Bienvenido, aquí es la entrada

Pásale. No te quedes ahí. Titubeas como un chamaco. No voltees. Decídete. Nadie va a ayudarte. Entra ya. Es tu momento. Aunque lo niegues.

Ha sido un camino largo, ¿verdad? Pero en realidad es más corto de lo que piensas. Apenas fueron unas cuantas décadas. Ni de loco pensarías que ya eres sabio, ¿o sí? No te quejes del tiempo que perdiste, no te arrepientas de esas decisiones; da las gracias que vienes en una pieza, abraza esos recuerdos placenteros. ¿Cuál presente? Tú no tienes presente.

Siéntate. Es poco a poco. No quieras saberlo todo de inmediato. La desesperación nunca ha sido tu mejor consejera. Respira. No te quejes. Ya te lo dije. Pareces un chiquillo en un berrinche. Si vas a ponerte así, mejor te dejo solo. Ahí me avisas cuando termines de lamentar el poco sentido de tu vida. Ni me mires a mí. Tú eres el responsable.

Anda. Explora ahí. ¿Verdad que las cosas no son como las pintan? ¡Qué vueltota te diste para llegar al mismo sitio! Tal vez lo único que valga la pena es que lo ves no sólo distinto, sino con más cosas. Es que aprendiste a observar. Incluso a escuchar. ¿Otra vez a quejarte? Respira y deja de hurgar en tus bolsillos que nada vas a encontrar.

Está bien. Una pausa va a ayudar a que digieras esta nueva realidad. Que aceptes que no hay retorno. Por lo pronto, en lo que vas resolviéndote, relájate. Vas a estar acá varios años. Bienvenido. Es la crisis de la mitad de vida.