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Jueves ordinario: ideas en ejecución

Imagen de Corbis

Dicen que los jóvenes son el futuro. Aunque siempre me ha parecido que son el presente. En su consciencia en desarrollo y su actitud arrolladora demuestran una pasión exacerbada por el presente. Siendo incluso más precisos: por el continuo del presente; por esos momentos llenos de intensidad que parecen extenderse una y otra vez, encimándose entre instantes efímeros que con su choque rozan la eternidad a través de una sensación plena de existencia. Casi sin tiempo. Así: existiendo, disfrutando, siendo; y a la vez, proyectando nuevos momentos. 

Los jóvenes en todo caso serán el futuro que para muchos de nosotros se ha convertido en presente. Tal vez a eso nos refiramos los adultos cuando –con una actitud egocéntrica- utilizamos la realidad propia para describir al objeto; sin ser conscientes del arraigo y vértigo que nos causa ser tan sujetos. Por eso proyectamos nuestros sueños más intensos en el pasado: en nuestra juventud ida, que alguna vez fue futuro y que hoy está siendo. Así: conciliando diferentes tiempos, cruzando sueños, logros, fracasos; recordando eventos que están por venir. 

Pues bien. Nuestros jóvenes mexicanos están despertando hacia nuevas ilusiones. La globalidad y su juventud está desarrollando una generación transformadora, echada para adelante, dispuesta a probar nuevas fórmulas y sobretodo sin el otrora paradigma de que alguien más va a proveerles de ese bien tan preciado que nombramos felicidad. Saben que el futuro está en sus manos y pareciera que sus padres no los desengañan y por el contrario los alientan. Jóvenes con padres soñadores. ¡Qué combinación! Algo pasará; algo bueno ya está pasando. No hay duda.

Dentro de nuestra juventud se está desarrollando un inconsciente colectivo disruptivo: es posible construir nuestro futuro; y además de posible es deseable hacerlo con un emprendimiento propio. Pareciera que poco a poco va descubriéndose el gen de la consciencia individual responsable. Ése que genera satisfactores propios y que al mismo tiempo contiene una inteligencia colectiva ganadora. Es un gen que se extenderá como plaga y que eliminará viejas enfermedades, entre las que destacan el amor al populismo y la resignación a la corrupción o a la falta de transparencia. Ahí viene el gen. Cuidado políticos y funcionarios públicos corruptos. Ya viene una nueva generación a derrocarlos y a terminar con su fiesta tercermundista. 

Datos para respaldar los párrafos anteriores hay muchos y suficientemente fiables para evidenciar lo que está sucediendo. Más allá de esos hechos irrefutables, hoy quise compartir en este jueves esa emoción que se respira en esa generación y que se extiende irremediablemente hacia los adultos que hoy estamos liderando los principales proyectos del país. Se siente una comunión entre nuestros sueños pasados y su presente lleno de ilusiones. Con ideas en ejecución a través de proyectos empresariales que están siendo realidad.

Jueves ordinario: ¿quién dejó salir a los perros?

La reflexión del día de hoy es breve y centrada alrededor de la visión de los economistas de latinoamérica de Credit Suisse (CS), publicada el día de hoy. En su opinión, la escalada del crimen organizado es una amenza para la consolidación de la recuperación económica del país.

En su artículo Mexico: Who let the dogs out? señalan con gran desesperanza:

… three months ago, we wrote that organized crime was defying the state more openly than ever before. Sadly, it is our perception that this problem has worsened materially since then. Who let the dogs out?

Enlisto a continuación los principales puntos publicados del prestigiado Banco Suizo y un comentario en color azul:

  • Los problemas del crimen van más allá de los asesinatos reportados diariamente. Ya no puede aceptarse que los crímenes son entre cárteles de la droga, pues hay una oleada de secuestros, extorsiones y violación a los derechos de propiedad. Aunque no se ha cuantificado el impacto en la economía, los especialistas del banco europeo afirman que es un hecho que el costo de hacer negocios en México se ha incrementado. // Debemos entender que el principal problema del país es la inseguridad y aunque existimos millones de mexicanos optimistas, trabajando diario y con ilusión, debe resolverse este problema con la mayor prioridad. 
  • El gobieno debe apegarse a su estrategia. Continúa el reporte señalando que no le queda otra a Felipe Calderón que continuar combatiendo al crimen organizado. Que tiene un inesperado 55% de aprobación de la población y que habría que aprovechar esa situación para pedir una ayuda explícita de Estados Unidos, además de profundizar en políticas sociales de salud y seguridad. // Me parece que en este punto tanto el análisis como la recomendación del CS es superficial y tibia.
  • El crimen ha impactado negativamente en varios aspectos. Señalan que el principal es la falta de inversión, medida por la inversión fija bruta. // No está claro que el crimen sea el principal factor; pareciera que está más asociado con la debilidad del consumo interno.
  • No hay diferenciación en el crecimiento de los estados del norte, ni en los mercados financieros ni en las expectativas de crecimiento. // De una manera muy extraña el artículo comenta en tres párrafos seguidos que no hay impactos visibles del crimen ni en las economías regionales, ni en los mercados cambiarios y que las expectativas de crecimiento siguen siendo favorables para el segundo semestre del año. ¿Entonces dónde está el argumento de los perros relacionado con los números?

Podrán observar algo similar en las expectativas siguientes del artículo; la verdad es que no redondean su idea inicial: y el título que atrapa, acaba por decepcionar: por tibio y por falta de evidencia numérica.

Rematan con algunos datos en gráficas sobre el crimen:

  • Se ha incrementado la percepción de violencia en el país
  • Ha habido más crímenes
  • Más detenidos
  • Y más confiscaciones de dinero …

Es decir, el artículo critica y alerta, pero sin fuerza. Y también le da una palmadita al Presidente, señalando que su popularidad es alta y su estrategia correcta.

No estoy seguro que esta sea la crítica que requiera el país para mejorar.

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Video al margen para animar este jueves que ya se me hizo viernes 

Jueves ordinario: la autogestión profesional

“History great achievers – a Napoleon, a da Vinci, a Mozart – have always manager themselves. That, in a large measure, is what makes them great achievers. But they are rare exceptions, so unusual both in their talents and their accomplishments as to be considered outside the boundaries of ordinary human existence. Now, most of us, even those of us with modest endowments, will have to learn to manage ourselves. We will have to learn to develop ourselves. We will have to place ourselves where we can make the greatest contribution. And we have to stay mentally alert and engaged during a 50-year working life. Which means knowing how and when to change the work we do”. 

Con este párrafo inicia Peter R. Drucker su artículo publicado en enero de 2005 en la Harvard Business Review, titulado, Managing Oneself. Ampliamente recomendable el artículo de Drucker, no únicamente para aplicar sus propuestas en la vida profesional. También son aplicables a las demás dimensiones de nuestra vida. Hay una versión en español que se vende junto con las compilaciones de la HBR y también puede adquirirse en amazon en archivo electrónico. Sirve además como una buena introducción para explorar el entorno de nuestras carreras profesionales y algunas acciones que debiéramos estar tomando al respecto.

Para complementar esta cita, repasemos tres situaciones que se están presentando hoy día: 

1.- Sobreviviremos a las empresas. En las generaciones anteriores, era muy probable que los empleados entraran a trabajar a una corporación que seguiría existiendo aún después de la muerte del empleado. Lo que implicaba que uno de los factores de éxito estaba directamente relacionado con la elección de la empresa donde trabajar. Para desarrollarse dentro de ella, crecer en la estructura y poder retirarse con una pensión suficiente para los años de vejez. Actualmente esto no es así. Lo más probable es que los empleados sobrevivamos a las empresas a las que actualmente estamos ligados. 

2.- Esperanza de vida en aumento. La esperanza de vida se ha incrementado dramáticamente por los avances de la ciencia y la mayor consciencia de prevención de salud. Lo que impacta la vida empresarial y laboral cuando menos de dos maneras. La primera: la edad de jubilación (donde siga existiendo) se está moviendo de 55 años a 65 años. En el futuro próximo es posible que se incremente a 70 años. La segunda: por lo anterior es un reto mantenerse sano física y mentalmente cuando lleguemos a los 60 años, pues muy seguramente seguiremos con una actividad profesional. (Es conveniente que los millonarios –que siempre serán minoría por cierto- también mantengan esta salud mental y física para lo que se les antoje). 

3.- Fusiones y adquisiciones. La tendencia competitiva global es claramente concentradora, lo que implica que las empresas sumen esfuerzos técnicos, estratégicos, financieros y de cualquier variable que implique un incremento en el valor de capitalización de mercado para concretar los objetivos crecientes de los accionistas, o simplemente para sobrevivir. Por ello, es muy probable que en nuestra carrera laboral experimentemos varias veces estos procesos transformadores, que muchas veces son muy traumáticos: ya sea por despidos masivos, ya sea por transformaciones internas de la cultura laboral. En la empresa donde laboro han existido más de 30 procesos de este estilo y la empresa está cumpliendo apenas 75 años. Claro, con un control accionario muy diferente al de hace 7 años.  

En este sentido, es indispensable dirigir nuestra carrera profesional desde la planeación. Para ello, extracto las principales recomendaciones de Drucker que seguramente nos ayudarán e evaluar que tan bien estamos gestionándonos a nosotros mismos. 

a)      ¿Cuáles son mis fortalezas? Es importante seguir la recomendación griega clásica de conocerte a ti mismo. Y además concentrarse en desarrollar estas fortalezas. Y no invertir mucho tiempo en áreas con muy bajo desarrollo.

b)      ¿Cómo me desempeño mejor? Principalmente está dirigido a saber de manera cierta cuál es la manera de aprender, por tanto de actuar. ¿Cómo aprendo mejor: leyendo o escuchando, hablando o escribiendo? ¿Destaco en solitario o con un equipo? ¿Cómo líder o cómo colaborador? ¿Bajo estrés o en un ambiente tranquilo? ¿En una empresa pequeña o en una grande? ¿Cómo tomador de decisiones o como asesor? ¿Cómo empleado o como dueño?

c)       ¿Cuáles son mis valores? Aquí recomienda la prueba del espejo. Consiste en que hagas lo que hagas, seas capaz de verte al espejo al día siguiente.

d)      ¿A dónde pertenezco? Conociendo muy bien los tres factores anteriores, podremos identificar en dónde debemos estar invirtiendo nuestro tiempo profesional. Es una consecuencia.

e)      ¿Cuál debe ser mi contribución? Normalmente pocas personas se realizan esta pregunta. Y cuando lo hacen lo resuelven parcialmente. Para lograr responder de manera efectiva debemos enfatizar en ¿cuál debe ser mi contribución? Dadas mis fortalezas, mi desempeño y mis valores, ¿cómo puedo lograr una gran contribución de acuerdo a las necesidades? Y sobretodo, ¿qué resultados debo obtener para ser diferenciador?

f)        Responsabilidad en las relaciones. Muy pocas personas han logrado resultados extraordinarios de manera individual. La mayoría trabajamos con otros y somos efectivos a través de la suma del equipo. En este sentido, es importante aprender a gestionar a los demás. No únicamente a los pares y a los subordinados. También al jefe. Drucker le llama “the secret of managing the boss”. 

En resumen, no es una opción más que tomemos la responsabilidad completa de nuestra vida profesional: es la única opción. Parece obvio, pero ¿lo estamos haciendo realmente?

 

Jueves ordinario: la adolescencia

“Ya es cuarta”, insistía el Mad. “No Orejas, es apenas tercera”, recriminaba Alex Villafuerte y continuaba: “La del poste y la que no me tocaste ahorita, ¿cuál mas?”. “Pues la que soltó el Chido”. “No manches, esa fue en la serie pasada”. “Bueno, bueno, para que no digan que no les damos chance que sea tercera”, finalizaba Vicente Bayardo, quien siempre buscaba conciliar. Tal vez se sentía obligado, pues casi todos los días de ese verano de 1988 nos reuníamos afuera de su casa para jugar Tochito. En Rada, en las Águilas.

Teníamos 16 años unos y 17 otros. Por cierto que Héctor Marín consiguió una versión de Juan Gabriel al respecto en cassette. Ese verano no hicimos más que reunirnos y disfrutar de la no responsabilidad. A la mitad de la prepa, sin preocupaciones por el futuro. En plena adolescencia. Con copetes exagerados, cinturas de 28 (a excepción del cuñado de Edson) y el rock ochentero en su apogeo. Fiestas de paga y vasos de plástico.Siempre he creído que sabíamos perfectamente que nuestra principal obligación era disfrutar al máximo nuestra juventud. Antes de que fuera demasiado tarde. Intensamente, con alguno que otro exceso, pero nada para asustarse. Ya vendrían tiempos de ocuparse. De definir nuestros caminos y tomarnos un poco más en serio, de hacernos cargo de nuestra individualidad en toda la dimensión de la palabra. Fuimos privilegiados.Pues bien. El lunes pasado se inauguró la Semana Nacional Pyme en el Centro de Convenciones ubicado a un costado del Hipódromo. Fue el presidente Calderón y por 7° año consecutivo la organización estuvo a cargo de la Secretaría de Economía (SE).El miércoles se rompió récord de asistencia y los principales emprendedores y empresarios asistieron al pabellón de Financiamiento. Dentro de esta semana, la SE trata de difundir y hacer realidad la gama de programas que tiene para impulsar el crecimiento y desarrollo de estas empresas.Las Pymes (que incluyen también a las Micros) ascienden a casi 4 millones de entidades y aportan el 63% del PIB y el 79% del empleo del país. Por ello, es casi obvio que la única manera de que México salga del subdesarrollo es a partir del crecimiento sostenido de las Pymes. Sin embargo, la situación no es muy alentadora, pues 8 de cada 10 empresas fenecen durante los dos primeros años de vida. Por ello, los flujos de inversión no fluyen con el volumen que se requiere.La principal causa de su fracaso, contrario a lo que se piensa, no tiene que ver con factores macroeconómicos, sino por falta de capacidades de los empresarios, desde el planteamiento de su modelo de negocio, manejo de finanzas, estrategias de comercialización, calidad de producción hasta la gestión administrativa de sus empresas familiares.No existe la conciencia de que debemos prepararnos para emprender un negocio y tener éxito con él. Yo mismo cerré hace un par de años una Consultoría Empresarial que constituí en 2003. Formo parte de las estadísticas. En mi caso, el factor de no éxito fue la falta de foco en la oferta de servicios. Aprendí muchísimo de la experiencia y algún día la capitalizaré.En fin, las Pymes en su mayoría atraviesan un estado de inmadurez parecido a los años de mi adolescencia. En contraste, sin embargo, la responsabilidad de su futuro está hoy en sus manos. No hay que esperar más nada. Ni apoyos del Gobiero ni que la competitividad se incremente todavía más. Es momento de tomar cartas en el asunto y buscar desarrollar nuestras capacidades.Para ello, debemos cambiar un poco nuestra mentalidad, pues ya estamos en “cuarta oportunidad” como diría el Mad (esta vez con razón) y ya no queda tiempo para poder desarrollarnos. Un factor crítico que debemos considerar es que los que trabajamos para las empresas como empleados también debemos pensarnos como emprendedores. Tomar la responsabilidad de nuestra carrera, planeando nuestro futuro y desarrollando nuestras capacidades.He de mencionar que mis cuates de la prepa están hoy día con su carrera profesional en sus manos. Nos reunimos un par de veces al año y normalmente la plática se dirige a esos meses de improductividad. Los recordamos con gusto, pero estoy seguro que no los añoramos y mucho menos quisiéramos seguir viviéndolos eternamente.

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Nota al margen:

El pasado martes fui a dar una Conferencia en la Semana Nacional Pyme. La exposición giró en torno a nuestra oferta específica para estas empresas y le invertimos gran cantidad de tiempo a preguntas y respuestas. Derivado de este diálogo con los empresarios, estudiantes y periodistas, explicamos la causa por la que la banca comercial usualmente no financia empresas con antigüedad menor a dos años.

Comparto con ustedes algunos artículos relacionados con esta conferencia (dar clic en el link):

Fracaso de pymes inhibe a los bancos

En cartera vencida 15% de capital semilla para PyMES

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Jueves ordinario: el egoísmo

Desde siempre he sido egoísta. También desde que recuerdo he sostenido que esta conducta no solo es perfectamente justificable, sino que representa un valor fundamental del ser humano que deberíamos ubicar en el lugar que le corresponde: en todo lo alto. Sin descaros, con razones.Para Thomas Hobbes, el “hombre es el lobo del hombre”. La esencia del ser humano es competitiva y egoísta, lo que lo impulsa a una búsqueda insaciable de poder. Dado que éste (poder) se obtiene a costa de los demás, se desata una lucha violenta que termina o con la muerte o con la instauración de un soberano poderoso: Leviatán. El egoísmo es para Hobbes causa directa de la violencia. No es menor su postulado, toda vez que abrió una nueva visión a la Ciencia Política en el siglo XVII.Recuerdo que en la entrada al periférico -a la altura de Las Flores de sur a norte- yacía un letrero en forma de rombo con la leyenda incomprensible para mis ocho años que decía: “Ceda el paso”. Nunca comprendí si era una recomendación, una instrucción o simplemente un grito desesperado que animaba la feroz lucha por entrar (unos) y no dejar pasar (los otros). Años después, a la hora pico, un agente de tránsito cruzaba su motocicleta en el primer carril para que pudiéramos entrar al periférico (los unos).

Adam Smith, por su parte, sostenía que la búsqueda del bien propio genera por medio de una “mano invisible” el bien común. En su obra clásica que dio origen a la Ciencia Económica en el siglo XVIII asume un par de supuestos de cooperación natural y respeto de las leyes, pero eso no elimina la inclinación por buscar el beneficio propio. El egoísmo es para Smith causa directa de la generación de riqueza e indirecta del bienestar social.

“Si viaja con un niño, primero póngase usted la máscara de oxígeno y después coloque la máscara al menor”, nos recomiendan en los aviones previo a despegar. Se reconoce la utilidad de anteponerse uno al otro, del tal forma que uno sea capaz de salvar al otro. Es decir, podemos ayudar solo si tenemos las condiciones para hacerlo.

Diariamente, al igual que millones de habitantes de la ciudad de México, soy víctima del egoísmo irracional de los conductores de taxis y microbuses (principalmente). Además de que son cientos de miles, cumplen cabalmente con la expectativa de hacernos pasar momentos desagradables. Se “cierran”, se paran, dan vueltas en los lugares más inoportunos; rebasan, se vuelven a “cerrar”, suben pasaje y -por si fuera poco- te mientan la madre si es que acaso les reclamas o los volteas a ver. Su conducta es -sin embargo- más irracional que egoísta, pues si tuvieran un poco más de visión, ya hubieran deducido que propiciar un ambiente de cooperación vial, les brindaría beneficios directamente a ellos. ¿Por qué entonces no cooperan?

La teoría de juegos a través de un postulado conocido como “El dilema del prisionero” ilustra cómo ante ciertas circunstancias el incentivo a no cooperar es muy alto. En resumen, atrapan a dos delincuentes a quienes por separado les ofrecen un trato con 3 resultados posibles: 1) Ambos confiesan y son condenados a 6 años, 2) Los dos lo niegan y por no tener pruebas suficientes son condenados solo a 6 meses y 3) Uno lo niega y el otro confiesa, el primero es condenado a 10 años y el segundo sale libre. Los prisioneros conocen claramente las reglas y aún cuando les conviene la opción 2 (negarlo) para obtener sólo una pena de 6 meses, el resultado del juego es que confesarán, pues la existencia de la posibilidad 3 los orillará a elegir la opción regular. Así los dos confiesan y obtienen una pena de 6 años que es menos mala que una pena de 10 años. Es decir, no se coopera por desconfianza, no por egoísmo, que es diferente.

En este sentido, el egoísmo racional además de un valor humano es la única conducta posible generadora de bienestar perdurable. Como humanidad, al buscar nuestra permanencia, es necesario ante todo y sobretodo cuidar al planeta. No hacerlo, nos liquidará como especie. Al estar directamente relacionado el calentamiento global con las actividades humanas, una actitud racional será impulsar acciones que eviten el deterioro de la Tierra. Racional y también egoísta. No hacerlo, implicaría lo contrario: ser irracionales y bastante estúpidos. Claro que hay intereses y habitos particulares que impedirán que las mitigantes se apliquen de inmediato. ¿Estamos dispuestos por ejemplo a no usar nuestros coches? Imposible en el corto plazo, pues las condiciones no están dadas.

La búsqueda de la felicidad humana emana del egosímo y se manifiesta de diversas formas dependiendo de la madurez y conciencia del individuo y de la sociedad. Así, un niño que no distingue claramente la consecuencia de sus acciones, se comportará inconcientemente, buscando de manera insaciable cubrir sus necesidades. Una sociedad inmadura se conducirá de manera similar: buscando su bienestar en el corto plazo, aún cuando esto le perjudique en un segundo momento. En contraste individuos y sociedades más concientes, se conducen de tal forma que sus acciones benefician a los demás y al mismo tiempo están satisfaciendo sus necesidades particulares. Son racionales y también egoístas.

El reto que tenemos como humanidad es propiciar situaciones tales donde existan incentivos claros y concretos para participar. No es suficiente incorporarnos valores como la bondad o la ayuda desinteresada, pues -como demuestra el dilema del prisionero- siempre existirá un incentivo para no cooperar. Es menester, en primera instancia, afirmarnos como seres egoístas y hacernos concientes de que el único camino para alcanzar nuestro bienestar personal (más o menos perdurable) es participando y cooperando con la sociedad. No hacerlo, representa una conducta poco egoísta y sí muy irracional.

Jueves ordinario: la indiferencia

Uno de los castigos más crueles que los niños pueden recibir es aquel que en mis años de primaria se llamaba “la ley del hielo”. En 1978, cuando cursaba primero de primaria, un grupo de niñas del Colegio Alemán dejó de hablarle a Silvia A. (una niña tímida que normalmente asistía a la escuela un tanto desarreglada). Me parece que todo inició como una broma (decían que olía feo), pero el tema fue creciendo a tal nivel que Silvia explotó en llanto unos días después y hubo que llamar a sus padres para que la consolaran. La reprimenda al salón entero a cargo de Frau Gaitán (mujer de voz potente y carácter fuerte) más o menos decía así: “¿Quiénes creen que son ustedes? ¿Quién les dijo que tienen el derecho de lastimar a una de sus compañeras, fingiendo que no existe? ¿En qué cabeza cabe?”. Y se tocaba -repetida y burlonamente- la cabeza con el dedo índice. Al año siguiente, Silvia ya no estaba en el colegio.

Pues bien. Que el PRD le quiere voltear la espalda al Presidente de México. El pasado 1° de septiembre los legisladores de este partido se salieron del Congreso para evitar cruzarse con Felipe Calderón, quien asistió atendiendo el mandato constitucional de entregar su Primer Informe de Gobierno. Asimismo, esta semana la ALDF (con mayoría del PRD) decidió no invitar al Presidente de México a la ceremonia del Primer Informe del Jefe de Gobierno del DF, Marcelo Ebrard.

Pareciera que -para el PRD- la existencia del Presidente es indiferente. Su estrategia para mostrarlo es ignorarlo a él y a las Instituciones del país. Tal vez piensan que si los ignoran, no existen. Recuerdo un libro de texto (también de la primaria) donde aparecía un niño revisando su mochila frente a la puerta de su casa. Buscaba su cuaderno de tareas, esperando que la nota de mala conducta ya no estuviera ahí. Nos reímos bastante en el salón al ver la expresión del niño cuando verificó que aún continuaba la mala nota. No fue suficiente desear que no existiera más.

En Economía hay un concepto de teoría de preferencias, basada en curvas de indiferencia. Básicamente sugiere que existen bienes o canastas de bienes que provocan una satisfacción equivalente. Por ejemplo, yo soy indiferente a un café de Starbucks que a uno de Krispy Kreme: me da lo mismo. Así, alguien puede ser indiferente entre comer dos hamburguesas o comer una pizza. Algunos incluso son indiferentes entre ver la televisión o ir al cine, o dormir. Es decir, existen cosas (tangibles o no) que nos brindan el mismo valor de satisfacción y normalmente son fácilmente sustituibles.

Sin embargo, la indiferencia entre personas o relaciones humanas usualmente envía una señal contraria. Es decir, finjo que me eres indiferente para provocarte una reacción. Como el grupo de niñas que aplican la “ley del hielo”: tú no existes para nosotras y sabemos (de antemano) que eso te hará sufrir. ¿Esa será la intención del PRD: hacer sufrir al Presidente de tal manera que no se inscriba al segundo año de su Gobierno?

Podría parecer un chiste, pero no lo es. Efectivamente, lo que busca el PRD liderado por su personaje mesiánico López Obrador es que Felipe Calderón abdique a su posición. Claramente la finalidad es dar un golpe de estado. Para ello, utilizan todas las tácticas posibles para descalificar (y restar legitimidad) a las Instituciones del país, desde las entrevistas de banqueta cotidianas (con frases como espurio y usurpador) hasta acuerdos formales en asambleas del partido y comportamientos de grupo para mostrar su repudio. Con el más grande castigo jamás conocido por el mundo infantil: la indiferencia.

La sociedad civil, por su parte, está destinada a tomar una posición determinante para el futuro del país. Si mostramos indiferencia al entorno político, podríamos vernos sorprendidos por una turba de barbajanes tratando de ultrajar el poder legítimo. Es por ello que no podemos darnos el lujo de ignorar a esta pléyade de individuos primitivos. Es necesario denunciarlos, evidenciar sus intereses mezquinos y con el mismo esmero del misionero hacer conscientes a quienes todavía creen en estos señores que son un mal para el país, pues representan el origen de nuestro subdesarrollo y son el principal obstáculo de progreso y bienestar para la población.

No podemos aplicarle la “ley del hielo” a la política. Ni ser indiferentes a las declaraciones de los personajes públicos. Podemos no estar de acuerdo con su ideología o su manera de conducirse, pero eso no implica que dejemos de verlos, de saber que existen. Como ciudadanos, debemos salvaguardar el sentido común, exigir cuentas a los funcionarios públicos, votar en las elecciones y alzar la voz cuando nos parezca conveniente. Así, hasta que dejen de insultar a la inteligencia humana. Y aún en ese momento, habrá que seguirlos vigilando, pues se seguirán inscribiendo año tras año a las elecciones, buscando posicionar sus intereses sobre los de la nación.

Jueves ordinario: la ambición

Cuando era niño, mi papá me llevaba al béisbol al parque del Seguro Social, casi siempre a ver a los Diablos Rojos del México. En una de las tantas ocasiones que jugaban contra los Tigres, cuando Ramón Hernández fue sacado out después de un roletazo a la tercera base, mi papá se levantó emocionado (del coraje) y le gritó: “¡Te falta hambre Abulón!”. Recuerdo que en una jugada posterior, muy similar, un pelotero dominicano de los Tigres llegó safe a primera. “Ese sí tiene ambición”, me dijo -con las palmas de las manos hacia arriba y los dedos ligeramente doblados.

De acuerdo con el gran filósofo español José Ortega y Gasset, famoso por la profundidad de sus ideas y sobretodo por la claridad y sencillez con que las exponía, la humanidad se divide en dos tipos: en una minoría calificada y en la masa ordinaria. La primera, caracterizada por la exigencia que se impone a si misma, puede alcanzar grandes logros, pues sabe que puede y quiere aportar más. La segunda, mediocre por naturaleza y miope en sus capacidades, se conforma con lo que es: una boya a la deriva.

Pues bien, esta semana se ha inaugurado el casino más grande del mundo: “The Venetian Macao”, ubicado en la costa sur de China, en Macao. Isla que desde 1999 es una de las dos regiones administrativas especiales de este país (la otra es Hong Kong). La inversión en la construcción y equipamiento del hotel fue de 2 mil 400 millones de dólares y es parte de un conglomerado turístico y comercial que recibirá más de 10 mil millones de dólares en los próximos años. Se edificarán 14 hoteles más, un área comercial, un centro de convenciones y un pabellón polideportivo.

Es un hecho que China ha sabido capitalizar muy bien la inversión extranjera con reformas a su sistema político y económico. Ha logrado aprovechar la economía global e insertarse como uno de los principales jugadores. La apertura de este hotel (réplica del Venetian ubicado en Las Vegas) es sólo un ejemplo de lo que actualmente sucede en este país asiático. China ha registrado tasas de crecimiento en su PIB superiores al 10% por más de 5 años y está combatiendo de frente a la pobreza. Aunque sus políticos insisten en que su país es y seguirá siendo comunista, su política económica es congruente con las bondades del libre mercado. Tienen ambición y saben cómo canalizarla. Aunque su ideología milenaria pareciera ser antagonista al capitalismo occidental, han sido capaces de transformarse desde el centro de su sociedad.

También esta semana, Nicolás Sarkozy (presidente francés) ha propuesto la integración de un nuevo grupo de países, el Grupo de los Trece (G13) en reemplazo del actual G7 (integrado por las 7 naciones más industrializadas del mundo). Esto implicaría la inclusión de Brasil, India, China, Sudáfrica y México. Este nuevo grupo integraría además un consejo de seguridad de la ONU ampliado. Francia está apostando por un mayor equilibrio mundial y busca incluir a países que considera que tienen peso en el ámbito económico y también en el político. Seguramente Sarkozy considera que estos 5 países tienen gran ambición con una sociedad consciente de sus capacidades y unos políticos enfocados a la aportación de valor. ¿Será?

Immanuel Kant, filósofo alemán del siglo XVIII, señaló que el hombre necesita de un ideal para poder avanzar. El ideal supremo es Dios y siempre representará la máxima aspiración del ser humano. Como cabe esperar de un filósofo cristiano, las virtudes van adelante y los deseos mundanos en la retaguardia. La ambición (entendida como el hambre de riquezas y poder), por tanto, es un pecado. Aunque la aspiración basada en valores es perfectamente válida, de hecho es una virtud. Es decir, la ideología cristiana (cuando menos con este gran pensador) permite y de hecho motiva el desarrollo personal.

En México, por la manera de comportarnos como sociedad –vista desde afuera como un todo – proyectamos falta de ambición. Necesaria para generar más riqueza y dejar atrás el subdesarrollo. Visión miope al no ser capaces de generar acuerdos y aprovechar las condiciones actuales de un mundo global, donde las oportunidades están para quienes las aproveche. En contraste, si el enfoque (a la sociedad mexicana) es desde adentro, podría decirse que el exceso de ambición de algunos políticos, empresarios, burócratas y en general de todos los integrantes de la sociedad es la causa de nuestra situación precaria. ¿Cuál enfoque es el correcto? ¿Nos falta o nos sobra ambición?

Hay ríos de tinta respecto a la ambición. La Real Academia de la Lengua la define, por ejemplo, como el “Deseo ardiente de conseguir poder, riquezas, dignidades o fama.” Ya en su frase la califica como irracional: deseo ardiente. Nos insinúa que moralmente es inaceptable. Y así también la calificaron algunos personajes de la historia:
– Voltaire: “En el desprecio de la ambición se encuentra uno de los principios esenciales de la felicidad sobre la tierra.”
– Oscar Wilde: “La ambición es el último refugio de todo fracaso.”
– Napoleón: “La ambición jamás se detiene, ni siquiera en la cima de la grandeza.”

Lo que no se dice (o cuando menos no es claro para muchos) es que sin ambición –sin ese deseo ardiente– no hay ni habrá progreso. Hay que empezar por el principio y así habría que hacerlo consciente entre los mexicanos. Requerimos un impulso como país, desde el centro de la sociedad, que nos despierte para sentir en cuerpo y alma hambre de ser exitosos. De correr y llegar a tiempo a primera base; de ganar y de no sentirnos culpables por ello.

Es necesario sembrar un deseo de triunfo personal y también colectivo. Desarrollar el hábito de ganar y de sentirnos orgullosos por los éxitos propios y también de los ajenos. Programarnos mentalmente desde nuestra niñez para aspirar a una situación superior y saber que es una obligación perseguirla. Para mejorar en lo material (claro!), así como en lo físico, intelectual y espiritual. Con el inconformismo en la mano, tener la necesidad de superarnos como personas y -con este avance individual- empujar a nuestra sociedad a un nivel más alto. Incluso a los políticos y a los deportistas que tanto nos decepcionan y nos hacen sufrir.

Una vez que lleguemos al nivel donde la ambición sea excesiva -que desbordemos en lo individual y en lo colectivo una insaciabilidad por aprender más, por aportar ilimitadamente y por exigir en consecuencia más beneficios- tal vez sea tiempo de plantear el dilema moral que (en teoría) carga consigo este deseo ardiente. Tal vez en ese momento estemos en condiciones reales de discutirlo y de tratar de ponerle límite. Y aún así habría que cuestionarlo. Habremos muchos que defenderemos este derecho que por su condición natural de supervivencia humana se convierte en una obligación: en nuestra exigencia que nos impulsa a despertarnos todos los días.