Jueves ordinario: la gerencia media y sus cómplices

“¡Cómo es posible que nadie se haya dado cuenta!”, exclamó el directivo cuando le informaron que el producto que recientemente había lanzado al mercado no estaba en condiciones de cumplir lo prometido: otorgar descuentos automatizados. “¿Cómo?” -se cuestionaba el ejecutivo de alto nivel de la empresa de tecnología- “… lo presentamos en todos los foros, a todos las áreas involucradas …” Se sumió en su silla de piel gastada por tanto uso y tantos ahorros de su unidad de compras; clavó su mirada en la alfombra y recorrió mentalmente los eventos críticos del proyecto que iba a llevarlo a la fama. ¿Falló él por no involucrarse en el detalle en el seguimiento; o su gerente de producto que confió ciegamente en su par de sistemas? “¿Pude hacer más?”, se cuestionó mientras vaciaba su cuarta tasa de café de la mañana, sin contar el triple venti light latte del Starbucks ubicado en la esquina del edificio corporativo.

Seguramente muchos se sientan identificados con el episodio anterior. ¡Y no es coincidencia! Eventos similares suceden con bastante regularidad tanto en los corporativos de la iniciativa privada como en las dependencias gubernamentales. Es un síntoma que todavía domina gran parte de la cultura laboral del país. Su origen se fue acuñando poco a poco en los corporativos burocráticos que dominaron México durante décadas. Su esplendor viene desde la creación del PNR (antecedente del PRI) en la década de 1920s y hasta el final de los gobiernos populistas que culminaron con López Portillo en 1982. Aún así, a casi treinta años, seguimos pagando la ineficacia de la gerencia media del país. De ésa que trabaja de 9 a 5 y que literalmente “le vale madres” su contribución a los resultados, siempre que pueda mantener sus privilegios.

Ejemplos dentro del gobierno sobran y lamentablemente no sólo son de ineficacia de la gerencia media. Hay un factor más pernicioso que a pasos agigantados va carcomiendo a nuestra sociedad: la corrupción. La corrupción forma parte del compás cotidiano de las actividades de los niveles operativos y es uno de los factores fundamentales en la toma de decisiones en altos mandos del gobierno; en sus tres poderes y en sus tres niveles.

Pero el golpeteó que más destruye sí sucede en la gerencia media: en el mando policiaco que exige una cuota a sus agentes de tránsito; en la oficina de licencias de conducir; en la de permisos de uso de suelo; en el ministerio público; en los juzgados; con el diputado ignorante, etc. Ahí, donde el ciudadano de a pie sufre cotidianamente la flexibilidad de no respetar las reglas a cambio de un cochupo o una prebenda. Hiere todavía más a nuestra sociedad que muchos se conduzcan como si este estado fuera irremediable, como si se debiera aceptar sin hacer otra cosa más que “entrarle al juego”.

Por la mañana leí un post en Facebook de un compañero de la primaria del que omitiré su nombre por su bien. Decía que estuvo a punto de pasar la noche en la delegación, pero que “gracias a una lana” había llegado a su casa a dormir; remató su comentario con un “¡Viva México!”. Por lo pronto, ya lo eliminé de mi lista de contactos. Antes, pude ver que otros celebraron su “hazaña” y hasta ofrecieron ayuda para el futuro por conocer a “alguien” en la Delegación Benito Juárez. ¿Conoces a alguien así? ¿Le darías “eliminar” de tus contactos? ¿Le dejarías de hablar? ¿Tratarías de hacerle ver el daño que causa a la sociedad con esa actitud y esos actos corruptos? ¿Ya estás lista, listo? ¿Ya estamos listos?

La transformación de nuestro país debe considerar acciones que ataquen de fondo la causa de nuestros males; transformar a esos mandos medios que están tanto en la iniciativa privada como en el sector público es fundamental. En eliminar la conducta de esas personas que por falta de consciencia, por mediocridad o por ambas contribuyen a que las ejecución de las reglas o la entrega de un producto o servicio no sean con la calidad que se merecen los ciudadanos o los consumidores. Y aquí todos tenemos mucho que hacer. Como ciudadanos no tolerar “nuestros pecadillos” en primera instancia, exigir la transparencia de cuentas del municipio y de la delegación. Como empresarios o como empleados y funcionarios, tomar acciones que nos distingan; de exigirles a nuestros proveedores y a nuestros colaboradores que se comporten a la altura y de iniciar una cruzada contra el “ahí se va” o el conformismo de que “así se ha hecho siempre”.

Nadie va a cambiar las cosas por nosotros. No vendrá un mesías ni tendremos gobernantes redentores que desde afuera mejoren nuestras circunstancias. Los líderes de alto nivel incluso pueden escabullirse de esta responsabilidad. Pero no quienes vivimos y sufrimos de cerca a estos mandos medios.

Tenemos dos opciones: 1. Revelarnos contra la ineficacia y la corrupción de este grupo pernicioso de la sociedad, o 2. Seguir siendo sus cómplices; ya sea activamente al compartir sus “valores”, ya sea pasivamente al no hacer nada y escudarnos en una personalidad de bajo perfi; o en escalar en la organización con una diplomacia hipócrita y falta de autocrítica.

¿Qué decides? ¿Vamos a dejar que las cosas sigan así? ¿O de una vez por todas dejaremos de lamentarnos por nuestras circunstancias y tomaremos por los cuernos lo que nos toca, lo que debemos asignarnos?

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10 pensamientos en “Jueves ordinario: la gerencia media y sus cómplices”

  1. Hombre Rafa,

    Como bien lo mencionas los hechos existen porque hay quien los fomente. Este tipo de valores se inculcan desde pequeño en casa, en las escuelas, universidades y en la sociedad en general. La cultura ciudadana está cambiando poco a poco. Para eliminar este flagelo debemos cultivar una generación que reproche este tipo de actos desde su niñez y sólo cuando sean adultos veremos cambios tangibles.

    Hay que comenzar y creo que nuestra generación lo está haciendo. Los medios, las redes sociales, y los sistemas tecnológicos son medios de presión y control que permiten observar de cerca las maniobras oscuras que antes eran indetectables. La gente tendrá que cuidarse porque el monitoreo sobre sus acciones será constante y los indicadores de gestión irán calificando el desempeño de mandos medios y altos.

    Estamos en la era del conocimiento. La única constante hoy en día es el cambio y la capacidad de adaptación a los diferentes entornos. El que no sepa gestionar esto y esté en capacidad de rendir cuentas, quedará expuesto al escrutinio público y al fracaso inminente.

    Esperemos que los cambios se evidencien en poco tiempo por le bien de todos…

    Un abrazo, Christian

    1. Christian.

      Sé que eres uno de los impulsores en Latinoamérica para que se acelere este cambio de cultura. Lo has vivido como funcionario, como emprendedor y también como empresario. No cabe duda que se necesitan más espíritus como el tuyo para que las cosas cambien; y que cambien para bien.

      Creo que además de los valores familiares, es necesario institucionalizar una manera de conducirnos en nuestra vida profesional. Eso se logrará en el día a día, con disciplina, psasión y una visión clara de a dónde queremos llegar.

      Vayamos por ese futuro para que nuestros hijos puedan tener retos diferentes.

      Un abrazo.

  2. “eliminar” …… creo que no estamos preparados aún. Personalmente lo profeso de todo corazón y trato de inculcarlo en mis hijos porque definitivamente ellos son y serán clave en el futuro de México, nosotros estamos muy contaminados……… Hay una nueva postura gubernamental que en lo personal (aunque se que no es totalmente transparente) me agrada mucho, ya se ve gente joven en puestos de mando que además tienes que competir por él y si en estos jovenes existe una nueva cultura (y deján de lado la vieja escuela) algo bueno puede resultar!!!!!
    un abrazo!!!!

    1. Seguramente algo bueno va a resultar, Silvia.

      Ya lo decía Christian en cuanto a la educación familiar. Falta que llevemos esos valores a la vida laboral y que esa competencia, con jóvenes impulsando un mejor futuro aceleren ese lugar que siempre hemos imaginado.

      Un abrazo y gracias por visitar y comentar.

  3. Rafael:

    Si, bien por el punto de vista, lo comparto en todo, pero estarás de acuerdo conmigo en que todo se inicia en el hogar, primero con educación, y después con instrucción.
    Un saludo y que bueno que ya estas de regreso.

    Mireya

    1. Claro Mireya; aunque hoy en día el puente entre los valores familiares y el mundo profesional y social está desvinculada; y en muchos casos caminando en sentidos opuestos.

      Y es ahí: en el día a día de la relación con las oficinas gubernamentales y en nuestro ámbito profesional donde debemos evidenciar que esos valores son fuertes y que los incentivos para hacerlos valer son suficientes y perdurables.

      Se requiere de una transformación para lograrlo, pues la tendencia natural no parece irnos llevando hacia donde queremos. Para ello, se debe subir a grado de consciencia esta necesidad de cambio y sobretodo de voluntad para hacerlo realidad.

      Un abrazo y gracias por tu visita y comentarios.

  4. Mi estimado Rafa:

    Estimado Rafa:
    Excelente reflexiòn, la paradoja de la era post Capitalista es que las organizaciones super corporativas dejan de tener dueños visibles (diluìdas sus acciones en el Mercado) y caen necesariamente en manos de las “burocracias” de empleados que, tal ves no de mala fè, estàn preocupadas y ocupadas de su horizonte personal y familiar ( 3, 4 años) y la vida de las empresas se mide por generaciones.
    Debemos estar siempre alertas a esta debilidad y a no permitirnos que nuestros intereses personales manden so bre los intereses de la organizaciòn o la comunidad.
    Un abrazo.

    Un abrazo.

  5. Exactamente Joaquín.

    Muchos no son malintencionados: sólo tienen sus intereses en otra parte; y no se dan cuenta que esa desatención regresará tarde o temprano a cobrarles con creces su su exceso de apatía.

    El monstruo burocrático mexicano ha encontrado tierra fértil en muchas instituciones y ha permitido que muchos se escondan en el anonimato en la responsabilidad, pero al frente con los privilegios. Para muestra, el sindicato de la educación que además de ser el más grande de américa latina influye más en la política que en el desarrollo formativo de los niños mexicanos. ¿Cómo vamos a eliminar ese cáncer social? Cuando se ha tratado de eliminar a agrupaciones similares como el sindicato de Luz y Fuerza del Centro nos hemos topado como sociedad con que el poder de estos personajes sigue siendo muy fuerte.

    Un amigo me decía en la mañana que le parecía injusto este artículo, desproporcionado y falto de optimismo. Creo que hay que mirar la realidad de frente para dimensionar el tamaño del reto que tenemos hoy en día y que le toca a nuestra generación superar.

    Estemos alertas como señalas y complementémoslo con acciones directas que fracturen esos eslabones de mediocridad y corrupción.

    Nadie más lo hará por nosotros.

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