Iniciemos el diálogo

Corbis images – Wave of water

 

Disminuyen los latidos de mi corazón. Sigo caminando, con energía y con el fin en mente, pero una relajación mental me permite un respiro de tranquilidad. Han sido días terribles de conducir al aeropuerto, bajar corriendo del coche hacia las ventanillas aéreas, perder dos aviones y redocumentar los vuelos. Hoy, sin embargo, ha sido diferente, más común: no perdí el rumbo, no hubo tráfico extraordinario, no salí en la raya.

La mañana ha sido una de esas cualquiera en que antes de las seis no ha amanecido y las calles están relativamente vacías, transitables. Los conductores tempraneros son más diestros -¿lo has notado?- lo que facilita una circulación continua. El estacionamiento está listo para recibirte, brindándote opciones excesivas de lugares. Tan corriente –la mañana- que la única fila complicada fue la de documentación del equipaje; los que se suben a ella aceptan pacientemente su suerte. Las demás filas son ágiles, particularmente la de impresión del pase de abordaje y la de los filtros de seguridad. Qué fortuna vivir en un país de atentados nulos -pienso- mientras miro a los guardias aplicar las normas con sentido común; no como en los aeropuerto del país del norte: que aplican el sentido de amedrentamiento en bruto –tanto a propios como a extraños. Hasta la fila para el café es rápida; me doy el lujo de pedirlo triple, con canela y un endulzante artificial. Leo la clave de internet en el recibo y repito sin pensar: “latte28”.

Así, con el vaso de café en la mano, caminando a la sala 12 del aeropuerto de la ciudad de México, es que me invade una calma exquisita, inesperada. La tensión de mis músculos desaparece poco a poco, la preocupación de perder el vuelo -por tercera ocasión consecutiva- se esfuma y en paralelo emerge un estado ideal para que las ideas nazcan y fluyan. Ideas que pueden rastrearse cuidadosamente desde su origen: contemplo su aparición repentina y casi espontánea, una por una; disfruto el jugueteo cuando se rozan, se funden, se alejan; así, caminando cadenciosamente, con un ritmo ágil y a la vez apacible; relajado, energizado y estimulado al iniciar este diálogo.

Empecemos.

 

Jueves ordinario | El ciclo termina -y empieza- con un agradecimiento

Voy caminando por el cuarto piso: del pasillo externo hacia el interno, en el cuadrante verde; en Centro Bancomer: ahí en Avenida Universidad 1200. Una energía intensa recorre mi vientre. Me emociona regresar a ese módulo. Han pasado más de diez de años. Entrevistaré a Martha, la Directora de Riesgos. Quiero ofrecerle que se quede en las PyMEs. Estoy emocionado. Es marzo de 2008.

La decisión de entrar a Bancomer fue relativamente fácil. Coincidió la invitación que me hizo Emilia Remolina para entrar junto con ella al equipo de José Luis Limón con la percepción que tenía de que era el mejor banco. Era el año de 1997, un par de años después de la crisis. Previamente había trabajado en el Fobaproa y me tocó revisar las carteras de crédito empresarial de más de 5 bancos. Los mejores expedientes y la información más clara eran los de Bancomer. Detrás de ese trabajo estaba la mano experimentada de un funcionario bancario de los que ya hay muy pocos: Don Rogelio de la Garza.

Las primeras semanas no han sido nada buenas. La realidad es devastadora; la expectativa inicial era un sueño. “Un banco no es tan ordenado como parece”, pienso al salir por la explanada principal. Estoy aprendiendo algo que todavía no imagino. Creo que estoy desarrollando mis habilidades para ser un experto en evaluación de crédito empresarial, pero al cabo de varios años me daré cuenta que lo que en realidad aprendí tiene que ver con la cultura laboral del banco; y del país. La vivo y la sufro día a día. La burocracia. La jerarquía. La lealtad a las personas y a los equipos; a la institución. El liderazgo. La conveniencia. Las voluntades unidas; las voluntades dispersas. La capacidad de hacer con la disciplina; o la de destruir poco a poco con la mediocridad. ¿Cómo ordenar todos esos factores que se presentan de manera arrolladora con diferentes caras? No puedo. Es mucha información. No soy consciente de lo que voy aprendiendo. Es deslumbrante. Tanto, que apenas puedo ver. Es octubre de 1997.

Hace unas semanas cumplí 15 años de trabajar para Bancomer. Se ha cumplido un ciclo. Buenas cosas han pasado en mi vida. Profesionalmente he crecido gratamente; no ha sido fácil, pero ha valido la pena. Personalmente también he crecido y sobretodo he madurado; tampoco ha sido fácil: y ha valido más la pena. ¿Cómo medir 3 lustros? ¿Por el número de amigos, conocidos, contactos,  jefes, colaboradores, pares? ¿Cómo? ¿Por la profundidad en las relaciones? Difícil, ¿no? ¿Por los proyectos ejecutados? ¿Por los aumentos? No. Tal vez pueda medirse por el número de hijos; tengo dos: uno de diez años y una bebé de dos meses. Mejor. O tal vez no deba medirse; solo decirse: 15 años. Y calificarse: exitosos, felices, tristes, intensos, llenos de ilusión, con descalabros, con actitud. Eso. 15 años de actitud. Actitud positiva.

Llego a Monterrey. Me acaban de dar una promoción. Sé que los chilangos no somos muy queridos, pero al cabo de unos meses me daré cuenta que los regios siempre apreciarán a la gente trabajadora. Llego con gran ilusión. La industria bancaria apenas está abriendo la llave a los créditos empresariales. A eso voy: a prestarle a las medianas empresas. Hago amigos. Conozco y me sumerjo en la cultura empresarial de esa orbe moderna. Tan cerca de Estados Unidos y tan cerca de México. Me imagino que vivo en el futuro del país; ahí donde el trabajo, el emprendimiento y el hágalo usted mismo son una constante. “No hay crisis que aguante 24 horas de trabajo”, me confía Pepe Salgado, mi jefe y Director Divisional. Se refiere a la manera en que la sociedad enfrentó la crisis de la década anterior. Es mayo de 2004.

Sería prácticamente imposible nombrar a todas las personas que tanto me han enseñado en Bancomer. Tanto jefes, como pares y colaboradores. Me han dejado lleno de experiencias y de buenas vibras. No tengo mas que agradecer a cada uno de ustedes, amigos y colegas. Me llevo todo lo que me dieron; no dejo nada. Confíen en que utilizaré bien lo que me han enseñado. No podría ser diferente.

Regreso de la semana nacional PyME. Nos acaban de reconocer como la mejor institución bancaria, con el Galardón PyME. Entró a la sala verde, donde se celebra el Comité de Riesgos que preside Nacho Deschamps, el Director General del banco. “Felicidades”, comenta escuetamente y seguidamente me indica: “ahora a la realidad, a gestionar los riesgos y mantener una cartera sana”. Es noviembre de 2010.

El principal agradecimiento es para mi equipo. El de ahora y también a los de antes. Básicamente por aguantarme. Pero también por permitirme mejorar como líder. Con muchos hemos desarrollado una amistad que trasciende las fronteras de la relación profesional. Gracias en verdad.

Estoy en el comedor poblano. Una intensa energía recorre mi vientre. Voy a renunciar. He preparado un discurso. Lo pronuncio lo mejor que puedo. Mi jefe, Lalo Osuna, me escucha atentamente. Se sorprende al inicio, pero conforme avanza el relato comprende mis razones y mis sentimientos. Se ha acabado un ciclo. Y estoy por comenzar uno nuevo. Es octubre de 2012.

En reiteradas ocasiones he señalado que me gustaría escribir un libro con las experiencias profesionales de Bancomer. Hay anécdotas de dimensiones diversas; desde muy técnicas en términos de riesgos hasta muy humanas en términos de gestión de equipos; por supuesto que cada una de ellas está impregnada de la cultura del banco. En futuros ensayos utilizaré este espacio para compartir esas experiencias, siempre respetando la confidencialidad de la institución y la integridad de las personas. Creo que vale la pena hacerlo, pues en estos más de 5 mil 400 días que he pasado aquí hay mucho que contar y reflexionar.

Me despierto. Apenas amanece. Me maravilla el continuo del principio del día; así como ese continuo del atardecer. Ilusión y nostalgia; alegría y tristeza. Agradecimiento en ambos. A partir del 12 de noviembre trabajaré en Grupo Nacional Provincial. Me han invitado a desarrollar el segmento de PyMEs, dentro de la gran aseguradora mexicana. Es un honor. Estoy muy contento con mi decisión. No ha sido nada fácil. Empecemos otra vez. Es el 1° de noviembre de 2012.