Jueves ordinario | Epitafio, contratos de fiduciario y listas digitales

Hace un par de días me encontré a un amigo y colega de Fiduciario. Es poeta. Además de abogado hace unos años publicó un libro con poemas existenciales. Recuerdo un verso lleno de sangre que buscaba enardecida y decididamente el sentido de la vida. Una vez que me dé su autorización voy a publicar el poema que señalo. Bueno. El chiste es que me lo encuentro saliendo del estacionamiento. Le pregunto sobre su escritura y con una mueca me da a entender que prácticamente la ha abandonado. Bromeamos con nuestros epitafios y luego surge uno completamente absurdo: “Estandarizó los circuitos de contratación fiduciario”.

Recordé lo que me ha estado sucediendo desde que tengo tantas listas por leer. Ya era un reto leer la bandeja de entrada de mi correo electrónico cuando decidí incursionar en más listados, portales y líneas de tiempo. ¿Han revisado cuántas cosas inútiles leemos todos los días? Unas por entretenimiento y otras por vicio. Y dicen que los mexicanos no leemos. Claro que leemos; somos el país con más crecimiento en twitter. ¿Qué hacemos ahí? Pues leer. Cualquier cantidad de información y de una calidad tan diversa como el mosaico que representa nuestra sociedad. Pero es imposible leer todo lo que pretendemos. Lo peor es que los dispositivos móviles y las redes sociales nos facilitan esta conducta. “Perdido en una línea de tiempo”  será el epitafio común de muchas personas de esta época.

Hay denuncias que señalan que para estar más conectados en el mundo real debemos estar menos conectados en el mundo digital. Más conectados con nuestra familia y nuestros colegas; con nuestras ideas y sueños; menos con internautas y aplicaciones de contenido que se multiplican diariamente de manera vertiginosa. Acá el tema no es renunciar a la tecnología y al mundo digital, sino en saber seleccionar en qué inscribirte y en qué momento revisarlo.

¿En qué inscribirme y con cuántos me meto?

Hagamos un pequeño recuento. Para el portal del Facebook y una navegada en los portales de tus conocidos y de las páginas de tu preferencia, digamos tres horas diarias. El timeline de twitter que ayuda a estar informado, un poco de humor y grandes frases, ¿unas dos horas? Navegar por Pinterest otra hora y si estás empezando pues un poco más. Por supuesto media hora de rigor en LinkedIn para ver las actualizaciones de tus contactos profesionales y echarle un vistazo a las oportunidades de trabajo. Digamos que un internauta más o menos involucrado con sus redes sociales invertiría 3 de FB, 2 de twitter, 1 de Pinterest y 0.5 de LinkedIn. 6.5 horas. ¿Y la chamba? ¿Y la familia? Ah, pues por ahí también podemos meterla ¿no? ¿A poco no felicitamos a nuestros amigos en sus cumpleaños en el face; o le ponemos cosas cursis a nuestras parejas; o nos metemos en una discusión con un colega; o hasta atendemos una queja de servicio de nuestra empresa?

El gran reto es definir en qué plataforma me meto. Si no te dedicas al marketing digital no tienes por qué estar explorando las nuevas; ya llegarás en su momento a donde estén tus amigos. Digamos que elegimos esas 4: FB, twitter, Pinterest y LinkeIn. El tiempo invertido en ellas está directamente relacionado con el tamaño de tu red. ¿Más es mejor? Un estudio reciente encontró que los adolescentes tienen 600 “amigos” en FB. El promedio en twitter de seguidores es alrededor de 200 y a la mejor tú sigues a otros 300. LinkedIn unos 300 más y Pinterest digamos 100. Alrededor de 1,500 vidas diarias en sólo 4 plataformas. ¿Cómo administrar el tiempo? ¡Qué locura!

¿A qué hora?

Lo peor es hacerlo cuando debes estar con tu familia conviviendo. Es un error que muchos cometemos y me parece que ni cuenta nos damos del daño que nos hacemos. Lo segundo peor es cuando debes estar trabajando; también se hace pero en menor medida, pues en muchas empresas está prohibido o restringido; pero ¿quién puede intervenir lo que haces con tu celular? A la hora de la comida es equivalente que con tu familia, pues seguro tienes amigos con quien compartir los alimentos. La mejor que se me ocurre es que debemos agendar momentos específicos. Acordarlo con tu familia y al mismo tiempo pecar en el mundo digital. Así como cuando se leían más libros. Tú el tuyo, tu amigo o pareja el suyo; con pequeños espacios para comentar.

Una vez mi esposa y yo acordamos horas de uso del dispositivo móvil. Nos fue muy bien con el acuerdo, aunque cuesta trabajo. Se me hace que va siendo tiempo de volver a renovar esos “votos digitales”. Al final es una cosa de sentido común, pero esa “cochina” costumbre de estas época de voltear a ver el celular en cualquier momento nos está quitando tiempo de nuestras vidas.

Puede sonar un poco exagerado esto que escribo aquí, pero no sobra reflexionar. Y tomar el control de dónde invertimos nuestro tiempo. No planear es renunciar a la libertad y dejar que el entorno digital decida por nosotros. ¿Qué epitafio nos estamos construyendo?

 

Imagen de Corbis.