La llamada

Hablé a casa de mi abuelita. Esperaba que el teléfono sonara y sonara; muy en el fondo deseaba que me contestara con su voz dulce y su entonación amable. Pero no. Apenas había marcado, cuando una voz intrusa se interpuso bruscamente. Colgué apresuradamente. Se materializó otra vez su ausencia. Abuelita linda. Te quiero y extraño. Ese niño que te abrazó tantas veces sigue aquí.

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