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Tres regalos y un compromiso | Jueves ordinario

Me encanta esta hora. Desde pequeño me acostumbré a despertar muy temprano. Son las cinco y media de la mañana. Desayunamos algo ligero antes de la competencia. Estoy expectante. Será mi primera vez. Apenas llevo unas cuantas semanas entrenando, pero me siento confiado: “voy a disfrutarlo”, me repito.

Primer regalo. Tenía la imagen de que saldríamos desde la playa corriendo al lago. Pero Teques no tiene playa. Estamos adentro esperando la salida. Y suena el disparo. Me extiendo y trato de alejarme de los demás: hacia adelante, no hacía un lado cómo me recomendaron. “Da seis brazadas, levanta la cabeza y ubica la boya”. Eso hago. Pronto me doy cuenta que debí respirar cada dos. Los primeros cien metros son extenuantes. “Si así va a estar toda la competencia…”, aparece de pronto la idea que aniquilo con una brazada. Busco ritmo. Encuentro a Perlita. Va por ti Amor. La natación te la dedico. Es tuya. Saldrás en unos minutos. Será tu turno cuando termine. Siente mi energía, voy disfrutando. El sol es mi referencia cuando salgo a respirar de mi lado derecho. Me olvido de todo por varios minutos. Recuerdo la boya cuando toco con mi mano el pataleo del que va adelante. Otros quinientos metros. Cada brazada fue por ti amor. Doblamos a la izquierda, rumbo a tierra. El recorrido se hace corto y de pronto me veo saliendo del lago. Reviso mi reloj para darme cuenta que no lo había puesto en marcha. Sonrío. Me quito la gorra. Gracias por acompañarme amor mío. Tu compañía es un regalo invaluable.

Segundo regalo. Es la primera vez que voy a rodar. Tengo confianza en las horas y horas que pasé de niño en mi Magistroni de tres velocidades. Son treinta kilómetros. Lo divido en tres: Emma, Paula y Bruno.

Me subo a la bicicleta después de la transición. Estoy emocionado. La subida me ayuda a sentir el esfuerzo. Avanzo suave y conforme nos acercamos a la autopista del sol voy tomando confianza. Como Emma cuando corre o nada. La veo haciendo su cara de pirata. La escucho pronunciando las nuevas palabras que va aprendiendo. Sonríe en el kilómetro cinco cuando alcanzo por primera vez más de treinta km/h en mi vida. “Papá”, la escucho gritarme cuando pedaleo con fuerza en la subida. Gracias Emma por estos diez kms.

Vamos bajando a más de cuarenta km/h y veo a Paula nadar en su competencia. Físicamente es muy hábil. Sabe atrapar balones de americano y lanzarlos con destreza. En el colegio va despertando a su vocación de relaciones interpersonales. Desborda pasión en todo lo que hace. “Te quiero y también a mi mamá”. Es consciente de su desarrollo. Sabe que la repetición la hace experta. “¿Aprieto el menú, papá?”, al manejar el control remoto. Las endorfinas hacen su trabajo y al imaginarla correr a abrazarme ruedan un par de lagrimas sobre mis mejillas. Gracias Paula por estos diez kms.

Vamos bajando nuevamente. Imagino que voy llegando al TEC a dejar a Bruno a su primer día en la prepa. Veo pasar a un grupito de chavos que va haciendo drafting. Poco antes me hice a la derecha. Escuche que gritaban izquierda. Uno de ellos le grita a un competidor que iba adelante y que tardó en moverse. Me pareció excesiva la reacción. Ninguno de ellos va por el podio. Hace poco Bruno tomó la decisión de cambiarse de escuela; poco a poco va marcando el rumbo de su vida y su gran personalidad humana le genera no pocos amigos. Es muy sereno en su actuar, mucho más de lo que yo lo fui cuando empecé la prepa. En la subida trato de alcanzarlos y por un tramo voy pegado a ellos. “Cómo le echan salsa a los tacos”, pienso al ver que su capacidad es menor que su presunción. Cada vez me siento más cómodo; no quiero bajarme, ni siquiera cuando subimos. Gracias Bruno por venir conmigo en los últimos diez kms de rodada . Transición.

Tercer regalo. Dejo la bici y me encamino a la ruta de carrera. Una leve molestia en mi pantorrilla me recuerda la periostitis de hace unas semanas. A partir de aquí ya nada es nuevo. Completé más de cien carreras de diez kms en poco más de quince años. En papel era la parte fácil, pero será (lo determiné antes) la más complicada. El primer kilómetro será para mí: hay cosas que resolver. Troto muy lento. El primer kilómetro se convierte en varios más; hasta que llegó al cinco. No salgo todavía de mi lesión y el calor del mediodía me pega en todo el cuerpo. Pienso en mis papás. No saben que estoy haciendo esta prueba y me dan ganas de abrazarlos. Así, todo el kilómetro seis les dedico mi esfuerzo. Para ellos. Nos hacemos compañía desde hace muchos años. Los amo. Gracias por todo. Me encamino al siete para terminar la competencia. Mejoro un poco la técnica y el ritmo.  Este último esfuerzo es para mí.

Gracias familia por sus regalos. Diariamente los recibo y hoy fueron claves para darle sentido al esfuerzo y superar los momentos de duda. Les correspondré regresando a entrenar como se debe y permaneciendo en todo momento en el nivel de consciencia que ustedes se merecen.

Bienvenido, aquí es la entrada

Pásale. No te quedes ahí. Titubeas como un chamaco. No voltees. Decídete. Nadie va a ayudarte. Entra ya. Es tu momento. Aunque lo niegues.

Ha sido un camino largo, ¿verdad? Pero en realidad es más corto de lo que piensas. Apenas fueron unas cuantas décadas. Ni de loco pensarías que ya eres sabio, ¿o sí? No te quejes del tiempo que perdiste, no te arrepientas de esas decisiones; da las gracias que vienes en una pieza, abraza esos recuerdos placenteros. ¿Cuál presente? Tú no tienes presente.

Siéntate. Es poco a poco. No quieras saberlo todo de inmediato. La desesperación nunca ha sido tu mejor consejera. Respira. No te quejes. Ya te lo dije. Pareces un chiquillo en un berrinche. Si vas a ponerte así, mejor te dejo solo. Ahí me avisas cuando termines de lamentar el poco sentido de tu vida. Ni me mires a mí. Tú eres el responsable.

Anda. Explora ahí. ¿Verdad que las cosas no son como las pintan? ¡Qué vueltota te diste para llegar al mismo sitio! Tal vez lo único que valga la pena es que lo ves no sólo distinto, sino con más cosas. Es que aprendiste a observar. Incluso a escuchar. ¿Otra vez a quejarte? Respira y deja de hurgar en tus bolsillos que nada vas a encontrar.

Está bien. Una pausa va a ayudar a que digieras esta nueva realidad. Que aceptes que no hay retorno. Por lo pronto, en lo que vas resolviéndote, relájate. Vas a estar acá varios años. Bienvenido. Es la crisis de la mitad de vida.

Jueves ordinario | La asincronía

Por fin me pongo el zapato.  Había pasado varios años con ese pendiente. Salía de la casa a veces descalzo y a veces mejor no salía. Todo por dejarlo al final. No es que sea una costumbre mía. Más bien era un miedo. De esos que de tanto evitarlos, acabas por encontrarlos en todas partes.

“Un, dos, tres” bajo por la escalera “cuatro, cinco, seis y siete”, esta parte es non. La que viene es par. Quisiera entrar en ritmo cuanto antes. Suena el teléfono. No es para mí. No es para nadie. Me interrumpe el conteo. Prendo el coche. Salgo. No salgo. El camión escolar bloquea en reversa y anuncia su paso con un chillido insoportable. No hay guardia. No hay salida rápida. Será uno de esos días. Uno de esos años.

Por supuesto ese zapato está menos gastado que el otro. Es un novato en todos los sentidos. Brilla y contrasta con su par mate. Quiere aprender, pero es muy ansioso. El paso ni siquiera es el que se debe. Muchos años el zapato de mil batallas cargó todo el cuerpo y avanzó sobre un pie por todos los retos. El otro zapato se quedaba inherte. Pobre, tantos años sin salir, tantas cosas sin vivir. Bueno. Pero ya salió. Por fin.

La información que se presenta es incorrecta y además imprecisa. ¿Qué posibilidades hay de cometer ambos errores? A veces pienso que es intencional. No hay peor escenario que el de un dato que no dice nada, ni siquiera una mentira. Como el comentario perdido e inoportuno. Solo interrumpe. Así, se interpone en la cadencia y deja una sensación de molestia. Las preguntas son inútiles. Las respuestas son de la misma naturaleza que la del dato errante. El vientre se hace pequeño y una sensación de vértigo me sube hasta la nuca.

Meto los zapatos a la maleta. Me pongo los tenis y me subo a la caminadora. Sonrío sin querer. Troto casi sin pensar. Vuelvo a sonreír y ahí rozo ese instante eterno que se había estado escapando por tantos meses. La cadencia mejora y la técnica aparece de pronto. Todo está listo; ya solo falta que aguante el ritmo. Hoy no quiero pensar; ojalá pudiera fluir desde el espíritu y existir sin esfuerzos conscientes. Olvido los zapatos, en particular a uno de ellos. Fue mucho tiempo que tuve que cargar con ese problema irresuelto.  Hoy me siento liviano.

Me resignó a haber salido a un compás diferente al flujo natural del día. Debo ser paciente. En la gasolinera espero más de lo normal por un problema de pago del coche de enfrente. Recuerdo esos días placenteros de echarle 50 pesos al coche y durar toda una semana de arriba a abajo. Hoy son más de 1,000. Aún así, bromeo con el despachador. No se puede pagar sin impuestos. Todo esto parece una cadena interminable de desaciertos. No fui yo, pienso. Aún así, heme aquí buscando que las cosas hagan sentido, en un movimiento errático que parece no llevarnos a sitio alguno. Heme aquí con el zapato en una mano preguntándome por qué rayos me lo puse. Tal vez debí esperar un poco más y soportar ese pequeño caos provocado por mi pendiente. Creo que al resolverlo, desajusté lo que me mantenía en equibrio. Puede ser. Regreso a mi casa y lanzo el zapato por encima de la barda. Se escucha el chillido de un gato. De ése que ni siquiera tenemos.

 

Jueves Ordinario | El túnel

Voy subiendo por el estacionamiento del edificio de Reforma. En el caracol que lleva del 3 al 4; del 5 al 6; del 7 al 8. Es de madrugada. Tengo solo un objetivo. La inmediatez de concluir un documento antes de las 8 de la mañana. Nadie va conmigo.

He perdido el ritmo. Una lesión en la pierna me sacó de las pistas. Cojeo ya sin percibirlo. Sé que lo hago porque algunos ven mi rengueo. Aun así, intento mantener la postura. Quise regresar un par de veces, pero olvidé cómo correr. Tan posible como no saber ya cómo respirar. Es un jadeo continuo.

Camino por los pasillos externos del edificio de Universidad. Son las 4 de la mañana. Tengo que revisar 2 casos para presentarlos al comité. Nadie sabe más del tema que yo. Aún así, debe prepararse minuciosamente. Soy un animal de la mañana.

Miro la reunión. Va muy lenta. Me he vuelto paciente y a la vez escéptico. El camino no es el correcto. ¿Cómo puede un comentario desviar la atención? Finalmente intervengo. Intento parar el caos y lo que parece claro para mi, es poco relevante para los demás. No lo ven. Ahí está la solución, pero no ayuda que yo la diga. Es necesario que este grupo la encuentre por si mismo: no hay atajos.

Amanece. El cielo va tornándose azul. El documento está listo. Iré por un café. Estoy satisfecho con el esfuerzo. Más tarde en la presentación de los desesperados, la desmañanada habrá valido la pena.

Se nubla mi mente. Hace unos minutos estaba lúcido como un estudiante de poesía. Ahora me pierdo entre las entrañas de un explorador de filosofía existencialista. Parezco antiguo con mi plática. Algunos confunden mi viaje al espíritu con una embriaguez vulgar. Les perdono su falta de desubicación: su certidumbre les permite ver solo unos centímetros adelante de sus narices. Pero los quiero.

Entro al comité de crédito. Es un caso fácil de explicar y difícil de defender. El presidente y su asesor se comportan como los expertos que son. Tienen todos los argumentos para declinarlo, pero lo autorizan. Hay veces que la obviedad es tan molesta que actúa contra los instintos.

Recupero el ritmo poco a poco. Sanaron mis músculos aunque en el inter perdí condición. Acabo empapado sobre la caminadora. Escucho mis latidos. Desaparece el jadeo. Me siento en la silla y bebo un pequeño sorbo de agua. Y me levanto a ver a mi familia. Se me presentan como lo único real de las 2 últimas décadas.

Me meto a la cama; hay que dormir, pues mañana muy en la madrugada tengo que regresar. Es mi cita. No importa el lugar, es la misma sensación una y otra vez. Ingreso al túnel, a veces con ritmo, a veces con esfuerzo. Me sumerjo a ese flujo que me absorbe, que me da satisfacciones, que me extingue, que cancela otras posibilidades.

Jueves ordinario: 3 anécdotas y 1 reflexión

Las Preguntas

1. Los pequeños demonios

Cuatro niños de once años discuten sobre religión; un católico, un judío, un mormón y un ateo. Después de intercambiar sus puntos de vista sobre sus creencias uno de ellos es insultado. ¿Cuál de ellos?

2. La casa blanca

Un pintor, un maestro de obras y un arquitecto tienen la tarea de pintar la casa de su patrón. El pedido fue contundente: “que sea blanca, que dure mínimo dos años y que quede lisa y suave, como piel de bebé”.

Después de una semana, el trabajo no se ha iniciado. El patrón los cita para que le informen qué está sucediendo. Después de un par de horas de deliberación, el jefe decide que solo uno de ellos realizará el trabajo. ¿A cuál de ellos elige?

3. La confusión

Una empresa líder de mercado con excelentes resultados en ventas, satisfacción de clientes y en valor a sus accionistas decide cambiar a su director general.

Desencajado el recién destituido directivo, pregunta al presidente del consejo cuál fue la razón, toda vez que entregó todo lo que le pidieron, principalmente en los rubros financieros. ¿Cuál es la respuesta?

 

Las Respuestas

1. Los pequeños demonios

Al niño ateo. – “Estúpido” lo califican y lo increpan: “¿cómo no puedes creer en tu creador”.

Días después el niño ateo le pregunta a su amigo el por qué del insulto. – “No puedo entender cómo alguien no crea en dios”, responde el amigo religioso.

2. La casa blanca

Al pintor. El patrón se dio cuenta que para ciertas tareas hay que elegir al que hace la chamba. En ocasiones involucrar a más personas, incluso mejor calificadas y con mayor visión, podría impedir que la tarea se lleve a cabo.

3. La confusión

“Precisamente por eso: porque entregaste solamente lo que te pedimos”.

 

Algunas Reflexiones

Hay tantas maneras de pensar y de hacer las cosas como vidas humanas. Aún así, muchos seres humanos insisten en creer que existe una opción superior a todas las demás: la suya.

Para necesidades de corto plazo, soluciones de corto plazo. Verdad evidente que muchas veces perdemos de vista por no asignar un espacio para planear y atender el futuro mediato.

“Cuando ya tenía todas las respuestas, cambiaron las preguntas”.

Jueves ordinario: Pacto por México, malas prácticas y primer tropiezo político de EPN

 tropiezo

En menudo lío ha metido el PRI al Pacto por México y -en consecuencia- al gobierno federal y a los representantes de los partidos que han estado coordinando los acuerdos.

Es muy difícil eliminar las malas prácticas, sobretodo cuando no se está convencido de que es necesario abandonarlas. Poco, muy poco tiempo transcurrió en el sexenio de Enrique Peña Nieto para que se generaran sospechas razonables de que la maquinaria electoral del PRI se está preparando para recibir el flujo de efectivo que le da vida, a través del Sistema Nacional de Programas del Combate a la Pobreza. Los partidos de oposición denunciaron el intento y de paso han puesto en tela de juicio la integridad completa del Pacto por México.

Y es que el Compromiso 6 del Pacto por México es un sueño que difícilmente puede cumplirse. No solamente se trata de combatir la pobreza, sino que eliminará el sesgo asistencial y el uso electoral de los programas sociales. También señala que los recursos llegarán directamente sin condicionantes a la población. Por si fuera poco, los recursos se ejercerán con reglas de operación y transparencia que permitan su evaluación y la rendición de cuentas. Cualquiera en su sano juicio quisiera que estas reglas de operación se cumplieran de manera casi automática; el problema que tenemos en nuestro país es que la operatividad política del PRI ha violado sistemáticamente estas reglas por décadas. Por ello es difícil, muy difícil que el Compromiso 6 pueda cumplirse. No se va a lograr por decreto, eso es un hecho. Antes habría que transformar la estructura de poder del PRI y sustituir en el ADN de muchos de sus militantes una batería completa de valores diferentes.

La exigencia de los partidos de la oposición de que renuncien y se realice juicio político a Rosario Robles (Secretaria de Sedesol) y a  Javier Duarte (Gobernador de Veracruz) escaló rápidamente por las actitudes tradicionales de los dirigentes del PRI -y hoy gobernantes. La primera fue la del Presidente Peña Nieto quien desestimó la denuncia y hasta bromeó recomendando a Rosario Robles que aguantara. La segunda fue la del Secretario de Hacienda Videgaray quien también ignorando las demandas de la sociedad intentó imponer la Reforma Financiera en la agenda pública. De último momento reaccionaron y cancelaron una conferencia que pudo destrozar al Pacto por México. Apareció entonces el Secretario de Gobernación Osorio Chong buscando conciliar con la oposición.

Pero el daño está hecho, cuando menos para la Reforma Financiera. Entre jueves y viernes se celebró la Convención Nacional Bancaria y el único acuerdo fue la conveniencia de posponer esta reforma. No solo faltan los amarres políticos, sino que la consistencia técnica de los Compromisos 62 y 63 (Banca de Desarrollo y Banca Comercial) es muy cuestionable. Es notorio que no existe un entendimiento consensuado entre el Secretario de Hacienda y la Banca Comercial; el primero habla de prestar más y más barato; los segundos hablan de mejorar las condiciones del país para poder hacerlo. Son complementarias ambas posturas, pero indudablemente primero va que haya un estado de derecho. Es de sentido común, pero -es posible- que en ciertas posiciones de poder el sentido común sea cada vez menos común. Ya veremos qué tanta conciencia muestra el Secretario de Hacienda con este tema la siguiente semana.

La historia está escribiéndose y como sociedad civil nos corresponde estar muy cerca de lo que están proponiendo los actores principales de nuestro país. Es un momento único el que vivimos en México, por lo que no podemos sentarnos a observar y a ser meros espectadores.

Vigilemos bien a nuestros políticos y gobernantes. Demostremos que ya no somos los niños ingenuos de antes y que hemos desarrollado conciencia y capacidades para impulsar al gobierno a que sus acciones estén orientadas a mejorar a nuestro país.

Como nota final, El Pacto por México es muy ambicioso en sus 95 Compromisos, excepto en ocho de ellos: los que van del 74 al 81 y que están relacionados con el apartado de Seguridad y Justicia. Dicho de otra forma, salvo por el problema principal que tenemos en México de inseguridad, violencia y delincuencia, los demás retos sí se atenderán con prioridad. Ojalá que sea una imprecisión de quienes redactaron este documento y no una intención real del Gobierno Federal.

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Nota al margen: comparto los Tuits que publiqué el 24 de abril de 2013 en relación con el Pacto por México en @aguilagriega

“… un Sistema Nacional de Programas de Combate a la Pobreza que eliminará el sesgo asistencial y el uso electoral …” #PactoPorMéxico

“… los recursos del Estado llegarán directamente y sin condicionantes a la población que más los necesita …” #PactoPorMéxico

“… y se ejercerán con reglas de operación y transparencia que permitan su evaluación y rendición de cuentas …” #PactoPorMéxico

El compromiso 6 del #PactoPorMéxico (combate a la pobreza) puede ser el #WaterGate de @EPN – se compromete contundentemente a lo imposible.

Ni lo uno ni lo otro se ha logrado en #México de manera clara: evaluación y rendición de cuentas. Pero se promete, se escribe y se publica.

Lo peor del #Compromiso6 es que muy rápido se intentó violar lo que se prometió que no se haría: lucrar electoralmente. #PactoPorMéxico

Los Compromisos del #PactoPorMéxico en materia de Banca son buenas intenciones. La redacción denota una falta de conocimiento preocupante.

Se habla de fortalecer a la Banca de Desarrollo en el #Compromiso62 y lo primero que se hace es nombrar a políticos no a especialistas.

El #Compromiso65 ofrece créditos oportunos y baratos a pequeños productores agropecuarios. Otra buena intención que nace del desconocimiento

El apartado 3 del #PactoPorMéxico referido a Seguridad y Justicia es el más parco y el menos comprometido, debiendo ser justo lo contrario.

Los compromisos 74 a 81 de Seguridad y Justicia son tibios, vagos y confusos; el país requiere que sean agresivos, concretos y muy claros.

Penúltima reflexión por hoy del #PactoPorMéxico – quiere abarcar todo, las prioridades no son claras y está lleno de buenas intenciones.

La última (por hoy) del #PactoPorMéxico – a pesar de sus debilidades este acuerdo cuando menos ha sentado a la mesa a los políticos.

Jueves ordinario: tweets sobre la reforma hacendaria

 

El país se encuentra en una situación inmejorable para realizar los cambios que requiere.

En cuanto a la economía y particularmente en términos macro económicos gozamos de una estabilidad que se ha extendido ya a cuatro sexenios; los pendientes son claros: crecer más y mejorar la distribución de la riqueza. El crecimiento debe ir en línea con las capacidades y el potencial que tiene México; el bono demográfico es una ventana de tiempo que disfrutaremos en los siguientes 30 años, siempre que sepamos aprovecharlo; la creación de empresas y el crecimiento de las existentes será el pan de todos los días en el futuro próximo.  La distribución de la riqueza, por su parte, aunque es un tema del estado  también estará al alcance de más mexicanos conforme haya más oportunidades de emprender y por tanto de transformar la mentalidad de empleados a empresarios.

En cuanto a la política existen factores positivos, como la alternancia en el poder y una democracia naciente que cuando menos ha sabido mantener la estabilidad. Los pendientes acá son mucho mayores y habría que ordenarlos más por lo que tenemos que hacer los ciudadanos y menos por lo que podemos esperar de los políticos (que no es mucho). Así, nuestra obligación -además de participar en jornadas electorales- podría dividirse en dos grandes apartados: 1) Rendición de cuentas y transparencia y 2) Reformas estructurales que pongan al país en una situación cuando menos equitativa para competir con las demás sociedades. Por su parte el gobierno debe cumplir con su mandato principal: preservar el orden, reduciendo dramáticamente la inseguridad. Ahí es donde debería meter la mayoría de sus apuestas; ahí es donde debería estar el Pacto por México.  Lo demás, debe sumar al orden, pero no ser lo medular.

En fin, tenemos mucho que hacer y cosas por mejorar y transformar; pero es muy probable que la situación en la que estamos es una de las mejores en varias décadas.

Uno de los factores que permitirá la generación de riqueza y por tanto la demanda de empleos es la relacionada con la reforma hacendaria. Hace un par de días el gobierno federal, a través del Secretario de Hacienda Luis Videgaray, inició con el debate y la postura oficial sobre el tema. Desde mi punto de vista empezó con una visión equivocada, al confundir los síntomas con las causas de la enfermedad, así como mezclando el bienestar esperado y la medicina que se pretende aplicar. El día de ayer publiqué una serie de tweets que quiero compartir en este espacio, a propósito de este tema. La idea de hacerlo así es presentar ideas de 140 caracteres que -aparentemente están sueltas- pero que forman parte de un diálogo en el que deberíamos participar muchos.

El orden es cronológico: el primero de los 19 tweets lo publiqué a las 10:24 pm y el último  a las 11:13 pm. Ojala sumen en el diálogo que requerimos.

El discurso de la #ReformaHacendaria está empezando por el final: beneficios de la formalidad en lugar de causas de la informalidad.

La #Informalidad tiene varias dimensiones: Empresarial evade ISR; Laboral evade cuotas obrero-patronales y Gubernamental no rinde cuentas.

Los ciudadanos debemos subirnos al debate de la #ReformaHacendaria – de ninguna manera podemos dejarla en las manos de los políticos.

50% de los empleados no paga cuotas, 80% de las empresas no paga ISR y 100% de los municipios no rinde cuentas, ¿qué es informalidad?

No podemos tolerar que el discurso tecnócrata de los políticos de la #SHCP sea vago y teórico, requerimos propuestas concretas.

Una razón por la que algunas empresas no pagan cuotas obrero-patronales es por la carga administrativa, no por el costo en sí de la cuota.

Si bien muchas empresas no pagan ISR o la totalidad de él, sí pagan otros impuestos como IVA, IDE y IETU (cuando aplicó).

¡Qué diferente sería si el discurso sobre la #ReformaHacendaria hablara de simplificación y sencillez administrativa y rendición de cuentas!

En algunos países los ciudadanos denuncian a los evasores de impuestos. ¿Tienen más consciencia o los beneficios públicos son tangibles?

Hay más, muchas más empresas bancarizadas que con cédula fiscal. El gobierno tiene que aprenderle mucho a la banca. ¡Imaginen eso!

Increíble que los políticos hacendarios no se den cuenta que los empresarios pequeños son sus mejores aliados: ignoran sus necesidades

Las #PyMEs no necesitan créditos bancarios baratos, sino facilidad en el pago de sus impuestos y cuotas, así como incentivos a pagarlos.

Los incentivos fiscales funcionales no están integrados por amenazas, descuentos ni quitas; sino los que ofrecen beneficios públicos reales.

¿Qué tal que el estado garantizara el orden público e infraestructura adecuada para hacer negocios? Los impuestos serían una consecuencia.

¿Por qué empezar al revés? “Primero me pagas, aunque yo no cumpla con las responsabilidades básicas de un estado y después yo cumplo”

Son las #PyMEs las que generan el empleo en el país. ¿Qué ofrece el estado para que sigan generando riqueza? ¿Formalizarlas? ¿De qué hablan?

La #ReformaHacendaria debe incluir la opinión representativa de los empresarios mexicanos y el diseño debe ir de la realidad a la teoría.

Finalicemos por hoy con lo de la #ReformaHacendaria – solo decir que nuestros gobernantes requieren de nuestra guía para encontrar el camino.

Jueves ordinario | El ciclo termina -y empieza- con un agradecimiento

Voy caminando por el cuarto piso: del pasillo externo hacia el interno, en el cuadrante verde; en Centro Bancomer: ahí en Avenida Universidad 1200. Una energía intensa recorre mi vientre. Me emociona regresar a ese módulo. Han pasado más de diez de años. Entrevistaré a Martha, la Directora de Riesgos. Quiero ofrecerle que se quede en las PyMEs. Estoy emocionado. Es marzo de 2008.

La decisión de entrar a Bancomer fue relativamente fácil. Coincidió la invitación que me hizo Emilia Remolina para entrar junto con ella al equipo de José Luis Limón con la percepción que tenía de que era el mejor banco. Era el año de 1997, un par de años después de la crisis. Previamente había trabajado en el Fobaproa y me tocó revisar las carteras de crédito empresarial de más de 5 bancos. Los mejores expedientes y la información más clara eran los de Bancomer. Detrás de ese trabajo estaba la mano experimentada de un funcionario bancario de los que ya hay muy pocos: Don Rogelio de la Garza.

Las primeras semanas no han sido nada buenas. La realidad es devastadora; la expectativa inicial era un sueño. “Un banco no es tan ordenado como parece”, pienso al salir por la explanada principal. Estoy aprendiendo algo que todavía no imagino. Creo que estoy desarrollando mis habilidades para ser un experto en evaluación de crédito empresarial, pero al cabo de varios años me daré cuenta que lo que en realidad aprendí tiene que ver con la cultura laboral del banco; y del país. La vivo y la sufro día a día. La burocracia. La jerarquía. La lealtad a las personas y a los equipos; a la institución. El liderazgo. La conveniencia. Las voluntades unidas; las voluntades dispersas. La capacidad de hacer con la disciplina; o la de destruir poco a poco con la mediocridad. ¿Cómo ordenar todos esos factores que se presentan de manera arrolladora con diferentes caras? No puedo. Es mucha información. No soy consciente de lo que voy aprendiendo. Es deslumbrante. Tanto, que apenas puedo ver. Es octubre de 1997.

Hace unas semanas cumplí 15 años de trabajar para Bancomer. Se ha cumplido un ciclo. Buenas cosas han pasado en mi vida. Profesionalmente he crecido gratamente; no ha sido fácil, pero ha valido la pena. Personalmente también he crecido y sobretodo he madurado; tampoco ha sido fácil: y ha valido más la pena. ¿Cómo medir 3 lustros? ¿Por el número de amigos, conocidos, contactos,  jefes, colaboradores, pares? ¿Cómo? ¿Por la profundidad en las relaciones? Difícil, ¿no? ¿Por los proyectos ejecutados? ¿Por los aumentos? No. Tal vez pueda medirse por el número de hijos; tengo dos: uno de diez años y una bebé de dos meses. Mejor. O tal vez no deba medirse; solo decirse: 15 años. Y calificarse: exitosos, felices, tristes, intensos, llenos de ilusión, con descalabros, con actitud. Eso. 15 años de actitud. Actitud positiva.

Llego a Monterrey. Me acaban de dar una promoción. Sé que los chilangos no somos muy queridos, pero al cabo de unos meses me daré cuenta que los regios siempre apreciarán a la gente trabajadora. Llego con gran ilusión. La industria bancaria apenas está abriendo la llave a los créditos empresariales. A eso voy: a prestarle a las medianas empresas. Hago amigos. Conozco y me sumerjo en la cultura empresarial de esa orbe moderna. Tan cerca de Estados Unidos y tan cerca de México. Me imagino que vivo en el futuro del país; ahí donde el trabajo, el emprendimiento y el hágalo usted mismo son una constante. “No hay crisis que aguante 24 horas de trabajo”, me confía Pepe Salgado, mi jefe y Director Divisional. Se refiere a la manera en que la sociedad enfrentó la crisis de la década anterior. Es mayo de 2004.

Sería prácticamente imposible nombrar a todas las personas que tanto me han enseñado en Bancomer. Tanto jefes, como pares y colaboradores. Me han dejado lleno de experiencias y de buenas vibras. No tengo mas que agradecer a cada uno de ustedes, amigos y colegas. Me llevo todo lo que me dieron; no dejo nada. Confíen en que utilizaré bien lo que me han enseñado. No podría ser diferente.

Regreso de la semana nacional PyME. Nos acaban de reconocer como la mejor institución bancaria, con el Galardón PyME. Entró a la sala verde, donde se celebra el Comité de Riesgos que preside Nacho Deschamps, el Director General del banco. “Felicidades”, comenta escuetamente y seguidamente me indica: “ahora a la realidad, a gestionar los riesgos y mantener una cartera sana”. Es noviembre de 2010.

El principal agradecimiento es para mi equipo. El de ahora y también a los de antes. Básicamente por aguantarme. Pero también por permitirme mejorar como líder. Con muchos hemos desarrollado una amistad que trasciende las fronteras de la relación profesional. Gracias en verdad.

Estoy en el comedor poblano. Una intensa energía recorre mi vientre. Voy a renunciar. He preparado un discurso. Lo pronuncio lo mejor que puedo. Mi jefe, Lalo Osuna, me escucha atentamente. Se sorprende al inicio, pero conforme avanza el relato comprende mis razones y mis sentimientos. Se ha acabado un ciclo. Y estoy por comenzar uno nuevo. Es octubre de 2012.

En reiteradas ocasiones he señalado que me gustaría escribir un libro con las experiencias profesionales de Bancomer. Hay anécdotas de dimensiones diversas; desde muy técnicas en términos de riesgos hasta muy humanas en términos de gestión de equipos; por supuesto que cada una de ellas está impregnada de la cultura del banco. En futuros ensayos utilizaré este espacio para compartir esas experiencias, siempre respetando la confidencialidad de la institución y la integridad de las personas. Creo que vale la pena hacerlo, pues en estos más de 5 mil 400 días que he pasado aquí hay mucho que contar y reflexionar.

Me despierto. Apenas amanece. Me maravilla el continuo del principio del día; así como ese continuo del atardecer. Ilusión y nostalgia; alegría y tristeza. Agradecimiento en ambos. A partir del 12 de noviembre trabajaré en Grupo Nacional Provincial. Me han invitado a desarrollar el segmento de PyMEs, dentro de la gran aseguradora mexicana. Es un honor. Estoy muy contento con mi decisión. No ha sido nada fácil. Empecemos otra vez. Es el 1° de noviembre de 2012.

 

Jueves ordinario | Epitafio, contratos de fiduciario y listas digitales

Hace un par de días me encontré a un amigo y colega de Fiduciario. Es poeta. Además de abogado hace unos años publicó un libro con poemas existenciales. Recuerdo un verso lleno de sangre que buscaba enardecida y decididamente el sentido de la vida. Una vez que me dé su autorización voy a publicar el poema que señalo. Bueno. El chiste es que me lo encuentro saliendo del estacionamiento. Le pregunto sobre su escritura y con una mueca me da a entender que prácticamente la ha abandonado. Bromeamos con nuestros epitafios y luego surge uno completamente absurdo: “Estandarizó los circuitos de contratación fiduciario”.

Recordé lo que me ha estado sucediendo desde que tengo tantas listas por leer. Ya era un reto leer la bandeja de entrada de mi correo electrónico cuando decidí incursionar en más listados, portales y líneas de tiempo. ¿Han revisado cuántas cosas inútiles leemos todos los días? Unas por entretenimiento y otras por vicio. Y dicen que los mexicanos no leemos. Claro que leemos; somos el país con más crecimiento en twitter. ¿Qué hacemos ahí? Pues leer. Cualquier cantidad de información y de una calidad tan diversa como el mosaico que representa nuestra sociedad. Pero es imposible leer todo lo que pretendemos. Lo peor es que los dispositivos móviles y las redes sociales nos facilitan esta conducta. “Perdido en una línea de tiempo”  será el epitafio común de muchas personas de esta época.

Hay denuncias que señalan que para estar más conectados en el mundo real debemos estar menos conectados en el mundo digital. Más conectados con nuestra familia y nuestros colegas; con nuestras ideas y sueños; menos con internautas y aplicaciones de contenido que se multiplican diariamente de manera vertiginosa. Acá el tema no es renunciar a la tecnología y al mundo digital, sino en saber seleccionar en qué inscribirte y en qué momento revisarlo.

¿En qué inscribirme y con cuántos me meto?

Hagamos un pequeño recuento. Para el portal del Facebook y una navegada en los portales de tus conocidos y de las páginas de tu preferencia, digamos tres horas diarias. El timeline de twitter que ayuda a estar informado, un poco de humor y grandes frases, ¿unas dos horas? Navegar por Pinterest otra hora y si estás empezando pues un poco más. Por supuesto media hora de rigor en LinkedIn para ver las actualizaciones de tus contactos profesionales y echarle un vistazo a las oportunidades de trabajo. Digamos que un internauta más o menos involucrado con sus redes sociales invertiría 3 de FB, 2 de twitter, 1 de Pinterest y 0.5 de LinkedIn. 6.5 horas. ¿Y la chamba? ¿Y la familia? Ah, pues por ahí también podemos meterla ¿no? ¿A poco no felicitamos a nuestros amigos en sus cumpleaños en el face; o le ponemos cosas cursis a nuestras parejas; o nos metemos en una discusión con un colega; o hasta atendemos una queja de servicio de nuestra empresa?

El gran reto es definir en qué plataforma me meto. Si no te dedicas al marketing digital no tienes por qué estar explorando las nuevas; ya llegarás en su momento a donde estén tus amigos. Digamos que elegimos esas 4: FB, twitter, Pinterest y LinkeIn. El tiempo invertido en ellas está directamente relacionado con el tamaño de tu red. ¿Más es mejor? Un estudio reciente encontró que los adolescentes tienen 600 “amigos” en FB. El promedio en twitter de seguidores es alrededor de 200 y a la mejor tú sigues a otros 300. LinkedIn unos 300 más y Pinterest digamos 100. Alrededor de 1,500 vidas diarias en sólo 4 plataformas. ¿Cómo administrar el tiempo? ¡Qué locura!

¿A qué hora?

Lo peor es hacerlo cuando debes estar con tu familia conviviendo. Es un error que muchos cometemos y me parece que ni cuenta nos damos del daño que nos hacemos. Lo segundo peor es cuando debes estar trabajando; también se hace pero en menor medida, pues en muchas empresas está prohibido o restringido; pero ¿quién puede intervenir lo que haces con tu celular? A la hora de la comida es equivalente que con tu familia, pues seguro tienes amigos con quien compartir los alimentos. La mejor que se me ocurre es que debemos agendar momentos específicos. Acordarlo con tu familia y al mismo tiempo pecar en el mundo digital. Así como cuando se leían más libros. Tú el tuyo, tu amigo o pareja el suyo; con pequeños espacios para comentar.

Una vez mi esposa y yo acordamos horas de uso del dispositivo móvil. Nos fue muy bien con el acuerdo, aunque cuesta trabajo. Se me hace que va siendo tiempo de volver a renovar esos “votos digitales”. Al final es una cosa de sentido común, pero esa “cochina” costumbre de estas época de voltear a ver el celular en cualquier momento nos está quitando tiempo de nuestras vidas.

Puede sonar un poco exagerado esto que escribo aquí, pero no sobra reflexionar. Y tomar el control de dónde invertimos nuestro tiempo. No planear es renunciar a la libertad y dejar que el entorno digital decida por nosotros. ¿Qué epitafio nos estamos construyendo?

 

Imagen de Corbis.