia y en el inminente caso de que se nos acerque algo relevante (por fortuna o desdicha) seremos capaces de elevar el evento a nivel de consciencia. Pensándolo, viviéndolo y actuando en consecuencia. Para sufrirlo y gozarlo. Y para sentirnos responsables de las circunstancias, en la parte que nos corresponda.

Pues bien. Que el presidente venezolano Hugo Chávez envió el día de ayer a la Asamblea Nacional un anteproyecto de reformas a la Constitución de su país. Destaca la modificación al artículo 230 para que el “Presidente o Presidenta” pueda reelegirse inmediatamente después de terminar su periodo de 7 años. Y con descaro, el exgolpista señala: “es una posibilidad que depende de la decisión del pueblo soberano”.

También se crearían comunas y ciudades comunales como una transformación “novedosa” del mapa político. Además pide que se especifique en la Carta Magna que la economía es socialista. Y solicita poderes especiales para manejar a discreción las fuerzas militares con la intención incluso de organizar una guerra de resistencia.

El dictador venezolano (sumándome al sano hábito de llamar a las cosas por su nombre) enfatizó que diseñó esta reforma “pensando en el interés del pueblo”. El señor es un sinvergüenza que se burla de la inteligencia humana. Sin piedad. Su posición de poder –donde ha emulado y superado la estructura corporativista y clientelar que padecíamos en México hace unos años- le bloquea la poca luz que le llegaba aún antes de llegar a ese sitio. Además ya se ha corrompido (como ser humano) y está enfermo de ambición.

Para rematar esta ocurrencia que mucho mal le hace y le hará a su país y también al mundo, propone eliminar la autonomía del Banco Central. Es decir, entre otras cosas podrá llevar el nivel de oferta monetaria al nivel que se le antoje, esto es emitir billetes para crear una falsa sensación de bienestar económico. En el corto plazo, Venezuela y sus habitantes podrán disfrutar de estos beneficios, pero en el medio y largo plazos pagarán con intereses muy altos (esos que el mercado le cobra con saña al populismo) estas políticas inconscientes.

Le falta consciencia al mandatario venezolano, pues aparentemente (insisto aparentemente) no lo hace por maldad. Puede ser que incluso esté convencido que eso de la república bolivariana no sea una barbaridad y que efectivamente le represente un camino viable para mejorar la calidad de vida de su país. Y que la continuidad es fundamental para llevar a cabo este programa, por eso es esencial en su estrategia que pueda reelegirse hasta que muera. Carece de conocimientos económicos básicos y también de historia política racional. Esto o los ignora deliberadamente, pues está convencido de que su visión es revelada: lo ha iluminado alguna divinidad.

Es decir, su propuesta puesta en marcha ya desde hace unos años es un idealismo superior (en moral) lo que le permitirá evadir a la tediosa realidad por el simple hecho de desearlo. Se le ha revelado esta visión. De un ser superior quizá o de un libro idealista tal vez. No importa de dónde. El hecho es que ha decidido eliminar su capacidad de consciencia y autocrítica para darle paso a una voluntad absurda guiada por un sueño que ha probado mil veces en condiciones diferentes que no es posible. Ignora los factores que rondan el mundo del razonamiento y sobretodo el de la realidad.

Qué fortuna hemos tenido en México de que no llegara a la presidencia un hombre con características similares. Estuvo a punto, “era suya pero la dejó ir”, diría el comentarista de Fútbol. Por suerte. Por esas incomprensibles circunstancias que existen y que determinan la manera en que hoy el mundo ha despertado en mí, en nosotros.

Maquiavelo escribe en su famosa obra “El príncipe” que la fortuna contribuye con cuando menos la mitad de los factores, sin embargo invita a su mecenas a que se responsabilice del resto. Para no dejar todo en manos de la suerte.