Martes Imaginario | Sin filtros

Foto por Cecilia Hidalgo | twitter @bolinmx | http://bolatrips.tumblr.com/
 
Voy de ida, escribí hace un par de décadas.
Con ilusión e inexperiencia.
Me comparaba con una anciana que parecía ir de vuelta: iba arrastrando los pies.
Voy de ida, me repetía.
Me autoricé probar: para errar y también para acertar.
 
Un coche baja por la avenida Anáhuac.
Regresa a su casa después de un día complicado.
Ir y venir a la escuela; al trabajo; a la clase de la tarde.
Va cansada, ensimismada en sus pensamientos.
LLeva la mirada en el pavimento.
 
Otro coche pasa por la avenida: es una camioneta.
Va entusiasmada a recoger a su hija.
Por la tarde siempre a Interlomas; a la casa de la amiga que se ha hecho hermana.
De pronto se asoma algo inesperado.
Toma el iPhone y graba la imagen
 
No tiene filtros.
De ida parece todo más claro.
Incluso la imagen.
  

Vivir jugando: historia de un emprendimiento familiar

 

 

“Mejor enséñales a trabajar”, sugirió Hermelinda a su esposo. Se refería a las horas interminables que pasaba Cresencio con sus nietos divirtiéndose con juegos de mesa; desde El Gato y El Comesolo hasta El Coyote y las Gallinas. La mayoría de los juegos eran de manufactura casera. Cresencio había aprendido a jugarlos desde niño, cuando sus padres decidieron que debía hablar español y  complementar su cultura mixteca conociendo otras costumbres. Este episodio fue recurrente durante la primera década de los ochenta, cuando sus nietos asistían a la primaria. Vivían en el municipio de San Pablo de Huitzo, en Oaxaca.

La danza de la pluma llegaba a su clímax cuando Miriam, la nieta de Cresencio, me compartió este antecente para después rematar: “¿Quién iba a decir que acabaríamos viviendo de lo que aprendimos de niños: de jugar”; y sonrió con gran orgullo. Fue hace unos días, ahí mismo en Huitzo, durante los festejos de la inauguración de su negocio.

Don Moises con su hermana en el evento de la inauguración | Foto de Cecilia Hidalgo @bolinmx

 

Moisés, padre de Miriam, inició hace una década el negocio de manera informal: con un taller improvisado y trabajando de sol a sol los fines de semana; cuando no trabajaba de albañil. Con sobrantes de madera daba forma a tableros de juego y con canicas daba vida a un entretenimiento ancestral. Los vendía como artesanías en los mercados o en la vía pública en la ciudad de Oaxaca, ubicada a poco más de treinta kilómetros de su pueblo.

En la inauguración el maestro de ceremonias fue el representante de la Casa de Cultura de Huitzo, quien además bailó junto con su grupo de jóvenes un par de episodios emblemáticos de la Guelaguetza. “Estuvimos tocando puertas durante varios años”, recuerda Miriam, “hasta que encontramos la incubadora del Tec y el préstamo de Bancomer”. En el discurso principal, Miriam invitó a su padre a tomar el micrófono y Don Moisés nos cautivó cuando con lágrimas en los ojos señaló que ése era uno de los mejores días de su vida y complementó: “yo soy duro: no crean que me estremezco con cualquier cosa”. Después Miriam tomó el micrófono y con gran oficio de comunicación destacó que lo más importante son los valores del negocio familiar que incluyen “el desarrollo de habilidades como la paciencia, la tolerancia y la confianza.”

Miriam cortó el listón y pasamos a la parte superior de la construcción: los colores vivos tanto de las paredes, como de los juegos animaron nuestro recorrido. Son treinta y cinco juegos los que hoy en día fabrican en el taller que se encuentra en la planta baja entre los que se encuentran: El Wuo-ah, Los Capulines, El Comesolo, LaMatlacihuatl, El Nahual, La Malinche, La Chintatlahua, El Chaneque, El Colorín Colorado, El Pentagrama y El Coyote y las Gallinas; éste último es el favorito de la familia y es prácticamente imposible ganarles una partida.

Miriam Ruiz durante la construcción de las instalaciones de Chiripas | Foto de Miguel Ángel Guzmán

 

Miriam es un ejemplo de superación personal en varias dimensiones: fue la primera de la familia Ruíz en graduarse de una carrera universitaria. Ingresó a una empresa hotelera y rápidamente subió de puesto. Todo iba de maravilla y cuando estaba a punto de tomar una posicion de más responsabilidad, un terrible accidente la dejó paralizada por varios meses. En esos momentos y con el apoyo de su familia desarrolló los valores que más tarde se han convertido en los pilares del negocio: paciencia para esperar que sus heridas sanaran; tolerancia con la torpeza inicial de sus movimientos; y confianza al avanzar día a día. Durante su rehabilitación fue cuando decidió que el negocio familiar debía formalizarse y compartirse con más personas.

Constituyó formalmente la empresa con el nombre: “Chiripas, Juegos de Destreza Mental” y pronto se dio cuenta que el producto era sólo un pretexto para enseñar y compartir su filosofía de superación. Miriam y su padre Moisés han asistido a una decena de ferias de productos artesanales, entre las que destaca la de Tapachula, donde imparten talleres durante todo el día y el éxito se refleja en la venta de sus productos. “No nos dábamos a vasto”, señala con orgullo Don Moisés. Los han invitado a ferias en otros estados del país e incluso en Guatemala, pero “el gobierno de allá no tiene recursos”, señaló Miriam y concluyó: “son muy pobres” -refiriéndose a nuestro vecino país del sur.

“Chiripas, Juegos de Destreza Mental” es un micro negocio mexicano que con sus nuevas instalaciones podrá cubrir la demanda creciente de sus productos. “Ahora empieza lo bueno” señala Don Moisés, “fabricar, vender, dar talleres y pagar las deudas”. Pero la filosofía va más allá de la facturación de sus ingresos: entrega con cada uno de sus productos la posibilidad inmediata de superación personal.

Niños jugando el día de la inauguración de Chiripas | Foto por @miquelcanals
 
 
Notas al margen:
  1. El abuelo de Miriam tiene ochenta y ocho años y sus ojos grises brillantes reflejan una gran alegría por la vida. Estuvo en primera fila durante el evento de inuauguración y nos despidió con una cátedra de su juego favorito: El Coyote y las Gallinas.
  2. Por la tarde hablé con Miriam para corroborar algunos nombres plasmados en este artículo, así como para solicitarle su anuencia para publicarlo. Como gran empresaria aprovechó para recordarme que necesitan $50 mil pesos para comprar una camioneta de medio uso, pues durante los siguientes meses tienen programada la asistencia a varias ferias dentro y fuera del Estado de Oaxaca. “También iremos a Tapachula en Chiapas”, me señaló antes de despedirnos. 

 

Con la Familia Ruiz en la inauguración de Chiripas Juegos de Destreza Mental. Miriam Ruiz con su hija Ana y Don Moisés | Foto de @bolinmx