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Martes Imaginario | Nostalgia en la ciudadela | Recordando en el olvido

Foto por Cecilia Hidalgo | twitter @bolinmx | http://bolatrips.tumblr.com/
 

Así te recuerdo. En pausa. Sin gente.

La mañana avanza y el rocío esconde el olor a nosotros.

El sueño nace con un movimiento nuevo que no parece circular

En esos momentos ni siquiera sospecho la repetición.

Espacio precioso de olvido.

Ignorancia temporal de lo que vendrá sin remedio.

Casi limpio.

Así te veo en mi mente cuando te pienso.

Recordando en el olvido. 

Martes imaginario | Movimiento triangular

Foto por Cecilia Hidalgo | twitter @bolinmx | http://bolatrips.tumblr.com/

 

Invítame, tápame. Mójame, enfríame.

Vas y vienes; voy y regreso; hacia tí, agua tibia.

Transitas sin pausa; te mueves lentamente; elegante y sútil, sombra de diciembre.

Divídanse y tomen sus espacios; siendo forma y dando cuerpo.

Triangulos e ilusiones, por separado. Uniones y fusiones, en un camino.

Tranquilízame, piérdeme. Agua de oleaje suave.

Acompáñame, muéstrame el tiempo. Sombra de pasar continuo.

Deténganse. Sólo un instante. Así, por siempre.

Martes imaginario | Fin de ciclo maya

Foto por Andrea Estrella | twitter @AnLoveStar | http://ojodual.tumblr.com/

 

El guía maya ríe ligeramente al explicar las inscripciones en la piedra: indican el cálculo del fin del ciclo maya.

¨No tiene nada que ver con la película y con lo que andan diciendo por ahí”.

Se llama Mauro. Al principio nos miró con recelo, pero poco a poco fue suavizando el trato.

“¿Qué significá Ha? ¿Y Kun?”

Fue probándonos; mi hijo contestó bien un par de preguntas.

“¡Qué bueno que sabes!”

La plática se la dirigió a él principalmente.

“Sólo hay dos dilinteles así: uno aquí en Cobá y otro en Guatemala”.

Orgulloso de sus predecesores, de su tierra, de su cultura milenaria.

“Todo empezó con los olmecas, después con los mayas; al final con los toltecas”.

Se queja de la falta de inversión por parte del INAH.

“Es una tristeza que vayan a desaparecer tantas inscripciones. Por la erosión”.

Esperan mucho turismo durante 2012. Por las inscripciones de la piedra.

“Los mayas no hemos desaparecido”.

Martes imaginario | Gigante | Reseña: sigue hablando

Foto por Cecilia Hidalgo | twitter @bolinmx | http://bolatrips.tumblr.com/

 

Vamos caminando con las miradas clavadas en las sombras.

El día fue completo; destacaron el huevo con tortilla en la mañana y la guerrita de tomates por la tarde.

Pronto entraremos al colegio nuevamente; el verano se fue cuando apenas empezaba.

Vamos los tres primos caminando en cadencia; hemos mimetizado nuestros movimientos.

La torre de luz nos acompaña; siempre está ahí, incluso a esa hora de irse a bañar. Nos habla.

Repito sus nombres en mi mente: Esteban que a veces le dicen José; Chavo que a veces le dicen Juan.

La torre sigue hablando, ¿la escuchas? Nunca se calla.

Caminamos de ida y a veces de vuelta; ellos de ida, yo de vuelta. Ella sigue hablando.

La escucho y su tono monótono me recuerda la intensidad de esos años de inocencia.

Martes imaginario | Serie Niquel | Reseña: Reflejo de identidad

Foto por Andrea Estrella | @AnLoveStar | http://ojodual.tumblr.com

 

Refléjame. Descúbreme. Ilumina lo que soy, lo que fui, lo que seré.

Hagamos una rueda a tu alrededor.

¡Qué entrada magistral de pueblos oaxaqueños!

Apenas unos minutos antes. Bailaron orgullosos, se mostraron.

Para ellos y y por ellos. Se vaciaron entre si.

Los demás los acompañamos. Les hicimos valla.

Después nos dispersamos. Afinamos el foco.

Alimentamos un bullicio respetuoso y nos mezclamos entre murmullos.

Refléjanos. Invítanos a ser parte de ti.

 

Paisaje con cable | Reseña: Horizontes

Foto por Cecilia Hidalgo | @bolinmx | http://bolatrips.tumblr.com/

Me quedo mirando por horas. Es del otro lado de la carretera. De ése donde uno puede soñar. Detrás no hay mucho, pues el ruido de los coches y los camiones aturde. Mejor así, de espaldas. Veo mi vida; y más. En capas. Cada una con sus cosas. Abajo, la cruda realidad: tierra sin vida; después la siembra, que nace. Unos árboles arriba reflejan lo próspero hasta que se hace montaña, la plenitud y la soberbia. Sigue el cielo con sus nubes que se esfuman con la vida; se diluyen con el viento. El cable es importante: no hay divinidad.

20 minutos

Fluyen como el agua en el río,
como los coches en la carretera,
como la gente que baja del metro,
o los colegas que salen de la oficina.

Fluyen sin cesar y a gran velocidad.
Se van irremediablemente.
Se me van y sé que no puedo impedirlo.
Como la vida.

“¿Cómo detener la muerte?”, me preguntaba ayer Bruno.
Después de racionalizar varias veces me dijo que mejor no habláramos.
Que era hora de dormir.
“Detengámosla aquí”, parecía decirme.
“¡Sí se puede!”

Siguen fluyendo.
Se van.
Se escapan.
Sin remedio.

20 minutos que empezaron a las 3:40 pm.
Que se terminan.
Que quise aprovechar escribiendo.
Simulando un recorrido.

¿Qué haces con 20 minutos?

A unos días de los 40

Llego con grandes aprendizajes. De esos que sólo pueden obtenerse a través de los errores. Incluyendo errores repetidos y obvios.

Llevo varias cicatrices en la cara y un par en el pecho. Marcas de una cirugía en el torso y múltiples rasgadas en las extremidades.

Mis músculos se recuperan continuamente; trato de cuidarlos (al igual que a mis huesos) para que el frío de mañana no sea muy doloroso.

Respiro profundo y encuentro esa fuerza de hace un par de décadas. Un suspiro exhala tiempos pasados llenos de energía e inconsciencia.

Por inexperiencia y por falta de claridad es que me he atrevido cientos de veces a lanzarme a conseguir momentos felices, plenos.

Cada vez he sacado provecho. Menos de los placeres fáciles e inmediatos y más de las quemaduras intensas y de las caídas inesperadas.

Presentes sumados que han venido construyendo algo más que una colección de historias.

Curvas discontinuas y contradictorias que unidas apenas por unos hilos de ilusión me conducen a ese mundo que no he podido imaginar.

Así llego. Con muchas experiencias, con más preguntas y con muy pocas respuestas.

Transitando por la certidumbre dogmática, rozando la nada y el egoísmo, animando la victoria cósmica, aceptando la incertidumbre.

Así llego. Con nuevas dudas y recordando a esa vieja compañera que me detenía al hombro más de dos décadas atrás.

Perdí el copete, pero mantengo la emoción en mi vientre. Y poco a poco mi mente se torna menos ansiosa.

Llego con la gratitud de estar sano y la voluntad de sentarme a reflexionar el pasado y a visualizar un futuro brillante que vendrá a mi encuentro.

Pero sobretodo vengo acompañado por personas maravillosas. Unas que ya han pasado por estos tiempos y otras más que vienen con esos ojos que me recuerdan momentos increíbles.

Jueves ordinario: rompiendo el silencio del poeta

Después de unos meses, rompo con mi silencio. Es por indignación y también porque nunca he podido permanecer demasiado tiempo callado.

Cambia la perspectiva cuando uno deja de hablar, de escribir. Escuchar activamente ininterrumpidamente desarrolla una visión diferente y también extraña. Pasan momentos en los que no interactuar nos lleva a un estado de aceptación y de resignación. No hablar, no actuar o voltear la cara nos hace cómplices de nuestro entorno: positivo o negativo, apasionante o insoportable, colorido o grisáceo … Por ello, ninguna persona debe pasar demasiado tiempo sin manifestarse, ya sea con la palabra o el suspiro, ya sea con la acción desbordante o la jugada sigilosa. No vinimos aquí para pasar inadvertidos intencionalmente, ni para escondernos, ni para ignorarnos. Nuestra misión como seres humanos se consuma con la aportación pequeña o grande a nuestra sociedad. Debemos perseguirlo según elijamos, pero debemos hacerlo. Callar es probablemente la peor actitud que uno podría tomar, sobretodo cuando nuestro entorno se deteriora con tanta rapidez.

Me uno a la indignación del poeta Javier Sicilia; me sumo a su reclamo dirigido a los políticos y a los criminales por el ambiente que estamos viviendo en este tiempo, que es nuestro tiempo, dicho sea de paso. El poeta Sicilia ha sido la voz en esta semana de decenas de miles de padres que han perdido a sus hijos en esta guerra que se ha extendido a la sociedad civil. Guerra que nos invade poco a poco y -si seguimos callados- nos carcomerá hasta consumirnos.

Pero el reclamo no puede quedarse sólo con los políticos y los criminales, pues ello asumiría que tienen conciencia de las consecuencias de sus actos y que toman decisiones considerando el bienestar y malestar de la sociedad civil. No la tienen. Son ciegos a nuestros padecimientos y los juzgan como males menores colaterales justificados por un ideal de mayor nivel. Debemos sentirnos indignados también por nosotros en tanto que somos una sociedad civil apática e infantil. Los niños, al cubrirse los ojos, imaginan que -al destapar su vista- el panorama se habrá resuelto; aunque, con base en su experiencia, aprenden que no sucede lo que ingenuamente pretendían. Nuestra apatía, sin embargo, está atrapada en círculo vicioso: entre menos nos involucramos con los asuntos del país, menos responsables nos sentimos por sus resultados. Volteamos la cara, encojemos los hombros y calladamente culpamos al gobierno y a los políticos por nuestra desventura. Esa actitud nos llevará a una degradación alarmante de nuestra sociedad; lo peor, es que -sin quererlo y tal vez sin saberlo- somos cómplices de ello.

Para cambiar el rumbo, debemos romper nuestro silencio. Hay que iniciar con impulsar nuestro espíritu, cambiando el estado de ánimo que embarga a la mayoría. Nuestra estrategia debe ser con acciones sigilosas, nada pirotécnicas y con gran disciplina. Poco a poco, para que los cambios sean perdurables: en la sobremesa, con la opinión en Facebook y Twitter, con la reflexión compartida de nuestra pareja, con el alejamiento consciente de los dogmas partidistas. En acciones, el cambio inicia con pequeñas actitudes, como respetar el sentido de la calle y las luces de los semáforos, con una intención consciente de que poco a poco nuestros hábitos vayan evolucionando. De este lado de la mesa, nuestras armas efectivas consisten en cambiar hábitos, no en la violencia ni en organizar movilizaciones masivas. Somos nosotros.

Rompamos el silencio. Tenemos la gran oportunidad de que nuestra generación rompa con un arraigo de apatía y desesperanza; aunque también existe la opción de no hacer nada y pretender que alguien más cambie la situación. ¿Qué elegiremos?

Por lo pronto, con acciones sigilosas, contribuyamos a que el poeta (que todos llevamos dentro) no pierda su aliento y continúe persiguiendo la misión para la que ha venido.