Jueves Ordinario | #YoSoy132

Son jóvenes estudiantes en su mayoría y muchos nos identificamos con ellos.

Son estudiantes de escuelas públicas y privadas; del centro, del norte y del sur; tienen ideologías diversas en lo económico, social y político. Nos identificamos con ellos y avalamos su legítima demanda de que el proceso electoral sea lo más justo posible.

Son chavos, principalmente universitarios, conscientes de su responsabilidad civil. Han salido a las calles a protestar y a exigir que tengamos un mejor país. No son acarreados, ni se mueven por motivos partidistas; los impulsa una ilusión genuina y posible de cambiar las cosas.

Son parte de la generación de transición de nuestro país; de ésa que nació a partir de 1980. Desde niños utilizan la tecnología de manera natural y han tomado un papel protagonista en los medios de comunicación. Por ello su capacidad de movilización es más potente que cualquiera otra que haya existido; su actitud proactiva es informada gracias al acceso a múltiples canales de comunicación, incluyendo la universidad y las redes sociales.

Sus movilizaciones están lideradas por el inconsciente colectivo de que estamos listos para transformarnos. Hasta ahora sus motivaciones son independientes, libres de líderes mezquinos y de las estructuras corporativistas de la política mexicana.

Nos identificamos con estos jóvenes, con su energía y con sus sueños. Nos dan el ejemplo de que los ciudadanos tenemos voz y voto; más allá de las jornadas electorales y de las pláticas de sobre mesa. Se manifiestan y con ellos muchos nos sumamos a lo que parece ser un despertar esperanzador. #YoSoy132.

 

Jueves ordinario | Entre influencias

Salió de su casa con una maleta que jalaba de su hombro. Sin rumbo y dispuesto a encontrar quién era. Abandonó sus creencias y su estado de confort. Se perdió durante años y cayó hasta el fondo de sus miedos. Rozaba la esencia de su existencia y con ello abrazaba la tragedia de la humanidad.

Tiró la maleta y se quito la ropa. Vagó desnudo y por primera vez pudo reconocer quién era: así, sin máscaras. Varias veces intentó regresar, pero cada una de ellas perdió el rumbo, perdió la ropa e incluso perdió lo que alguna vez llamó felicidad. Lo que nunca perdió fue su deseo de vivir. Su instinto lo mantuvo alerta y por momentos alcanzó la plenitud. Ahí, en ese instante lugar donde podía unirse a la eternidad.

Nunca regresó. De hecho, muchos más se unieron en su camino. Fraternizó para sanarse y se aisló para continuar con su vagar. Entre influencias suyas y de los demás.