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Jueves ordinario | La actitud hace la diferencia | Jorge Carriles

Reflexión 142: “La actitud hace la diferencia”, Jorge Carriles

Este Jueves está dedicado al Coach Jorge Carriles. Fue un honor conocerlo y haber sido su jugador. Él fue el responsable, junto con el Coach Toño Álvarez, de que jugara la juvenil AA de 1989. En ese año quería dedicarme a disfrutar mi sexto año de bachillerato, pero él tenía otra idea en mente: bastaron un par de minutos para que cambiara los top siders por unos “tacos” y mi copete por un casco. Aprendí mucho en esa temporada; muchos aprendimos: desde el jóven Head Coach Agustín García hasta varios de los jugadores que nos sentíamos muy “guapos”. Lo volví a corroborar hace unas horas en Gayosso: existe una conexión intacta llena de confianza entre quienes jugamos en esa temporada; incluso con otros jugadores de categorías contiguas.

Más de veinte años después, mientras desayunábamos un sábado por la mañana de 2010, me compartió lo que significó para él ese grupo: “Nadie creía en nosotros, pero el equipo tenía algo: eso que caracteriza a los campeones”, señaló asomando una leve sonrisa en su comisura y remató: “ni siquiera había estrellas”. Ese equipo de 1989 confirmó lo que por décadas pregonó: que el trabajo en equipo y la actitud son lo factores más importantes para lograr el objetivo que nos trazamos como seres humanos.

Entre 2007 y 2010 mantuve una correspondencia nutrida con Jorge (como me permitió llamarlo en esos años) y en uno de esos correos me compartió la siguiente reflexión:

“No hay duda, buscamos trascender por todos los medios, consciente o inconscientemente, jubilosos o desencajados, sólo nosotros los humanos podemos darle sentido a esa palabra”.

Solamente agregaría que hay personas que logran ese cometido de trascender y de hacerlo con creces. Personas como el Coach Jorge Carriles Rubio. Descanza en paz, pero su alma sigue aquí con quienes tuvimos la fortuna de conocerlo y de ser tocados por su espíritu guerrero, por su voluntad inquebrantable, por su sabiduría llena de experiencia y de estudio contínuo.

 

Jueves Ordinario | Elecciones 2012: Libertad para la acción

En las vísperas de las elecciones de 1988, mis abuelos maternos cumplieron 50 años de matrimonio. Para festejar la gran ocasión se organizó una reunión al estilo de mi abuelo José López -ex futbolista profesional y empresario de la industria del calzado. Pero antes se celebró una misa a la que asistimos solamente los familiares cercanos. Al terminar el acto religioso tuvo lugar una plática que nunca olvidaré. Compartíamos nuestros preferencias partidistas. “Yo voy a votar por Salinas”, señaló mi primo E de 19 años y lo secundó R de 20: “¿A poco hay otro?”. Y rieron. “Yo le voy a Cárdenas”, señalé sin chistar y advertí: “Los jóvenes estamos con el PRD: vamos a ganar. El país necesita un cambio. ¡Ojalá tuviera ya 18 años para votar por él!”. Mi papá y un par de tíos escuchaban la conversación muy atentamente sin decir nada. “¡Estás loco!”, espetó E y reprobó mi atrevimiento moviendo la cabeza de un lado al otro.

Tal vez por ello hace unas semanas que apareció el vídeo y se llevó a cabo la marcha del #MovimientoYoSoy132 no dudé en escribir un artículo en este espacio apoyando su derecho a manifestarse y su legítimo interés a impulsar un proceso democrático equitativo. Me identifiqué con ellos de inmediato; muchos lo hicimos: miles, cientos de miles, incluso varios millones sentimos hervir nuestra sangre y experimentamos una sensación de optimismo, de esperanza. Fue apenas hace unas semanas, aún así muchos han cambiado de opinión sobre este movimiento, empezando por algunos de sus líderes, incluso antes de la elección.

El grupo estudiantil se encuentra en una encrucijada. Hay dos caminos principales que aunque no son excluyentes sí generarán impactos muy distintos: a ellos en primera instancia y al país en segunda. ¿Las calles y la violencia o las instituciones y el diálogo? Revisemos rápidamente cada camino.

1. Las calles.

  • Hace seis años el grupo más reaccionario del PRD eligió esta opción. Hicieron un plantón en la avenida Reforma por varios meses con dos principales resultados, ambos negativos y contrarios a lo que se buscaba: el TRIFE confirmó el resultado del PREP y recibieron el repudio de la mayoría de la sociedad, incluso de quienes los apoyaron al principio.
  • Ya empezaron las movilizaciones y el argumento parece ser el mismo: fraude, voto por voto – casilla por casilla, manipulación por “los de arriba” y los medios.
    ¿Qué se busca? Además de desahogar la decepción que produce la derrota y el sentirse engañados, ¿qué más se está buscando? ¿Que se cambie el resultado? ¿Que se repita la elección? ¿Un golpe de estado?
  • Es comprensible que la energía y la pasión de la juventud radicalice la postura de los seres humanos. Es comprensible y siempre en la historia de la humanidad ha sido necesario para que se produzcan las grandes transformaciones sociales y políticas.
  • Nuevamente la pregunta: ¿cuál es el objetivo de salir a las calles y amenazar con violentarse? Ayer leía en mi TL de twitter cómo se alentaba a ir a las oficinas del IFE y solidarizarse con jóvenes que estaban siendo golpeados por la policía.
  • Si el gobierno federal logra calmar los ánimos sin violencia el pronóstico es que las manifestaciones y los eventuales plantones irán perdiendo fuerza, tal y como sucedió hace 6 años. Por cierto que es el escenario que no derramará sangre y en términos de orden público es el más deseable.
  • Si hay una combinación de violencia del movimiento con un ineptitud de la policía o el ejército podría presentarse algo que ningún (o casi ningún) mexicano quiere ver. Aún así, sería muy difícil que pasara a mayores. Hace dos años el tío de mi esposa (escritor y analista político, afin a la izquierda) advirtió: “Calderón no sacará al ejército de las calles. Lo necesita para no entregar el poder a quien no le convenga”.
  • El ejército mexicano lleva años realizando operativos en ciudades, lo que le ha permitido estar entrenado en labores de contención y minimización de bajas civiles. Por ello la probabilidad de que existan eventos indeseables dignos de notas internacionales parece muy baja.
  • Lo que sí puede provocar es malestar, pues la mayoría de los mexicanos tenemos que trabajar para sobrevivir; y para ello se requiere orden público y vías de comunicación abiertas.
  • Así, el camino de las calles podría sintetizarse en dos puntos: alto malestar y bajo impacto. Es decir se traduciría en repudio social al movimiento estudiantil y sus objetivos iniciales no se cumplirán.

2. Las instituciones

  • Mi prima, un colega de trabajo y varios amigos fueron funcionarios de casilla. Tuvieron la precaución y el tino de tomar una foto al acta electoral de la casilla que refleja el resultado y los votos. También han contrastado los datos con los del PREP y en ningún caso cercano ha habido diferencias significativas que puedan explicar 3 millones de votos de diferencia. Sé que hay varias personas que señalan que sí ha habido diferencias importantes en otras casillas; incluso ayer vi un tweet que denunciaba no sólo diferencias, sino casos en donde habían votado más personas de las que hay en el padrón. Todo esto hay que denunciarlo para que las autoridades lo sancionen. Qué bueno que se haga. Sin duda aprovechar la tecnología y la gran comunidad de redes sociales digitales ha sido un factor fundamental para vigilar el proceso. La transparencia empieza a emerger en nuestra sociedad de manera natural.
  • Exigir al IFE transparencia es nuestro derecho y también nuestra obligación. Con los mecanismos de este instituto deberán desahogarse las denuncias y al final éste debe brindar una rendición de cuentas completa del proceso a satisfacción de los ciudadanos. Para eso les pagamos miles de millones de pesos. Para que organicen elecciones equitativas y apegadas a la ley. Acá el único asunto es que los consejeros del IFE son seleccionados a conveniencia de los partidos. No hemos logrado que sean cien por ciento ciudadanos. Lo que sí se logró es que todos y cada uno de ellos, sobre todo los magistrados del TRIFE fueran aprobados por las tres grandes fuerzas políticas. Es decir, ya hay un mecanismo para resolver inconformidades.
  • Para el movimiento estudiantil elegir este camino no significa renunciar a sus ideales o a sus intereses genuinos de equidad. Al contrario. Elegir este camino y aprender la manera de desahogar nuestros intereses a través de instituciones nos pondrá en un estado mucho más avanzado: desarrollaremos habilidades de diálogo y de negociación entre partes en conflicto -que por cierto es algo muy común en cualquier democracia.
  • Sin embargo, este camino no es el más atractivo para muchos de los jóvenes; en cierta manera es comprensible tener dudas sobre el funcionamiento efectivo de muchas de nuestras instituciones. Por muchos años, los esquemas institucionales (como el judicial) han sido burocráticos y la corrupción ha marcado -en muchos casos- el desahogo y las decisiones. Nos hemos ganado a pulso que la sociedad tenga suspicacia sobre el desempeño de las instituciones; hay evidencia de ello.
  • Acá el factor clave es identificar si el IFE califica como una institución corrupta y poco moderna. Todo indica que no es así. No solo se ha apoyado en tecnología de punta, sino en la parte más confiable de la sociedad: los ciudadanos; nosotros ejecutamos el proceso, desde el respeto por las reglas más simples hasta el conteo de votos y las firma y entrega de actas.
  • Elegir este camino tendrá mucho mayor impacto, tanto en el corto plazo -al evidenciar las irregularidades y determinar si fueron suficientes como para pedir una anulación de la elección- como en el mediano y largo plazos -al establecer un parteaguas en la resolución de los asuntos públicos del país. El aprendizaje y la lección para la sociedad y para los políticos transformará efectivamente al país. No hay duda. Casi sobra señalar que esta vía cuenta con la simpatía de la mayoría de los ciudadanos.
  • En síntesis, este camino tendrá alto impacto en la vida pública del país y además gozará de tal aceptación que la sociedad recordará como un punto de inflexión lo que un día empezó en la Ibero como una protesta de 132 estudiantes universitarios. Es decir, alto impacto y alta aceptación.

Utilizando los argumentos anteriores pareciera muy claro que el segundo camino supera al primero en todos los sentidos. Aunado a ello el primero no está siendo apoyado por la mayoría de los jóvenes del #MovimientoYoSoy132 pero eso no impedirá que un grupo de ellos siga radicalizándose y busque conseguir en las calles lo que aparentemente no se logró en las urnas; con gritos lo que puede turnarse en los procesos institucionales; con amenazas y consignas lo que se gana con propuestas e iniciativas. Aún así están en todo su derecho de manifestarse y de pensar que la mayoría de la población se equivocó. Mientras no violen los derechos individuales de terceros deben manifestar su inconformidad y hacer algo en consecuencia, preferentemente -ya lo he dicho, lo sé- de manera constructiva.

Una idea final. Nuestro país es joven y estamos aprendiendo a gobernarnos; el despertar de la juventud puede ser en ocasiones violento, pero bien encauzado será definitorio en la transformación del país; no hay duda: tenemos una gran oportunidad frente a nosotros. Económicamente vendrá lo que se conoce como el bono demográfico y para aprovechar esos 20 millones de jóvenes que se incorporarán en las siguientes décadas a la economía es necesario mejorar sustancialmente la manera en que dirimimos nuestros conflictos. La movilización de los jóvenes y el emblemático #YoSoy132 será recordado como un parte aguas social en el país y mejorará notablemente la vida de los futuros mexicanos; ése es mi pronóstico y por el bien nuestros hijos espero encarecidamente que se haga realidad. Los que no somos tan jóvenes a hacer nuestra chamba: trabajando día a día y dando un ejemplo de civilidad y respeto por lo que piensan los demás.

Jueves ordinario | Batalla en Yaxchilán

 
Foto por Andrea Estrella | twitter @AnLoveStar

 

Muy temprano los monos araña ganaron la posición del árbol central de la plaza pública de Yaxchilán. Durante varias semanas habían compartido el árbol con los monos aulladores: un día un grupo, al siguiente el otro. Pero esa mañana los monos araña rompieron el acuerdo tácito, llegando al amanecer con más de veinte integrantes y con una doble finalidad: bloquear las posibles irrupciones de sus enemigos -también conocidos como zaraguatos- y comer los mayores frutos posibles del árbol más grande y frondoso de la zona.

Los reclamos de los zaraguatos no se hicieron esperar; desde la mañana un grupo de ocho integrantes anunció su molestia gritando con toda la fuerza que sus cuerdas vocales les permitían. El líder de los zaraguatos replegó a su grupo y un par de veces tuvo que impedir que uno de los jóvenes cruzara hacia el árbol central con todo y su ímpetu iracundo. Los demás monos aulladores calmaban su enojo columpiándose entres las ramas y cruzando entre los árboles circundantes. El ruido de sus aullidos cimbraba la plaza central y se extendía por más de cuatro kilómetros.

Mientras esto sucedía a más de diez metros de altura, un grupo de turistas se ocupaba de maravillarse tanto de las construcciones antiguas, como de la belleza de la naturaleza. Con pantalones cortos, blusas ligeras, repelentes de insectos, sombreros y cámaras fotográficas caminaban entre las ruinas y admiraban el espectáculo de ambos grupos de primates. El día esconde con su luz lo que en ese bosque tropical sucede por la noche.

Mientras un olor intenso a fruta ácida inundaba el lugar, la tarde avanzaba, los turistas se retiraban y los aullidos de los zaraguatos se intensificaban. Llegaron varios grupos más de ambos bandos. De un lado de la plaza más de cuarenta monos arañas seguían tomando posición y del otro lado más de sesenta zaraguatos se columpiaban y reclamaban con gritos la traicíón. Enseñaban los dientes unos y otros, buscando intimidarse y mostrando su furia de bestias salvajes.

Ahí, en la misma ciudad en la que Pájaro Jaguar IV fue coronado y en uno de los centros religiosos más importantes de la civilización maya de la época clásica. Ahí, donde el poderío militar y el control religioso permitió que las clases altas avanzaran de manera sorpendente en el estudio del cosmos y en la construcción de una mitología fantástica basada en y reflejada por la naturaleza. En esa ciudad que se abandonó antes del año 900 DC por causas todavía no precisadas en su totalidad. Ahí, donde es posible que la tala de los árboles fue de tal magnitud que los alimentos escasearon de tal forma que ya nadie quería vivir ahí. Ahí mismo, más de mil doscientos años después, los árboles inundaban el paisaje y dos grupos de monos estaban listos para iniciar una batalla.

La oscuridad se hacía presente con mayor fuerza y -con ella- los aullidos de los zaraguatos y los gritos agudos de los monos araña se incrementaban. También podía escucharse cómo las ramas se sacudían y cómo las hojas golpeaban el suelo. Ya no había humanos que testificaran ni que pudieran contar lo que estaba sucediendo.

La batalla fue salvaje en todos los aspectos. La primera avanzada fue a cargo de los monos araña, quienes sintiéndose acorralados buscaron anticipar el ataque de los zaraguatos: un grupo de cuatro intengrantes entre los que sobresalían los más fuertes se lanzó sobre el árbol contiguo al central y con gran habilidad logró golpear a más de ocho zaraguatos: dos de ellos cayeron hacia el suelo y el recorrido de uno fue interrumpido por una de las construcciones: golpeó su cráneo contra la piedra caliza y con ello perdió la consciencia. Rápidamente un grupo de diez zaraguatos contrarestó el ataque y en una lucha encarnizada capturaron y le quitaron la vida a tres de los cuatro iniciales de los monos araña. En esos momentos la ira colectiva se apoderó de Yaxchilán y la batalla desordenada se volcó todavía más intensa. Por varios minutos los chillidos de los monos araña y los aullidos de los zaraguatos fue tan intenso que los jaguares que normalmente bajan a dormir dentro de las construcciones prefirieron no acercarse.

La traición violentó como nunca a los dos grupos y propició una batalla en la que ninguno resultó ganador. No hubo repliegues, ni tampoco órdenes claras de los líderes de cada uno de los grupos. Al final de la carnicería y de la muerte de más de una decena de primates, los monos abandonaron el lugar. El fruto de los árboles era escaso y en las siguientes seis semanas no habría mucho más que comer en lo que antiguamente fue Yaxchilán.

De esta forma, los monos araña y los monos aulladores abandonaron la ciudad, emulando lo que los mayas hicieron alrededor del año 900 DC. Zona deshabitada todavía en la actualidad y descubierta a principios del siglo XIX por un gobernante guatemalteco.

Foto por Andrea Estrella | twitter @AnLoveStar

 

Jueves ordinario | El dentista

Fue unos días antes de navidad. Llevaba varios años de no ir al dentista. Tal vez por eso se me cayó una curación de una muela. Días después me enteré que se trataba del segundo molar superior. Agendé la cita y fui a un consultorio que se encontraba cerca de mi oficina. Nunca imaginé lo que me sucedería por tomar esa decisión.

Salí de una reunión y me dirigí a la Avenida Principal. Para ser diciembre, el calor era muy fuerte; caminé por entre los puestos de comida y una par de veces tuve que bajar a la calle, esquivando a los coches estacionados y a los que lentamente trataban de pasar; fue un triunfo superar el crucero de la Avenida Principal y la Calle Diagonal. Cuando llegaba a la banqueta escuché un ruido detrás de mí. Un par de coches habían tenido un incidente. Ir al dentista requiere valor y más con el tráfico y el estrés de diciembre.

Entré al edificio y noté un cambio brusco en el clima. Parecía invierno de verdad. La gente utilizaba abrigos y varios llevaban tapabocas -como esos que usamos en los días del brote de la Influenza hace un par de años. El consultorio lucía frío y vacío. Toqué varias veces la ventana de la recepcionista y saludé con un “buenas tardes”. Pero no salía nadie. Me senté y abrí una revista; minutos después cuando estaba a punto de marcharme, escuché pasos que se arrastraban y el chillido de la manija de la puerta. Detrás apareció un anciano, encorvado y con los lentes a la mitad de la nariz. “Buenas tardes, joven, ¿es usted el de la muela perdida?”, preguntó el anciano. “No, solamente se me cayó la curación”, repliqué nerviosamente. “Veamos, veamos”, señaló con fastidio indicándome que me sentara en el sillón.

Abrí la boca y cerré los ojos. “¡Ajá!”, exclamó. “Lo que imaginé; usted ha perdido no sólo una muela: ¡perdió el segundo molar superior!” Sentí un vacío incontenible en el vientre. “El segundo molar superior; ¿qué significa?”, pensaba nerviosamente. “Joven, tengo que mandarlo con un especialista en segundos molares superiores. Es usted muy afortunado de que conozca al mejor de la ciudad. Su consultorio está muy cerca de aquí. Vaya con él mañana. Debe saber que no todos los días tenemos pacientes que pierden segundos molares superiores”. Me senté en el sillón sin poder creer lo que me estaba diciendo; no podía hablar de la impresión. seguí sus instrucciones al pie de la letra y no mencioné nada al respecto.

No pude dormir esa noche. ¿Qué era eso del segundo molar superior? ¿A qué se refiere el viejito? ¿Estará senil? Vuelta para acá, vuelta para allá. Nada. Abrazo. Beso. Queja de no dejar dormir. Casi al amanecer me levanté al baño y por un rato estuve viéndome fijamente a los ojos: “¿Qué significa?”. Por más que abrí la boca no pude verme el hueco que sentía con la lengua. Por la tarde me enteraría de qué significaba y por qué tanto misterio alrededor de ello.

Por la mañana tuve varias reuniones que ocuparon mi mente, aunque todo el tiempo me acompañó la preocupación. “¿Un especialista en segundos molares superiores? ¿Qué tan grave podía ser?”. Caminé media calle y ahí estaba el consultorio. También era frío. Me saludó amablemente el guardia y más amable la recepcionista: “Muy buenas tardes, el doctor lo espera, por favor pase”, me dijo sin siquiera pedir mi nombre. Había ganado ya una fama notable. Pues claro: “era el del segundo molar superior perdido”. La sorpresa fue mayor cuando vi que era el mismo anciano. “Pase, siéntese, está en buenas manos”. Abrí la boca y cerré los ojos. Me quedé dormido al instante.

Cuando desperté estaba sentado en la sala de espera del primer consultorio. Un señor de mediana edad me miraba dulcemente: “Te quedaste dormido. No quise despertarte, aunque estuve a punto de hacerlo cuando empezaste a gritar algo respecto al segundo molar. Pasa veamos qué es lo que te preocupa tanto. Me levanté titubeante y en ese instante me di cuenta de que todo había sido un sueño. No existía el anciano, ni tampoco un segundo molar superior perdido. “¡Qué alivio!” Sostenía en mis manos la revista que empecé a hojear antes de quedarme dormido: era de odontología especializada.

Jueves ordinario | En el camino

Después de noventa minutos en el taxi, bajé del coche con un retraso de ciento veinte. Ahí estaban mis tres compañeros de la primaria y secundaria. En la terracita de un restaurante japonés; con tequila y sake; con sonrisas espontáneas y miradas de cómplices; y sobretodo con gran disposición para escuchar, mirar, explorar. La mesa se integró por dos mujeres y dos hombres. Desde el momento en que me senté hasta que salí -unas horas después- tuve la extraña sensación de que aunque los conocía desde siempre en realidad no sabía bien quiénes eran.

En estas semanas he tenido algunas incidencias con el coche: que la verificación desatendida, que un leve choque al salir por el estacionamiento de la oficina, que un policía corrupto lleno de consejos de moral, que un ajustador de seguros efectivo. Bueno, esto de los coches será algo que siga formando parte de nuestras vidas por algunos años más: principalmente por los trayectos largos que debemos recorrer y por la falta de un transporte masivo efectivo. Gracias a estas incidencias vehiculares tuve un par de experiencias agradables con dos taxistas.

Veía a Adriana mientras platicaba: la brillantina adornaba su rostro y el maquillaje cuidadosamente delineado acompañaba su peinado perfecto. Su cadencia al hablar además reflejaba una tranquilidad profunda y un placer de presente. “¿Cuándo crecimos?”, pensaba mientras ella nos compartía con orgullo su placer por la lectura y por la reflexión grupal alrededor de ella. Tiene dos hijos adolescentes y un negocio que la ocupan gran parte de su tiempo.  Sigue en el camino de la felicidad. Desde niños siempre me pareció la más consciente de su alegría.

El primer taxista venía buscando un confidente y decidió que yo era el bueno. Más de veinte años de casado y una hija de dieciseis, con trabajos intermitentes de chofer y de empleado constructor; persona derecha y bienvibrada. Con su gran secreto de estar cometiendo adulterio. Según su testimonio, su amante le reembolsa la cuenta del sábado y asume los gastos de la escapada sabatina. Llevan varios meses con esa aventura. Al final no supe si se confesaba o me presumía. De cualquier forma, lo escuché atentamente y no juzgué sus decisiones. Noventa minutos después salí del coche con la sensación de que lo conocía de tiempo atrás.

“Mejor hablemos de personas”, sugirió Jorge al ver que la plática se dirigía irremediablemente a temas de trabajo. Minutos después bromeó: “mejor regresemos a hablar de bancos”, pues tal vez las revelaciones personales estaban yendo demasiado lejos. A él lo conozco desde el kínder y pude distinguir al otrora niño de gran corazón de hace unas décadas. Confieso que sigue siendo difícil de leer, aunque fácil para convivir. Un camino del que poco sé, pero que se siente firme y con gran intensidad.

El segundo taxista lleva treinta años en el negocio, “porque me encanta manejar”, afirmó convencido. Tiene dos hijos: un ingeniero y un contador. “Los dos ya trabajan y el grande es el que se parece más a mí: por eso no tiene novia”, señala con su acento cálido del norte de Puebla. Antes de recogerme una grúa había levantado su coche y el gruyero lo extorsionó. Estuvo a punto de regresarse a su casa para ayudarle a su esposa con el negocio; pero mejor se quitó el mal sabor de boca “con una buena manejada”. Tiene una papelería, pero “son los dulces los que más se venden”. Sus márgenes en lápices alcanzan 150% y en los dulces: “sólo 70%”. Al final le entregué una tarjeta con la esperanza de poder apoyarlo en la operación y crecimiento de su negocio, pero tuve la sensación de que su camino iba hacia otra dirección.

“Es mi anillo de compromiso”, contestó Mara al preguntarle por un distintivo que lleva en el brazo. A su mirada profunda la acompaña una sonrisa que se mueve entre el sarcasmo y la sinceridad infantil. Es la misma que conocí en la secundaria. Su esencia perdura y se refleja en una actitud tranquila y relajada. Sin buscar etiquetar, aunque sí tratando de ilustrar, diría que hoy es hipster, así como ayer fue rockera y gran representante de la música industrial. Cool! En la profundidad de sus ojos uno adivina la gran mamá en la que se ha convertido. Está emprendiendo y a la vez convirtiendo uno de sus grandes placeres en un negocio formal.

Bajé del segundo taxi. La oscuridad engañaba a mis sentidos: apenas eran las seis y media de la tarde, pero se sentían como las ocho o las nueve de la noche. Estaba llegando a una reunión con unos amigos recientes. Cada una de las cuatro personas que estuvimos conviviendo esa noche tiene historias tan diversas que a simple vista la coincidencia no parece tan natural. Pero ése es otro camino que ya tendré oportunidad de compartir.

Jueves ordinario: el futuro sucediendo en el mundo digital

Hoy por la mañana escuché a un representante de una agencia digital señalar que Facebook no es para vender. Que en México “somos bien amigueros y por eso nos gustan las redes sociales”. Como que sugería que es importante estar en las redes sociales, pero no precisó para qué. Puso el vídeo que todos hemos visto desde hace cinco años y remató con un “bienvenidos a la revolución de la era digital”.  Es un buen tipo, pero evidentemente no tiene una visión clara de este tema ni una experiencia suficiente en la ejecución de proyectos digitales. Lo que en si no es una desventaja, excepto que como muchos más que están en el mercado, se presentan como expertos. Pero basta escucharlos un par de minutos para darnos cuenta que no es así.

En México existen casi 35 millones de usuarios de internet; la mayoría se conecta para utilizar su correo electrónico y para realizar búsquedas. En Facebook hay 25 millones de cuentas y en twitter son 4 millones. Complementa esta conexión digital el número de teléfonos celulares, que alcanzan los 85 millones, de los que casi 14 millones son utilizados para navegar por internet. Claramente existe una gran oportunidad no sólo para interactuar en términos sociales, sino para desarrollar una comunidad de negocios que genere riqueza.

Conectar a estos mundos es una tarea más de los negocios que de los supuestos expertos. Por ello, esas exposiciones vacías de agencias de venta de medios son superficiales y muy alejadas de los objetivos de muchos que sí estamos buscando vender por Facebook. Aunque, como diría el refrán popular: “la culpa no la tiene el indio, sino el que lo hace compadre”. En mi red de Facebook (que sólo incluye amigos) y que no supera los 300 integrantes hay cuando menos 5 personas vendiendo regularmente por esa red. Anuncian productos importados de Europa y Estados Unidos, así como asesorías personales o servicios de belleza.

Afortundamente existen agencias de marketing que sí están en la jugada. He tenido el honor de trabajar con cuando menos tres de ellas. Cada una ha mostrado sus fortalezas que en 5 puntos podemos resumir en:

  1. Estrategia alineada a las necesidad del segmento que busca capturarse
  2. Definición de métricas de éxito en línea con los objetivos de negocio del cliente
  3. Selección y diseño de las plataformas adecuadas al mercado objetivo
  4. Desarrollo de contenido a cargo de un equipo multidiciplinario
  5. Aprendizaje y adaptación continua a los eventos no esperados (característicos de este mundo)

No pretendo señalar que estos cinco puntos son la panacea, pero sí destacar que cuando menos se deben contemplar estas dimensiones para empezar a hablar de marketing digital en términos más o menos serios. Algo muy importante que debemos buscar en quien nos asesore es que no mezcle sus intereses de compra de medios con el proyecto de redes sociales. El CEO de una empresa automotriz reconocida señalaba que el marketing digital es divergente en servicios; dicho esto, contrató a una agencia especializada en social media que no estuviera ligada a su agencia de compra de medios.

El futuro está sucediendo ya. Como suele pasar, tardaremos en comprenderlo y sólo experimentando seremos capaces de aprovechar la gran oportunidad que se está presentando. Así, los exploradores más agresivos pero también los más astutos serán los que se adelanten significativamente a su competencia.

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Notas al margen:

  • Este post lo escribí para celebrar el segundo aniversario de YoSoyPyME y para agradecer la pasión del equipo talentoso que lo ha hecho posible.
  • YoSoyPyME cuenta con un Blog donde el contenido es la clave principal, así como perfiles de Facebook, twitter y YouTube.
  • Las visitas mensuales al Blog son de 50 mil, los likes de FB superan los 26 mil y los seguidores en twitter son más de 24 mil.
  • La evolución ha sido muy interesante y en un post posterior compatiré los eventos clave.

Jueves ordinario: ideas en ejecución

Imagen de Corbis

Dicen que los jóvenes son el futuro. Aunque siempre me ha parecido que son el presente. En su consciencia en desarrollo y su actitud arrolladora demuestran una pasión exacerbada por el presente. Siendo incluso más precisos: por el continuo del presente; por esos momentos llenos de intensidad que parecen extenderse una y otra vez, encimándose entre instantes efímeros que con su choque rozan la eternidad a través de una sensación plena de existencia. Casi sin tiempo. Así: existiendo, disfrutando, siendo; y a la vez, proyectando nuevos momentos. 

Los jóvenes en todo caso serán el futuro que para muchos de nosotros se ha convertido en presente. Tal vez a eso nos refiramos los adultos cuando –con una actitud egocéntrica- utilizamos la realidad propia para describir al objeto; sin ser conscientes del arraigo y vértigo que nos causa ser tan sujetos. Por eso proyectamos nuestros sueños más intensos en el pasado: en nuestra juventud ida, que alguna vez fue futuro y que hoy está siendo. Así: conciliando diferentes tiempos, cruzando sueños, logros, fracasos; recordando eventos que están por venir. 

Pues bien. Nuestros jóvenes mexicanos están despertando hacia nuevas ilusiones. La globalidad y su juventud está desarrollando una generación transformadora, echada para adelante, dispuesta a probar nuevas fórmulas y sobretodo sin el otrora paradigma de que alguien más va a proveerles de ese bien tan preciado que nombramos felicidad. Saben que el futuro está en sus manos y pareciera que sus padres no los desengañan y por el contrario los alientan. Jóvenes con padres soñadores. ¡Qué combinación! Algo pasará; algo bueno ya está pasando. No hay duda.

Dentro de nuestra juventud se está desarrollando un inconsciente colectivo disruptivo: es posible construir nuestro futuro; y además de posible es deseable hacerlo con un emprendimiento propio. Pareciera que poco a poco va descubriéndose el gen de la consciencia individual responsable. Ése que genera satisfactores propios y que al mismo tiempo contiene una inteligencia colectiva ganadora. Es un gen que se extenderá como plaga y que eliminará viejas enfermedades, entre las que destacan el amor al populismo y la resignación a la corrupción o a la falta de transparencia. Ahí viene el gen. Cuidado políticos y funcionarios públicos corruptos. Ya viene una nueva generación a derrocarlos y a terminar con su fiesta tercermundista. 

Datos para respaldar los párrafos anteriores hay muchos y suficientemente fiables para evidenciar lo que está sucediendo. Más allá de esos hechos irrefutables, hoy quise compartir en este jueves esa emoción que se respira en esa generación y que se extiende irremediablemente hacia los adultos que hoy estamos liderando los principales proyectos del país. Se siente una comunión entre nuestros sueños pasados y su presente lleno de ilusiones. Con ideas en ejecución a través de proyectos empresariales que están siendo realidad.

Jueves ordinario: la gerencia media y sus cómplices

“¡Cómo es posible que nadie se haya dado cuenta!”, exclamó el directivo cuando le informaron que el producto que recientemente había lanzado al mercado no estaba en condiciones de cumplir lo prometido: otorgar descuentos automatizados. “¿Cómo?” -se cuestionaba el ejecutivo de alto nivel de la empresa de tecnología- “… lo presentamos en todos los foros, a todos las áreas involucradas …” Se sumió en su silla de piel gastada por tanto uso y tantos ahorros de su unidad de compras; clavó su mirada en la alfombra y recorrió mentalmente los eventos críticos del proyecto que iba a llevarlo a la fama. ¿Falló él por no involucrarse en el detalle en el seguimiento; o su gerente de producto que confió ciegamente en su par de sistemas? “¿Pude hacer más?”, se cuestionó mientras vaciaba su cuarta tasa de café de la mañana, sin contar el triple venti light latte del Starbucks ubicado en la esquina del edificio corporativo.

Seguramente muchos se sientan identificados con el episodio anterior. ¡Y no es coincidencia! Eventos similares suceden con bastante regularidad tanto en los corporativos de la iniciativa privada como en las dependencias gubernamentales. Es un síntoma que todavía domina gran parte de la cultura laboral del país. Su origen se fue acuñando poco a poco en los corporativos burocráticos que dominaron México durante décadas. Su esplendor viene desde la creación del PNR (antecedente del PRI) en la década de 1920s y hasta el final de los gobiernos populistas que culminaron con López Portillo en 1982. Aún así, a casi treinta años, seguimos pagando la ineficacia de la gerencia media del país. De ésa que trabaja de 9 a 5 y que literalmente “le vale madres” su contribución a los resultados, siempre que pueda mantener sus privilegios.

Ejemplos dentro del gobierno sobran y lamentablemente no sólo son de ineficacia de la gerencia media. Hay un factor más pernicioso que a pasos agigantados va carcomiendo a nuestra sociedad: la corrupción. La corrupción forma parte del compás cotidiano de las actividades de los niveles operativos y es uno de los factores fundamentales en la toma de decisiones en altos mandos del gobierno; en sus tres poderes y en sus tres niveles.

Pero el golpeteó que más destruye sí sucede en la gerencia media: en el mando policiaco que exige una cuota a sus agentes de tránsito; en la oficina de licencias de conducir; en la de permisos de uso de suelo; en el ministerio público; en los juzgados; con el diputado ignorante, etc. Ahí, donde el ciudadano de a pie sufre cotidianamente la flexibilidad de no respetar las reglas a cambio de un cochupo o una prebenda. Hiere todavía más a nuestra sociedad que muchos se conduzcan como si este estado fuera irremediable, como si se debiera aceptar sin hacer otra cosa más que “entrarle al juego”.

Por la mañana leí un post en Facebook de un compañero de la primaria del que omitiré su nombre por su bien. Decía que estuvo a punto de pasar la noche en la delegación, pero que “gracias a una lana” había llegado a su casa a dormir; remató su comentario con un “¡Viva México!”. Por lo pronto, ya lo eliminé de mi lista de contactos. Antes, pude ver que otros celebraron su “hazaña” y hasta ofrecieron ayuda para el futuro por conocer a “alguien” en la Delegación Benito Juárez. ¿Conoces a alguien así? ¿Le darías “eliminar” de tus contactos? ¿Le dejarías de hablar? ¿Tratarías de hacerle ver el daño que causa a la sociedad con esa actitud y esos actos corruptos? ¿Ya estás lista, listo? ¿Ya estamos listos?

La transformación de nuestro país debe considerar acciones que ataquen de fondo la causa de nuestros males; transformar a esos mandos medios que están tanto en la iniciativa privada como en el sector público es fundamental. En eliminar la conducta de esas personas que por falta de consciencia, por mediocridad o por ambas contribuyen a que las ejecución de las reglas o la entrega de un producto o servicio no sean con la calidad que se merecen los ciudadanos o los consumidores. Y aquí todos tenemos mucho que hacer. Como ciudadanos no tolerar “nuestros pecadillos” en primera instancia, exigir la transparencia de cuentas del municipio y de la delegación. Como empresarios o como empleados y funcionarios, tomar acciones que nos distingan; de exigirles a nuestros proveedores y a nuestros colaboradores que se comporten a la altura y de iniciar una cruzada contra el “ahí se va” o el conformismo de que “así se ha hecho siempre”.

Nadie va a cambiar las cosas por nosotros. No vendrá un mesías ni tendremos gobernantes redentores que desde afuera mejoren nuestras circunstancias. Los líderes de alto nivel incluso pueden escabullirse de esta responsabilidad. Pero no quienes vivimos y sufrimos de cerca a estos mandos medios.

Tenemos dos opciones: 1. Revelarnos contra la ineficacia y la corrupción de este grupo pernicioso de la sociedad, o 2. Seguir siendo sus cómplices; ya sea activamente al compartir sus “valores”, ya sea pasivamente al no hacer nada y escudarnos en una personalidad de bajo perfi; o en escalar en la organización con una diplomacia hipócrita y falta de autocrítica.

¿Qué decides? ¿Vamos a dejar que las cosas sigan así? ¿O de una vez por todas dejaremos de lamentarnos por nuestras circunstancias y tomaremos por los cuernos lo que nos toca, lo que debemos asignarnos?

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Jueves ordinario | Preguntas invisibles

Invirtió mucho tiempo en estructurar la pregunta: ese cuestionamiento que le ayudaría a resolver el misterio de su existencia.

Por años se dedicó a acumular conocimientos; a esbozar ideas y precisar conceptos. Investigó e intentó aplicar métodos de aprendizaje, deductivos e inductivos, convergentes y divergentes, racionales e irracionales, idealistas y realistas …

Buscó renovar y evolucionar sus creencias: rompiendo sus paradigmas una y otra vez. Experimentó de una manera diferente: cometiendo más errores, escuchando a más personas, callando sus impulsos, provocando su paciencia.

Para variar, se propuso amar a más personas, renunciar a algunos placeres, profesar distintas religiones, reinventarse continuamente, perder el rumbo, caer en la miseria.

Pero también se dio el lujo de recuperar su fortuna, educar a un hijo, adoptar a un perro, escribir un libro, leer más poesía, ignorar las noticias, mirar al vacío, renunciar a su trabajo, emprender negocios, trabajar sin remuneración.

Hizo casi de todo; una vez estuvo a punto de cambiar de sexo y en otra a punto de convertirse en político. Estaba exhausto, con un recorrido pocas veces observado, tanto en amplitud como en intensidad.

Cambió y evolucionó, pero nunca olvidó cuál era el sentido de su camino. Siempre tuvo presente que todo eso que había estado experimentando tenía la única finalidad de estar en condiciones de plantear correctamente el cuestionamiento que le llevaría a la verdad, a la felicidad.

En los momentos extremos, siempre supo que se acercaba más a su misión: en el dolor insoportable, en el placer inconsciente, en la tristeza quieta, en la cotidianidad mediocre.

Estaba listo. Podía sentirlo. La ligereza de su cuerpo, la agilidad de su mente y sobretodo la plenitud de su espíritu eran la evidencia inequívoca de que había llegado. Por fin, en ese instante preciso, en ese espacio precioso.

Se sentó frente al escritorio que había mandado a hacer décadas atrás. Había imaginado cientos de veces cómo con su pluma iba descubriendo con cada trazo el enigma que había estado aquejando a la humanidad por tanto tiempo.

Levantó la pluma con destreza y detuvo la hoja blanca suavemente. Miraba para sus adentros, cuando contemplaba esa escena tan esperada. Pero todo parecía tan nuevo; nada parecido a lo que tantas veces recreó en su mente.

Justo antes de tocar el papel con el punto fino de la pluma, cerró los ojos y un cúmulo de experiencias inundó su espíritu: recorrió instantes plenos, vacíos, superfluos, amorosos, desgarradores.

Ahí, sentado frente a la hoja en blanco, con las ideas claras, el corazón plapitante y el espíritu inquebrantable, comprendió el misterio que la pregunta encerraba y que la respuesta aclaraba.

Acercó su rostro al escritorio y dejó caer varias lágrimas sobre la hoja en blanco. Preguntas y respuestas efímeras y reveladoras que se manifestaron como nunca imaginó.

Jueves ordinario: la apariencia

Va manejando el niño su bicicleta: se encorva demasiado y parece incómodo con su chamarra que se eleva sobre sus hombros. Su sonrisa contagia el juego que lleva en la mente. Pedalea con fuerza, sin embargo avanza lento. Tendrá ocho años, quizás nueve, no más. Pero sus movimientos son de un niño más pequeño. ¿Será que su postura lo hace ver torpe y lento?

// Salgo del salón. Traigo un poema recién escrito en la carpeta. Nadie sospecha que escribo. Apenas son unos primeros versos, pero los sostengo como mi tesoro más preciado. Los leeré después del entrenamiento. Saco las llaves de mi coche y nos metemos como podemos a los asientos. Siempre vamos más de los que podemos. Al futuro político lo metemos a la cajuela; ya no cabe y nuevamente le toca la peor parte. //

No le pega bien al balón: lo hace diferente. Por ello, el niño más hábil decide atacarlo sin miramientos para arrebatárselo y dirigirse solo a la portería. Pero el que parecía torpe saca un recurso de maestro y dribla con facilidad al que parecía el mejor. Levanta la mirada y avanza. Da un pase. Trota. El balón regresa a sus piés una y otra vez hasta que queda frente al portero. También el portero se equivoca en su apreciación. Y lo busca directamente. El niño alto y con movimientos toscos también lo dribla. Ya solo, toca el balón, con una torpeza aparente, pero mete gol.

// Me sientan al final del salón. Siempre parecí muy bien portado; y siempre busqué cumplir con esa apariencia. Algunas veces lo logré, pero otras más mi conducta desmintió la primera impresión. Me sorprende la catequista al decir que somos iluminados por el espíritu santo. “Lo que nos iluminan son las luces”, bromea mi compañero de banca y nuestras carcajadas son castigadas con una semana en el salón de niños pequeños. //

Sandra era además de hermosa muy inteligente. La mejor del salón. Lo mismo Dinorah, y Alexandra. Siempre creí (y creo) que inteligencia y belleza van de la mano. Todavía me cuesta mucho trabajo pensar en alguien hermoso o hermosa sin capacidad intelectual. ¿Por qué entonces hay una creencia contraria tan divulgada?

// Vivía en dos mundos: por las mañanas en el colegio particular, por la tardes en el equipo de fútbol americano con niños rudos. Buenos modales en las mañana, albures por las tardes; fue un vaivén entre: elegancia y humildad, estilo y autenticidad, saludo calculado y abrazo espontáneo, lejanía en el tiempo y estrechez intertemporal. Dos mundos que se pierden y se reconcilian día a día. Cabe señalar que todas las situaciones se presentaban en ambos mundos, pero cada uno reclamaba su identidad. //

Altanero y sabelotodo. Ése era el novio de una gran amiga. Una respuesta para todo y un gran sentido del humor que atraía multitudes. Pero si alguien osaba acercarse un poco más, repelía el atrevmiento con lanzas llenas de sarcasmo y burla. Unos cuantos lo conocíamos cómo era en realidad: no sabía todo y sí tenía un corazón generoso. ¿Por qué esconderse? ¿Por qué ponerse máscaras? ¿Dónde lo aprendió? ¿De quién?

// En una reunión del equipo de fútbol americano saqué mi poema. Lo leí sin pena. Sin respuesta lo guardé. Nunca más lo saqué. Nunca más se habló del tema. Fue embarazoso para ambas partes: para el poeta y para el que jugaba de quarter-back. A veces aparece el recuerdo, sobretodo cuando estoy a punto de opinar o de escribir algo que podría no coincidir con lo que algunos opinan de mí: como entregar por escrito una felicitación a algún directivo. Sobra señalar que siempre lo hago. ¿Debo o debí quedarme callado? Creo que no. //

La consultora esboza una sonrisa ante una opinión atrevida del grupo y baja la mirada. Parece tímida. Viene a desarrollar habilidades de equipo en ese grupo talentoso lleno de individuos complicados. Se levanta con dificultad y sus ojos pequeños reflejan una inseguridad abandonada en su adolescencia. De pronto, con soltura y contundencia en su manejo del grupo, Liz logra una conjunción tal que los otrora espíritus individualistas colaboran y cooperan convencidos y sin miramientos. Pero de inicio, ni uno solo de ellos le había dado el beneficio de la duda. Todavía, unos días después y con los hábitos instalados en el grupo sin la presencia de Liz, uno que otro se atrevía tímidamente a mostrarse egoísta; pero el grupo aplastaba esa conducta y lo canalizaba hacia la generosidad.

// Escribo para el periódico del Tec. Soy optimista respecto al futuro de la economía mexicana. Estamos a principios de 1997. Me critican la ceguera y la falta de crítica a las políticas neoclásicos del gobierno. Parece una escena surrealista, pues los profesores son neokenesianos del Colegio de México y han invadido a quienes buscábamos la libertad económica. Uno de ellos, que parece más sensato, años después será Director de Finanzas del Gobierno del DF. Su pequeña aventura le quitará credibilidad entre la estirpe académica; y entre sus ex alumnos. //

No es lo mismo ser inteligente que ser listo, dice reiteradamente mi padre. Rememora a ciertos personajes de Banxico que con su astucia política avanzaron escaños, pero nunca comprendieron la misión de la Institución y por tanto no aportaron lo que debieron. Dice que no hay que confundir magnesia con gimnasia; es decir que el listo no necesariamente es inteligente: que el primero es rápido al asociar ideas y dar respuestas, pero que no necesariamente son las mejores respuestas; el inteligente, en contraste, puede no ser tan ágil, pero su pensamiento reflexivo y su profundidad le permitirán accionar las mejores soluciones. En este sentido, sería mejor ser inteligente que listo. ¡Claro!, siempre será mejor ser ser las dos cosas, ¿no?

// Años después comprendo que no vivo en dos mundos, sino en más. Pero por alguna extraña razón la dicotomía se me ha dado con facilidad. En la oficina no saben ubicarme como de ventas o como de riesgos; como estratega o como ejecutor; como frío y calculador o como apasionado y terco. Todavía encuentro personas que se sorprenden por mi afición a la escritura y me ven con mayor naturalidad cuando comento sobre la NFL. Unos que me han conocido de toda la vida sé que prefieren algunas de mis aficiones y odian otras. Sigo buscando conciliar diariamente mis mundos. Y lo logro, aunque sea parcialmente; ¿alguien podría conciliarse por completo? //

Vamos cerrando.

¿Qué nos motiva a calificar a las personas y a nosotros mismos en términos duales? Bueno o malo; superficial o profundo; extrovertido o introvertido; bello o feo; hábil o torpe … ¿Cómo limita nuestra mente este hábito, este vicio? ¿Estaremos atrapados en una novela mediocre de televisión? ¿Cómo fue que nos pusimos esas cadenas?

¿Cuántas veces al día emites un juicio sobre una persona o una situación sin detenerte a considerarlo un poco? ¿Es verdad esa creencia de que las apariencias rigen en realidad nuestras vidas? ¿Tenemos que conformarnos con la idea de que las reglas que aplicaron en la secundaria y en la preparatoria son las mismas que determinan la convivencia diaria de la sociedad? ¿Somos en verdad tan superficiales como aparentamos? Porque nuestros hechos parecieran sugerir que sí, ¿no? ¿Qué opinas?