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Jueves ordinario: el futuro sucediendo en el mundo digital

Hoy por la mañana escuché a un representante de una agencia digital señalar que Facebook no es para vender. Que en México “somos bien amigueros y por eso nos gustan las redes sociales”. Como que sugería que es importante estar en las redes sociales, pero no precisó para qué. Puso el vídeo que todos hemos visto desde hace cinco años y remató con un “bienvenidos a la revolución de la era digital”.  Es un buen tipo, pero evidentemente no tiene una visión clara de este tema ni una experiencia suficiente en la ejecución de proyectos digitales. Lo que en si no es una desventaja, excepto que como muchos más que están en el mercado, se presentan como expertos. Pero basta escucharlos un par de minutos para darnos cuenta que no es así.

En México existen casi 35 millones de usuarios de internet; la mayoría se conecta para utilizar su correo electrónico y para realizar búsquedas. En Facebook hay 25 millones de cuentas y en twitter son 4 millones. Complementa esta conexión digital el número de teléfonos celulares, que alcanzan los 85 millones, de los que casi 14 millones son utilizados para navegar por internet. Claramente existe una gran oportunidad no sólo para interactuar en términos sociales, sino para desarrollar una comunidad de negocios que genere riqueza.

Conectar a estos mundos es una tarea más de los negocios que de los supuestos expertos. Por ello, esas exposiciones vacías de agencias de venta de medios son superficiales y muy alejadas de los objetivos de muchos que sí estamos buscando vender por Facebook. Aunque, como diría el refrán popular: “la culpa no la tiene el indio, sino el que lo hace compadre”. En mi red de Facebook (que sólo incluye amigos) y que no supera los 300 integrantes hay cuando menos 5 personas vendiendo regularmente por esa red. Anuncian productos importados de Europa y Estados Unidos, así como asesorías personales o servicios de belleza.

Afortundamente existen agencias de marketing que sí están en la jugada. He tenido el honor de trabajar con cuando menos tres de ellas. Cada una ha mostrado sus fortalezas que en 5 puntos podemos resumir en:

  1. Estrategia alineada a las necesidad del segmento que busca capturarse
  2. Definición de métricas de éxito en línea con los objetivos de negocio del cliente
  3. Selección y diseño de las plataformas adecuadas al mercado objetivo
  4. Desarrollo de contenido a cargo de un equipo multidiciplinario
  5. Aprendizaje y adaptación continua a los eventos no esperados (característicos de este mundo)

No pretendo señalar que estos cinco puntos son la panacea, pero sí destacar que cuando menos se deben contemplar estas dimensiones para empezar a hablar de marketing digital en términos más o menos serios. Algo muy importante que debemos buscar en quien nos asesore es que no mezcle sus intereses de compra de medios con el proyecto de redes sociales. El CEO de una empresa automotriz reconocida señalaba que el marketing digital es divergente en servicios; dicho esto, contrató a una agencia especializada en social media que no estuviera ligada a su agencia de compra de medios.

El futuro está sucediendo ya. Como suele pasar, tardaremos en comprenderlo y sólo experimentando seremos capaces de aprovechar la gran oportunidad que se está presentando. Así, los exploradores más agresivos pero también los más astutos serán los que se adelanten significativamente a su competencia.

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Notas al margen:

  • Este post lo escribí para celebrar el segundo aniversario de YoSoyPyME y para agradecer la pasión del equipo talentoso que lo ha hecho posible.
  • YoSoyPyME cuenta con un Blog donde el contenido es la clave principal, así como perfiles de Facebook, twitter y YouTube.
  • Las visitas mensuales al Blog son de 50 mil, los likes de FB superan los 26 mil y los seguidores en twitter son más de 24 mil.
  • La evolución ha sido muy interesante y en un post posterior compatiré los eventos clave.

Jueves ordinario: el desprendimiento

Es asombrosa la capacidad que tiene el ser humano de generar hábitos y acostumbrarse a ellos, aunque más asombrosa es la habilidad que tiene para adaptarse a nuevas situaciones. Cuando el cambio es por convencimiento, resulta más fácil emprender la nueva empresa y deshacerse de viejas costumbres. Aún así, el proceso de transformación implica una sacudida en nuestras emociones y no está exenta de algún tipo de resistencia.

“Estoy convencido de la estrategia, pero eso no quiere decir que no me duela un poco desprenderme de las funciones y sobretodo de las personas”, le comenté a Ramón. Él será el responsable de algunos temas que estuve gestionando durante los últimos tres años.

Hace más de un siglo un pensador alemán -que presumía filosofar con el martillo- afirmaba que la única manera de avanzar era a través de un proceso de transformación ruidoso y rompredor. Nietzsche, en su famosa obra “Así habló Zaratustra”, propuso cómo es que el ser humano podía convertirse en superhombre: debía pasar de un camello a un león; y finalmente a un niño.

El origen de la corrupción y la informalidad en nuestro país está tan arraigado que pareciera que las nuevas generaciones nacen como esos camellos a los que se refería Nietzsche. Y aunque han habido muchísimos leones en nuestra historia, no ha sido suficiente para derrotar a los malos hábitos que hemos engendrado a lo largo de tantos siglos. ¿Qué nos motivará a desprendernos de esos hábitos? ¿Hasta dónde debe llegar el resquebrajamiento social para darnos cuenta que debemos cambiar?

¿Quién no se ha sentido un poco (o un mucho) frustrado cuando está intentando instalar una idea innovadora? Me parece que casi todas las personas que se atreven a cambiar su entorno (aunque sea un poco) se han enfrentado con la resistencia natural al cambio. Quien ha logrado su cometido, seguramente también ha fracasado muchas veces y en el camino ha aprendido que no basta con generar una buena idea para hacer que las cosas sucedan. Indudablemente la lucidez mental, requiere de mucha pasión para desviar un centímetro lo que el tiempo se ha encargado de dirigir de manera continuada.

Hace unos minutos leí un tweet que sugería que en dos mil años es posible que vean a nuestra generación como el eslabón perdido de la era digital. Y es que este tiempo será el único en el que convivan varios grupos tan diversos en el uso de la tecnología. Ya lo he comentado en este espacio en el post La generación X: hoy día hay cuando menos cuatro generaciones: los veteranos, los baby boomers, la generación X y la generación Y. Los que nacimos entre 1964 y 1980 somos los X: esa generación intermedia que no nació con celular, pero que no puede soltarlo ni siquiera (o sobretodo) para ir al baño. Los que tienen treinta años y menos nacieron prácticamente con la era digital, son los Ys. En este sentido, somos los X los que hemos tenido que adaptarnos y además -contrario a las teorías de resistencia al cambio- promovemos la innovación tecnológica y la incorporamos tan rápido como podemos. Aún asi, es usual escuchar conversaciones o leer mails de nostalgia por tiempos pasados y tecnologías arcaicas, como el atari o la música de cinta en cassettes.

Hace un año conocí a un grupo de yoguis. Me gusta que su práctica la dediquen siempre a alguna intención. Casi siempre sus intenciones van en sentido contrario a poseer o a acumular. Hablan de desprenderse y me parece que lo dicen en todas las dimensiones, no sólo de bienes materiales, sino de hábitos que aprendieron en el seno de la sociedad. Unos cambian de religión, otros buscan vivir con lo indispensable y otros más se elevan a tal nivel que saben que son sólo un suspiro: un instante efímero que bien vale la pena vivirse con toda la consciencia y toda la intensidad. Si no estuviera tan apegado al mercado financiero, seguramente practicaría más yoga.

Para avanzar hay que olvidar, o lo que es lo mismo desaprender. En aspectos utilitarios, como el trabajo o los negocios, los hábitos son relativamente fáciles de sustituir: pertenecen al ámbito de la conveniencia y son paradigmas que pocas veces son determinantes en nuestra certeza cósmica. Es decir, transformar en el mundo corporativo es relativamente sencillo. Por tanto, cambiar el rumbo en grupos pequeños o en una cultura razonablemente homogénea es una empresa que deberíamos desempeñar con cierta rapidez. Esa es la razón de que la iniciativa privada y las pequeñas agrupaciones sociales son más flexibles y logran mantenerse en la punta de la innovación.

Es por ello que los cambios (como el que estamos viviendo algunos colegas) generan grandes oportunidades de desprendernos de hábitos y de entregar con toda generosidad lo que agún día nos tocó dirigir. Por supuesto, el reto es desarrollar nuevas capacidades para entregar los resultados que esperan de nosotros.

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Nota al margen:

Al equipo con el que he tenido la fortuna de trabajar y lograr resultados extraordinarios no puedo sino mas que brindarles todo mi agradecimiento. Lo he hecho en persona y lo hago en este espacio, pues bien sabe cada uno de ustedes lo que significa para mí escribir y compartir en este blog.

Jueves ordinario: el pase completo

“Vamos a echar unos pases”, nos animábamos mi primo y yo antes de bajar al estacionamiento a disfrutar de esa convivencia tan especial: al convertirnos en cómplices al imaginar partidos fantásticos e integrar equipos extraordinarios. Empezábamos lanzando ligeramente bombeado y con una espiral cómoda para atrapar el balón. Lo hicimos durante muchos años: desde los ocho y hasta los doce, quizás trece.

Hace un rato, tuve la fortuna de hacerlo una vez más, pero con mi hijo. He de decir -con mucho orgullo- que hemos mejorado significativamente. Ahora que Bruno tiene ocho años no sólo lanza muy bien, sino que atrapa mucho mejor. La sensación del pase completo es igual de satisfactoria ahora como fue entonces. En un sólo pase logramos una conexión inmediata y nos involucramos en nuestra cadencia: al lanzar y al atrapar; al atrapar y al lanzar. Es un diálogo suave con intercambio de miradas y con movimientos coordinados que nos permiten además de jugar, saber en qué está cada uno. Imagino poder hacerlo muchos años más, aún en esos años difíciles de comunicación que están por venir.

¿Cómo contrasta esta escena con la comunicación que tenemos cotidianamente con diferentes personas? ¿Cuántos pases lanzas, cuántos completas? ¿Completas?

Veamos algunos ejemplos. El político acostumbrado a hablar más que a escuchar, a prometer más que a comprender, lanza y lanza pases. ¿Quién se los completa además de sus achichincles y seguidores? ¿Se los completarán en realidad o será una mera simulación? ¿Qué pasaría si pusiéramos a Calderón a echar unos pases con Ebrard, o con Peña Nieto? Creo que cada uno lanzaría el pase e ignoraría el balón del otro. Al preguntarles, después del ejercicio, los tres dirían que sus pases fueron completados y los pases de los demás no. Sería así más o menos, ¿no?

En la oficina. ¿Cuántos correos electrónicos mandaste ayer? ¿Cuántos leíste? ¿Los leíste en realidad? Y si fue así, ¿te aseguraste de que quien te lo mandó supo que lo comprendiste, que lo completaste? Y de los que mandaste, ¿cuántos te completaron? Seguramente asististe a una reunión de esas en las que todos hablan y nadie escucha. ¿Cuál fue la dinámica? Imagina una pelota que marcara el diálogo y que quien hablara la lanzara y que quien escuchara la atrapara. Te apuesto que había muchas pelotas volando por la sala y pocas cayendo en las manos de los asistentes. Incluso, debió asistir esa persona que lleva no sólo muchas pelotas sino de diferentes tamaños y colores. ¡Qué escena fantástica llena de confusiones y caos!

Es un lujo completar pases. Comprender a las personas requiere tiempo, disposición y saber escuchar. “No me escuchas”, es un reclamo común en nuestro día a día: “no me atrapas”, parecemos querer decir, lo que también implica que “no quieres o no puedes comprenderme”. El pase incompleto causa desánimo, desaliento; cuando es reiterado provoca frustración, desesperanza. ¿Verdad que es cierto? ¡Falso! Quien se siente así seguramente es quien menos disposición tiene a escuchar.

Ayer nos comentaba un experto en exámenes psicológicos sobre ética que la manera de atrapar a quien es proclive a cometer actos deshonestos no es preguntarle si robaría, pues la respuesta automática sería que no. El truco es cuestionar sobre la moralidad que existe en su entorno: el criminal potencial o real siempre verá a los demás como los deshonestos y a él mismo como alguien común y corriente.

De esa manera, quien reitera continuamente que no es escuchado descubre inconscientemente que no tiene la capacidad ni la voluntad de escuchar al otro. ¿Puedes identificar a alguien así? ¿Te ha escuchado alguna vez con genuinuidad?

Hace unos años escribía en este mismo espacio que nos han entrenado para escribir, para hablar, incluso para leer; pero poco hicieron en la educación formal por desarrollar nuestras habilidades de escuchar. Avanza más quien tiene la capacidad innata y quien lleva al consciente la necesidad de escuchar antes de hablar.

Por supuesto tenemos que luchar contra algunas herencias que nos hicieron favor de dejar nuestros antepasados. Veamos a los aztecas, donde al Tlatoani lideraba la cúspide de la estructura social y política: el significado de Tlatoani es “el que habla”. Es decir, en nuestra historia el ser humano más valioso fue el que ordenaba, señalaba; no el que escuchaba o comprendía. Era el señor que mandaba los pases y alguien más (siempre de menor nivel) debía atraparlo. No resulta ilógico que el hábito deseado -que ha pasado de generación en generación- tiene que ver más con lanzar que con atrapar.

También hace varios años, acuñamos en mi equipo de trabajo la frase “saca la manopla”, queriendo decir con ello que antes de hablar debíamos escuchar, o dicho de otra manera: “no me batees”. Contrasta la cadencia de dos peloteros de béisbol lanzando y atrapando la pelota, que la escena en la que el pitcher envía una recta rápida y que es golpeada violentamente por el bateador. Al comunicarse, deberíamos elegir los guantes en ambas personas. Pero algunos prefieren el bate.

Recordaba e imaginaba estas líneas mientras atrapaba y lanzaba un balón de fútbol americano con mi hijo. ¿Cómo aplicaré este aprendizaje mañana en mi trabajo? ¿O ahora mismo que termine y platique con mi esposa?

Jueves ordinario: la palabra

Sarnborns Azulejos

Fue en el otoño de 1997. Asistimos doce sábados seguidos sin faltar más que a uno de ellos. Pasaba por mi primo Alejandro a su casa, diez minutos antes de las nueve de la mañana, hora en que iniciaba nuestro diplomado de Oratoria. Nos dirigíamos a una casa acondicionada para dar estos cursos en la calle de Hortensia, en la colonia Florida, al sur de la ciudad. No recuerdo exactamente bien cómo es que un Economista y un Ingeniero Químico recientemente contratados en su primer trabajo eligieron estudiar esta disciplina. Seguramente imaginábamos que en el futuro próximo nos serviría para desempeñarnos mejor dentro de nuestro ámbito laboral. 

Unos meses después me cambié a un área de capacitación, donde cada quince días impartía un curso de crédito. Mi primo ingresó a PEMEX y parte de sus funciones consistían en demostrar -con un modelo a escala- cómo es que la seguridad es fundamental en la petrolera mexicana. Sin duda, el diplomado se pagó con creces desde el principio. Pues una de las enseñanzas que hicimos nuestra en esos años fue respetar a la palabra. Utilizándola como medio para expresarnos mejor y sobretodo situándola como nuestra carta de presentación. 

En 2000 se vivieron cambios importantes en la empresa donde laboraba. Fuimos adquiridos por un grupo internacional y el proceso de fusión fue muy intenso. Precisamente trabajaba en el área de capacitación. Recuerdo que uno de los momentos más difíciles fue un rumor que circulaba por los pasillos, donde se afirmaba que nuestro jefe sería despedido. Así, nos reunimos Alfredo, Jorge, Rogelio y el que escribe en el Sarnborns de los Azulejos (ubicado en el centro de la ciudad). Los detalles no puedo difundirlos, pero básicamente acordamos seguir trabajando con la intensidad que nos caracterizaba, por una parte, y buscar mejores horizontes dentro de la empresa, por otra. Fue el Pacto de los Azulejos. Basado en la palabra. 

A más de siete años el pacto sigue respetándose fielmente. Los resultados han sido exitosos en términos generales y me parece que los cuatro encontramos más o menos lo que buscábamos. Sigue corriendo nuestra carrera profesional, por lo que realizar una evaluación de los logros podría ser parcial e incompleta. Lo destacable es que hubo situaciones difíciles que lo pusieron a prueba y en ningún momento hubo titubeo por parte del grupo. 

Hace unas semanas comimos con nuestras familias. Para ver los juegos de americano, pero sobretodo para reunirnos. La plática varias veces se desvió al trabajo, pero no salió el tema del pacto. De hecho, nunca ha salido desde esa noche de octubre de 2000. Se respeta y secretamente lo mantenemos vivo. 

También hace unas semanas me reuní con mi primo Alejandro y recordamos el pacto que hicimos hace trece años, un mes después del fallecimiento de mi primo Marcos. Fue precisamente aquí en Ixtapa, desde donde comparto un par de recuerdos. Contemplando el mar y sintiendo cómo la brisa recorre mi rostro.