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Jueves ordinario: emprender dentro de la empresa, ¿es posible?

Hace un par de días que comí con un cliente le preguntaba si el chip emprendedor lo traía ya desde la universidad. “Se lo debo a mis jefes”, contestó enfáticamente y continuó: “Cada vez que les llevaba una nueva idea la rechazaban sin siquiera revisarla. Por eso emprendí. Cuando renuncié me preguntaron que cuál era la razón, si ya iban a hacerme gerente de soporte”.

Nuestro cliente dirige exitosamente a una empresa con ventas superiores a 50 millones de pesos al año y emplea a más de 80 personas. Es probable que si sus innovaciones hubieran encontrado cabida en la empresa en la que laboraba su aportaciones habrían hecho crecer las ganancias de sus jefes y también es muy probable que no habría experimentado esa gran aventura de la que se siente orgulloso y que hoy después de 27 años se refiere como un negocio fiel donde las cosas “se volvieron más fáciles”.

Pero no todos los emprendedores renuncian a sus trabajos para crear sus negocios. De hecho, dentro las empresas innovadoras, existen esquemas específicos para incentivar el emprendimiento y garantizar que la generación de ideas y la puesta en marcha de iniciativas sea parte del día a día de la vida laboral. En industrias asociadas a la tecnología (por poner un ejemplo) el emprendimiento interno no sólo es clave para crecer la rentabilidad, sino para subsistir en un entorno cada vez más competido.

En meses recientes he estado en contacto continuo con emprendedores (principalmente jóvenes) y la mayoría de ellos manifiesta un gran deseo de crear su propia empresa y de ser “dueño de su destino”. Es una gran noticia para nuestro país que se esté gestando este gran movimiento de futuros empresarios, pues ese cambio que varias generaciones han estado impulsando se concretará con personas que crearán riqueza y además generarán empleos. Pero también es una alerta para las corporaciones establecidas, pues muchos talentos ya no ingresarán a sus filas laborales. A nivel mundial este efecto ya se ha presentado y es por ello que en algunas industrias los grandes empresarios son muy jóvenes (alrededor de los 30 años de edad) con empresas también muy jóvenes, unas con menos de 10 años de antigüedad.

En este sentido, dentro las corporaciones mexicanas, es fundamental que esta transformación cultural que generarán los jóvenes emprendedores sea acompañada con una vocación de innovación interna que impulse el intraemprendimiento y por tanto que atraiga, desarrolle y retenga al talento.

Un colega del banco me compartía que cuando asiste a impartir su conferencia anual en el IPADE enfatiza a los graduados de la maestría en administración que no pierdan de vista que el país no sólo necesita nuevos empresarios, sino ejecutivos que dirigirán las grandes corporaciones en el futuro. Esta premisa debe pasar del discurso a acciones específicas que impulsen la innovación y en paralelo el deseo de que los talentos jóvenes vislumbren su futuro dentro de una empresa.

Dentro de las empresas tenemos el reto de “industrializar” el emprendimiento y no depender de espíritus o grupos aislados auto motivados y generosos. Muchos de ellos emprenden porque es su naturaleza y pocas veces son retribuidos en la misma relación que generan sus aportaciones. Algunas veces son reconocidos como talentos críticos y se genera un esquema de blindaje para que su talento sea aprovechado por la corporación, pero estas acciones son mas bien reactivas y se tratan caso a caso.

Para impulsar una cultura emprendedora dentro de las empresas que potencie y capitalice la innovación es necesario instalar un modelo específico que contemple cuando menos 3 dimensiones:
1. Talento. Detección, desarrollo y retención de las personas que aportan o aportarán iniciativas de valor.
2. Esquemas promotores del emprendimiento. Con procesos y políticas que capturen las ideas de los empleados y que de manera sistemática se conviertan en proyectos orientados a la ejecución y puesta en marcha en el mercado.
3. Incentivos. Retribuir a los emprendedores será un motivador tangible que permitirá que estos talentos sean generosos y también que los talentos ocultos salgan de su actividad cotidiana y nos sorprendan con su capacidad.

En un estudio reciente, Ernst and Young ha identificado 6 acciones adicionales:
1. Establecer una estructura formal que impulse el intraemprendimiento
2. Solicitar ideas a los colaboradores
3. Armar y dar rienda suelta a una fuerza laboral diversificada
4. Diseñar una trayectoria laboral para los intraemprendedores
5. Explorar iniciativas de innovación por parte del gobierno
6. Prepararse para las dificultades de un entorno emprendedor interno

El entorno empresarial mexicano sufrirá grandes y positivos cambios en el futuro próximo y cada uno de los que participamos en el mercado profesional deberemos prepararnos para enfrentarlo de la mejor manera. Para cualquier empresa, sea micro, pequeña, mediana o grande el reto principal será innovar y para ello será indispensable contar una cultura emprendedora.

En lo individual debemos evaluar cómo es que estamos aportando en este sentido. Nos irá mejor si participamos en equipos que generan ideas continuas y que ponen en marcha innovaciones que generan valor; contra equipos que se conforman con su estatus de confort. Por ello es recomendable actuar cuanto antes y desarrollar ese espíritu emprendedor que todos tenemos. Estamos a tiempo.

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Notas al margen:

1. Este post es el número 200 publicado en Águila griega.

2. Imagen de corbis images

Jueves ordinario: ideas en ejecución

Imagen de Corbis

Dicen que los jóvenes son el futuro. Aunque siempre me ha parecido que son el presente. En su consciencia en desarrollo y su actitud arrolladora demuestran una pasión exacerbada por el presente. Siendo incluso más precisos: por el continuo del presente; por esos momentos llenos de intensidad que parecen extenderse una y otra vez, encimándose entre instantes efímeros que con su choque rozan la eternidad a través de una sensación plena de existencia. Casi sin tiempo. Así: existiendo, disfrutando, siendo; y a la vez, proyectando nuevos momentos. 

Los jóvenes en todo caso serán el futuro que para muchos de nosotros se ha convertido en presente. Tal vez a eso nos refiramos los adultos cuando –con una actitud egocéntrica- utilizamos la realidad propia para describir al objeto; sin ser conscientes del arraigo y vértigo que nos causa ser tan sujetos. Por eso proyectamos nuestros sueños más intensos en el pasado: en nuestra juventud ida, que alguna vez fue futuro y que hoy está siendo. Así: conciliando diferentes tiempos, cruzando sueños, logros, fracasos; recordando eventos que están por venir. 

Pues bien. Nuestros jóvenes mexicanos están despertando hacia nuevas ilusiones. La globalidad y su juventud está desarrollando una generación transformadora, echada para adelante, dispuesta a probar nuevas fórmulas y sobretodo sin el otrora paradigma de que alguien más va a proveerles de ese bien tan preciado que nombramos felicidad. Saben que el futuro está en sus manos y pareciera que sus padres no los desengañan y por el contrario los alientan. Jóvenes con padres soñadores. ¡Qué combinación! Algo pasará; algo bueno ya está pasando. No hay duda.

Dentro de nuestra juventud se está desarrollando un inconsciente colectivo disruptivo: es posible construir nuestro futuro; y además de posible es deseable hacerlo con un emprendimiento propio. Pareciera que poco a poco va descubriéndose el gen de la consciencia individual responsable. Ése que genera satisfactores propios y que al mismo tiempo contiene una inteligencia colectiva ganadora. Es un gen que se extenderá como plaga y que eliminará viejas enfermedades, entre las que destacan el amor al populismo y la resignación a la corrupción o a la falta de transparencia. Ahí viene el gen. Cuidado políticos y funcionarios públicos corruptos. Ya viene una nueva generación a derrocarlos y a terminar con su fiesta tercermundista. 

Datos para respaldar los párrafos anteriores hay muchos y suficientemente fiables para evidenciar lo que está sucediendo. Más allá de esos hechos irrefutables, hoy quise compartir en este jueves esa emoción que se respira en esa generación y que se extiende irremediablemente hacia los adultos que hoy estamos liderando los principales proyectos del país. Se siente una comunión entre nuestros sueños pasados y su presente lleno de ilusiones. Con ideas en ejecución a través de proyectos empresariales que están siendo realidad.