Jueves ordinario: ¿quién dejó salir a los perros?

La reflexión del día de hoy es breve y centrada alrededor de la visión de los economistas de latinoamérica de Credit Suisse (CS), publicada el día de hoy. En su opinión, la escalada del crimen organizado es una amenza para la consolidación de la recuperación económica del país.

En su artículo Mexico: Who let the dogs out? señalan con gran desesperanza:

… three months ago, we wrote that organized crime was defying the state more openly than ever before. Sadly, it is our perception that this problem has worsened materially since then. Who let the dogs out?

Enlisto a continuación los principales puntos publicados del prestigiado Banco Suizo y un comentario en color azul:

  • Los problemas del crimen van más allá de los asesinatos reportados diariamente. Ya no puede aceptarse que los crímenes son entre cárteles de la droga, pues hay una oleada de secuestros, extorsiones y violación a los derechos de propiedad. Aunque no se ha cuantificado el impacto en la economía, los especialistas del banco europeo afirman que es un hecho que el costo de hacer negocios en México se ha incrementado. // Debemos entender que el principal problema del país es la inseguridad y aunque existimos millones de mexicanos optimistas, trabajando diario y con ilusión, debe resolverse este problema con la mayor prioridad. 
  • El gobieno debe apegarse a su estrategia. Continúa el reporte señalando que no le queda otra a Felipe Calderón que continuar combatiendo al crimen organizado. Que tiene un inesperado 55% de aprobación de la población y que habría que aprovechar esa situación para pedir una ayuda explícita de Estados Unidos, además de profundizar en políticas sociales de salud y seguridad. // Me parece que en este punto tanto el análisis como la recomendación del CS es superficial y tibia.
  • El crimen ha impactado negativamente en varios aspectos. Señalan que el principal es la falta de inversión, medida por la inversión fija bruta. // No está claro que el crimen sea el principal factor; pareciera que está más asociado con la debilidad del consumo interno.
  • No hay diferenciación en el crecimiento de los estados del norte, ni en los mercados financieros ni en las expectativas de crecimiento. // De una manera muy extraña el artículo comenta en tres párrafos seguidos que no hay impactos visibles del crimen ni en las economías regionales, ni en los mercados cambiarios y que las expectativas de crecimiento siguen siendo favorables para el segundo semestre del año. ¿Entonces dónde está el argumento de los perros relacionado con los números?

Podrán observar algo similar en las expectativas siguientes del artículo; la verdad es que no redondean su idea inicial: y el título que atrapa, acaba por decepcionar: por tibio y por falta de evidencia numérica.

Rematan con algunos datos en gráficas sobre el crimen:

  • Se ha incrementado la percepción de violencia en el país
  • Ha habido más crímenes
  • Más detenidos
  • Y más confiscaciones de dinero …

Es decir, el artículo critica y alerta, pero sin fuerza. Y también le da una palmadita al Presidente, señalando que su popularidad es alta y su estrategia correcta.

No estoy seguro que esta sea la crítica que requiera el país para mejorar.

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Video al margen para animar este jueves que ya se me hizo viernes 

Jueves ordinario: la mentira: 5 ejemplos recientes

Iniciaré el post de esta semana con dos párrafos que escribí hace poco más de dos años en el artículo Jueves ordinario: la mentira.

El filósofo inglés Bertrand Russell utilizó el racionalismo para probar sus postulados acerca de la verdad. En un ambiente intelectual influenciado por el idealismo, Russel insistió en que existen hechos incontrovertibles y concretos que no pueden negarse. Un ejemplo muy ilustrativo de su obra “Ensayos Filosóficos” publicada en 1910 dice más o menos lo siguiente: Un asesino ha sido sentenciado a morir en el cadalso. La verdad incuestionable es que el sujeto está condenado a muerte. Cabría la duda de si es responsable de las acusaciones por las que se determinó su culpabilidad, pero no de que morirá en el cadalso. Russell fue matemático y su filosofía transcurrió de la mano del racionalismo. En su lucha contra el idealismo buscó clarificar las ideas importantes y eliminar las confusiones.

Pues bien. En nuestro país nos movemos por ideales, más que por el uso racional de nuestras capacidades. Alimentamos más las creencias, en lugar del pensamiento analítico; preferimos las revelaciones sobre las demostraciones; al líder mesiánico o al partido salvador sobre la mente clara o el rigor lógico. El orden divino, en lugar de la propuesta humana. Somos, en términos generales, uno niños ávidos de fantasías; crédulos de postulados absurdos; campo fértil para el engaño y la mentira.

Tenemos ejemplos recientes que ilustran con claridad lo señalado en el segundo párrafo. Revisemos rápidamente 5 de esas ilusiones, engaños, mentiras, fantasías.

  1. El mago. Se llama Julio César Godoy. Su hazaña de ayer fue burlar a la Policía Federal (PF) que custodiaba San Lázaro y que tenía como misión impedir que entrara al recinto legislativo. Logró su cometido al colarse como ladronzuelo al recinto, tomar protesta y obtener la protección del fuero. De esta forma no podrá ser detenido, aún cuando exista una orden de aprehensión en su contra por el delito de delincuencia organizada. Dicen los periodistas que quedó en ridículo la PF. Dice el prófugo con fuero Godoy que se defenderá y que las acusaciones son tonterías y pendejadas del Gobierno Federal. De cualquier forma, aún deteniéndolo las pruebas recabadas por la PGR son tan débiles que los que sí se detuvieron cuando inició la persecución ya están en libertad. ¿Qué decimos nosotros como sociedad? ¿Qué pensamos de este tipo de sucesos? ¿No es una burla todo esto, un espectáculo que ni siquiera parece maquinado, sino obra de la rutina surrealista de nuestro país?
  2. Hidalgo. La historia jamás (mal) contada. El 16 de septiembre se estrenó la película “Hidalgo”. Por decir lo menos, me pareció una producción mediocre que no aporta ni al cine ni a la historia de México. Me recordó a los libros de texto que llevé en la primaria, editados por la SEP en tres sentidos: a) Sin estructura: la historia transcurre entre saltos incoherentes y los capítulos están unidos por escenas producto más de la ocurrencia que de algún hilo conductor basado en algún argumento; de hecho no encontré el argumento por lado alguno. b) No se explica lo importante. Ni siquiera se vislumbra un esfuerzo por tratar de profundizar en las decisiones del personaje que según los productores es Miguel Hidalgo; no sabemos de dónde viene su espíritu libre y menos la razón por la que decidió mantenerse dentro de la iglesia a pesar de sus relaciones con dos mujeres. Menos qué lo motivó a la insurrección que tanto nos han contado en los libros oficiales. Sentí la misma frustración de los textos y del catecismo de niño: como espectador, escuchando historias infantiles, sin explicaciones y con asuntos llenos de sinsentido. c) Personajes inverosímiles. La psicología de cada personaje además de ser muy plano no es creíble. La única motivación que se aborda con cierta profundidad es el amor de los protagonistas por la actuación, tanto del presunto Hidalgo, como del patrocinador de la obra de teatro -que además resulta ser el padre de la amante del primero. ¡Ja! Me imagino que uno de los objetivos de esta producción fue generar cierta polémica, mostrando a un Hidalgo “más humano” y con violaciones contra la iglesia, por no mantener su voto de castidad y tener hijos fuera de su ley. Lo lamentable es que ni siquiera se logró contar algo más o menos creíble: es una historia muy mal contada.
  3. El orgullo y la crítica. Nos cuesta mucho trabajo -como pueblo- identificar y reconocer nuestros logros y nuestras oportunidades. Un síntoma de esta falta de capacidades se presenta cuando dialogamos o evaluamos sobre la situación de nuestro país. Casi siempre tendemos a polarizarnos y a discutir desde la postura y la creencia, en lugar de partir del análisis objetivo y el acercamiento lógico. Recuerdo que un amigo de mi papá decía: “De este lado de la mesa a favor y del otro en contra; después decidimos cuál es el tema”. También recuerdo a mi abuela decir que de religión, política y fútbol era mejor no hablar. Pues claro, hemos limitado nuestro raciocinio y en lugar de desarrollar una capacidad argumentativa, nos hemos conformado con continuar con esa herencia nefasta de la afiliación. En este sentido, pareciera no importar qué tanto se cuantifique un logro o un fracaso, sino quién o a quién van a responsabilizar de ese resultado. Por ello, el Bicentenario ha sido una discusión de sordos, en la que se formaron dos bandos: los que están orgullosos del país (más por sentimiento que por un entendimiento claro de los logros) y los que están decepcionados o sumidos en la desesperanza (por lo mismos motivos de sentimiento y ensalzados por un poco de exageración). Pocos análisis y discusiones equilibrados hemos podido presenciar en estas fechas. Pareciera que estamos en medio de un tiroteo de impresiones irracionales que se acercan más a la mentira que a una verdad concreta.
  4. Distorsión de crímenes o cómo confundir al auditorio. Todos los días mueren decenas de personas relacionadas con el crimen organizado. Nos encontramos en una guerra sin cuartel, provocada en gran medida por la estrategia equivocada del gobierno para enfrentar este problema. Por supuesto que debe combatirse la delincuencia y con mayor rigor al crimen organizado, pero nadie dijo que la única manera de combatir sea con la fuerza bruta; es más, probablemente sea la menos efectiva. Tenemos un país sumido en la inseguridad; cifras van y vienen y bien a bien no se entiende quiénes son los asesinados: ¿son narcotraficantes, soldados, periodistas, políticos, ciudadanos? Si no somos capaces de ponernos de acuerdo en el número de muertos, menos en clasificar a qué bando pertenecen. Con esta confusión, difícilmente podemos entender qué está sucediendo y lo peor es que no estamos seguros que el gobierno tenga certeza de qué sucede; lo que resulta peor para nuestra vida cotidiana. Últimamente, los asesinatos han tocado a personajes públicos, como periodistas, políticos y gobernantes. Esta situación provoca que la confusión aumente y el entendimiento se diluya. ¿Quién gana con este río revuelto? ¿Cómo saberlo?
  5. La ley Peña. Lo que más llama la atención en este tema no es si el PRI del Estado de México está siendo congruente o no con esquemas que hace unos años le brindaron victoria. No, lo sorprendente es que al discutir el tema, los protagonistas se descalifican mutuamente, se llaman mentirosos y paralelamente se acusan de engañar a la población. El espectáculo es digno de la irracionalidad y de un pueblo sumido en el retraso intelectual. No podemos ser optimistas cuando vemos que uno de los estados más ricos del país tiene un nivel de debate tan bajo. Las discusiones se llevan a cabo en los medios de comunicación y los entrevistadores acaban por no poder entregar a sus auditorio un análisis equilibrado que permita formarse un juicio con información suficiente y objetiva. A menos de que uno sea un especialista en temas electorales este asunto acaba por hacernos sentir que los políticos no respetan la ley y mas bien la utilizan para su beneficio de acuerdo a su situación. Nada nuevo, pero el descaro es el que genera más molestia.

Todos los días tenemos ejemplos de este estilo y es muy triste vislumbrar que a pocas personas les interesa que se digan tantas mentiras y/o que queden tantas verdades a medias. Estamos muy acostumbrados a esta incertidumbre y muy bien entrenados para sustituir nuestro raciocinio con la fe o la creencia.

Para terminar comparto algunas frases de Bertrand Russel que no sólo siguen siendo vigentes, sino que aplican muy bien en nuestro país:

Gran parte de las dificultades por las que atraviesa el mundo se deben a que los ignorantes están completamente seguros y los inteligentes llenos de dudas.

Sabemos muy poco, y sin embargo es sorprendente que sepamos tanto, y es todavía mas sorprendente que tan poco conocimiento nos de tanto poder.

Los científicos se esfuerzan por hacer posible lo imposible. Los políticos por hacer lo posible imposible.

Lo que los hombres realmente quieren no es el conocimiento sino la certidumbre.

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Notas al margen:

  • Bertrand Russel (1872-1970) además de filósofo y matemático, ganó el premio Nóbel de literatura y fue un pacifista muy reconocido. Líder de su generación en el racionalismo, también impulsó los derechos de la mujer. Escribió de múltiples temas, entre los que destacan (por su aparente contradicción al racionalismo) el amor y el matrimonio -por cierto era un liberal. En su cumpleaños ochenta escribió la siguiente reflexión:

He vivido en busca de una visión, tanto personal como social. Personal: cuidar lo que es noble, lo que es bello, lo que es amable; permitir momentos de intuición para entregar sabiduría en los tiempos más mundanos. Social: ver en la imaginación la sociedad que debe ser creada, donde los individuos crecen libremente, y donde el odio y la codicia y la envidia mueren porque no hay nada que los sustente. Estas cosas, y el mundo, con todos sus horrores, me han dado fortaleza.

  • De acuerdo con la enciclopedia dominante del mundo moderno (Wikipedia) la mentira es:

Una mentira es una declaración realizada por alguien que cree o sospecha que es falsa o parcial, esperando que los oyentes le crean, ocultando siempre la realidad en forma parcial o total. Una cierta oración puede ser una mentira si el interlocutor piensa que es falsa o que oculta parcialmente la verdad. En función de la definición, una mentira puede ser una falsedad genuina o una verdad selectiva, exagerar una verdad o incluso la verdad, si la intención es engañar o causar una acción en contra de los intereses del oyente. Las ficciones, aunque falsas, no se consideran mentiras. Mentir es decir una mentira. A las personas que dicen una mentira, especialmente a aquellas que las dicen frecuentemente, se las califica de mentirosas. Mentir implica un engaño intencionado, consciente, y estudios demuestran que el ser humano tarda más mintiendo que diciendo la verdad.

El suspiro o cómo oler de los recuerdos (episodios tipo tweet)

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La Villa, 1979. Los frijoles

Entro corriendo a saludar a mi abuela. La frescura de su casa apenas puedo disfrutarla. La olla exprés resuena por todos lados y un hedor asqueroso me marea: está cociendo frijoles. ¿Cómo eso tan desagradable puede saber tan exquisito? Son frijoles bayos. Todos los primos hemos desarrollado la habilidad de embarrar la tostada con ellos y decorarla con crema y queso. Se desvanecen las imágenes de la casa y un hilo flexible lleno de frijoles se va abriendo camino en mi cerebro.

Plateros, 1980. Polvo y victoria

Me levantó rápidamente después de la tackleada. Sacudo el jersey y las fundas. El polvo que se levanta por el entrenamiento impregna nuestros rostros. Siempre salimos como si nos hubieran empanizado. Y esos recuerdos los utiliza el entrenador para motivarnos en los partidos; en esos días que visitamos campos con el pasto recien cortado. Ese olor fresco que me representa la búsqueda de la victoria.

Tacubaya, 1982. Bálsamo histórico

Voy subiendo por las escaleras. Corro. Ya es tarde. Está por empezar la clase. Nadie acompaña mi andar. Es diciembre y el frío saca de las paredes un bálsamo envolvente que evidencia la vejez del edificio. Al entrar al salón, las miradas y los techos altos me distraen. Me siento. Poco a poco, con el pasar del día, el calor de nuestros cuerpos se adueña del presente, desplazando las historias perdidas del colegio.

Las Águilas, 1985. La loción

Me acomodo el copete y antes de darme media vuelta rocío mi cuello y mi cara con loción. Es English Leather y la tomé prestada de mi papá. Cuando salgo de mi recámara, una estela de adolescente queda impregnada por todos lados.

Colonia del Valle, 1987. La gasolina

“El Mantecas” va dejando pasar uno a uno cada coche que llega al CUM. Resuenan los estéreos y chillan las llantas. Salgo del coche con la actitud que sólo tuve a los dieciséis años. La gasolina recién quemada acompaña nuestro camino a los salones.

Dart K, 1989. El cigarro

Le subo al estéreo y prendo mi cigarro. Le doy el golpe por la nariz -suerte que me enseñó mi tío Toño unos días atrás. Exhalo y el humo sale potentemente de mi boca. Remato con un par de “donitas”.

Plateros, 1991. La cebada

La cadera de mi amiga panameña se mueve sin cesar. Estamos sudando. Ha sido una noche larga, llena de alcohol y música industrial. Empezó en la zona rosa y de pronto ya estamos en su casa. No sé su nombre y tampoco qué hace en México. Su olor es tan penetrante que casi quema mi nariz: me recuerda a la cerveza tibia.

Río Hondo, 1992. El pescado.

Coloco con firmeza la ficha de dominó. Cierro la partida y cuento rápidamente los puntos de las once fichas que han quedado sin tirar. Por debajo de la mesa, una amiga toca mi pierna. Me cierra el ojo. No le correspondo, pues días antes probé su cuerpo y el olor a pescado que me regaló en el trance apasionado. Me vacunó contra sus coqueteos.

Las Águilas, 1994. Influencias.

Abro la puerta de la cochera y paladeo el sabor dulce de la mañana. El vecino de la casa de enfrente me saluda tímidamente, como avergonzado por inmiscuirse en mi existencia. Camino perdido durante horas. Sólo la maleta que jala de mi hombro parece darle sentido a mi vagar.

Estación Pino Suárez, 1996. El metro.

Voy camino al trabajo. El metro para en la estación. Vengo distraído hasta que el vagón se abarrota de personas. Pulque, sudor, verdura, perfume, piés, fetidez… todo se combina en un instante y maravilla mis sentidos. Casi lamento llegar a la siguiente estación y bajarme al trabajo que acabo de conseguir.

Coyoacán, 1998. El abono

Vamos saliendo tarde. Otra vez. Nos encargaron un análisis que no será utilizado, pero que debemos entregar. Llegamos a la esquina del edificio y un aroma fétido aparece sin avisar. Es el abono que por las noches le ponen al pasto del edificio. Desvelados y oliendo a mierda.

Tlalpan, 2000. El parque.

Está amaneciendo. Estoy trotando alrededor del parque. Siento cómo mi cuerpo empieza a expulsar los excesos del fin de semana. Después de una vuelta me olvido de mi. Se despierta mi olfato y distingo ese olor a pasto recién cortado de muchos años atrás. Acelero el paso y con él mi ritmo respiratorio. Disfruto cada bocanada de oxígeno. Me detengo y encuentro un placer que nunca más dejaré: correr y buscar el oxígeno.

Coyoacán, 2002. El hígado

Entro a la oficina de mi jefe. Es alcohólico. Es lunes. Está crudo. Su hígado ha trabajado por décadas a marchas forzadas: y lo manifiesta expidiendo una nata intensa de putrefacción. Las órbitas de sus ojos se desvían de vez en vez y su voz delgada pierde las consonantes fuertes. Es instintivo. Me mira fijamente después de cada comentario. Nunca ha escuchado lo que dicen mis palabras: me lee con mis reacciones. Le abro mi espíritu para hacerlo sentir incómodo. Guarda secretos inconfesables. Salgo de su oficina y con mucho esfuerzo respiro nuevamente sin miedo.

Monterrey, 2004. El Indio Azteca

Me levanto de la mesa después del segundo tequila. Me he ganado al cantinero y me prepara sangrita: sabe que La Viuda no me gusta. En el camino al baño noto algo extraño. Al salir me percato que no hay baño de mujeres; de hecho, no hay mujeres en la cantina. Sólo hombres y un hedor a sudor de más de cuarenta grados centígrados.

1985. El perfume. Patrick Süskind.

Gran novela que revela cómo un asesino abominable se trastorna por no tener un olor propio. Por esta ausencia, el protagonista es capaz de identificar y disfrutar cada olor existente -más que cualquier otro ser humano. Su búsqueda es la elaboración del perfume adecuado que pueda portar. Más allá de los actos criminales que comete, la novela despertó en mí (a principios de los noventas) un sentido que había tenido dormido, en el inconsciente.

Pausa y final

Ayer, en el festejo del 15 de septiembre recordé muchísimos episodios de mi vida. Fue en la cantina Los Remedios. La comida mexicana, el tequila, los perfumes de los comensales (incluyendo una bebé) y en general los aromas me llevaron a lugares que no había recordado por muchos años. Pasé por mi niñez y mi adolescencia, por mi adultez temprana y por momentos que están marcados por los olores.

Hace unos meses, en una plática con mi amigo Omar, comentábamos que el olor que despedimos durante el trance del amor es fundamental para el éxito futuro de las relaciones en pareja. Que probablemente es un instinto de sobrevivencia que nos empuja o nos detiene para poder preservar nuestra existencia. Hipótesis que aplica en los animales previo a su apareamiento y que el ser humano ha heredado. Tal vez deberíamos tomarlo más en cuenta. No para sustituirlo ni esconderlo, sino para buscar los olores que nos mueven y potenciar los olores que nos hacen atractivos.

Para terminar, ¿por qué los bebés huelen tan rico? ¿Será que emanan una atracción para que los cuidemos? ¿Que estemos con ellos? ¿Será que por ello ese aroma mágico desaparece poco a poco cuando se vuelven más independientes?

Jueves ordinario: celebrando y reflexionando en el bicentenario

"Hidalgo", Mural de José Clemente Orozco. Pintado en el Palacio de Gobierno del Estado de Jalisco, en Guadalajara, Jalisco
"Hidalgo", mural de José Clemente Orozco

De niño sentía gran emoción por las celebraciones del quince de septiembre, pues además de ser un gran pretexto para reunirse con la familia, dar el grito era espectacular. Recuerdo los platos de pozole a tope con la lechuga y los rábanos a punto de caer; caballitos de tequila llenarse y vaciarse; gritos de alegría acompañando al mariachi; risas y bromas; y ¡claro está! los cohetes: entre los que siempre preferí las palomas y los cañones. Lo que no recuerdo bien son las pláticas ni mucho menos algún ejercicio de reflexión sobre las consecuencias de la independencia. Cuando menos no en ese día.

¿Cómo hemos vivido nuestra independencia? ¿Nos sentimos orgullosos del país que hemos construido después de doscientos años? ¿Estamos involucrados activamente en las soluciones que requiere el país?  ¿O mas bien estamos enojados y con un sentimiento de desesperanza? ¿Las expectativas que tenemos de nosotros en lo individual se han cumplido; y las de los gobernantes; las del país? ¿Hay  motivos para celebrar?

El bicentenario de nuestra independencia es una ocasión inmejorable para reflexionar sobre estos cuestionamientos. Para darle cierto orden propongo los siguientes ámbitos: 

1. La celebración

¿Debemos celebrar? ¿Qué tanto?

Me parece que sí debemos celebrar; muchísimos mexicanos de gran talento han vivido y muerto por el país. Si bien nos falta todavía un gran trecho por avanzar, es un hecho que en doscientos años el país se ha transformado significativamente, tanto en lo económico como en lo social y en lo político. Negar los avances y la mejoría del nivel de vida de la mayoría de los mexicanos es un lujo que no podemos darnos.

No todos los años se cumplen doscientos años de independencia. Vale la pena hacer algo memorable. En términos económicos, la inversión y el gasto público y privado impulsarán la demanda interna; que es un empujoncito que necesitamos bastante en este año. Es decir, la derrama económica beneficia a muchos mexicanos.

2. El orgullo

¡Viva México, cabrones! Es el grito de guerra moderno que pareciera más una ocurrencia que anima las fiestas que una manifestación genuina de nuestra mexicanidad.

¿Qué es lo que nos hace sentirnos orgullosos de ser mexicanos? Porque nos sentimos orgullosos de ser mexicanos, ¿verdad? ¿La riqueza natural; nuestro pasado indígena; nuestro pasado español; la mezcla; la evangelización; la religión; la alegría y riqueza de nuestra cultura? ¿Qué rasgo hace que te sientas orgulloso de ser mexicano?

De niño me daba mucho orgullo escuchar que vivía en un país inigualable: “Como México no hay dos”, decían mis padres y también mis maestros. Más allá de los rasgos distintivos que nos hacen únicos, la ilusión que esto me provocaba me hacía sentir que vivía en un país especial. ¿Lo sentías tú también? ¿Lo sienten nuestros hijos?

Muchos de nosotros estamos orgullosos de ser mexicanos, aún cuando pierde la selección: lo menciono porque es en los partidos del fútbol donde más manifestaciones de nacionalismo se perciben, pero ni es la única ni mucho menos la más importante. Nos da orgullo que en este país hemos tenido la oportunidad de estudiar y trabajar, así como de realizarnos como seres humanos y de buscar la felicidad. Contamos con una cultura distintiva, como nuestra música o nuestra forma de hablar; somos cálidos y apasionados con lo que hacemos; nos cuesta trabajo discutir sin alterarnos y todavía nos comportamos como adolescentes en muchos ámbitos. Es verdad que tenemos mucho por avanzar y conocernos: estamos construyendo nuestra identidad y los que vivimos ahora lo sabemos, aunque sea de manera inconciente.

3. Los pendientes históricos

Mucho se ha escrito sobre los pendientes que tenemos como país. Desde el punto de vista económico está la pobreza y la desigual distribución del ingresos: habría que señalar que aún así pocos mueren de hambre en el país y que la mayoría de los mexicanos tiene acceso a los servicios básicos definidos como mínimos de desarrollo económico (salud y educación).

En temas sociales hemos sido una sociedad de clases, de discriminación más que de inclusión. Esto parece que  lo heredamos desde la historia pehispánica, donde las clases sociales eran más marcadas que actualmente. Uno de los pendientes que está emergiendo es el de la inseguridad social: por varias décadas fuimos un país pacífico, pero eso ya no sucede. Otro pendiente que tenemos es la falta de lectura y de generación de propuestas por parte de la sociedad; nos falta más involucramiento en las soluciones y en la participación activa de su ejecución.

En temas políticos, hemos transitado evolutivamente desde la monarquía, dictadura, caudillismo hasta una naciente democracia. Nuestros políticos nos han entregado siempre lo que les hemos exigido: y en ese camino deberíamos avanzar: en exigir la rendición de cuentas y la transparencia.

4. El reto inmediato

Sin duda es el de la seguridad. Uno de las misiones principales de un gobierno es preservar el orden. Sin él, no es posible que la sociedad pueda manifestarse tranquila y productivamente en el día a día. Se está librando una guerra como no sucedía desde la Revolución: minimizar la violencia y los muertos no es una estrategia correcta por parte del gobierno. Es verdad que se tenía que actuar, pero también que hay diferentes maneras de actuar y la violencia nunca ha sido la más efectiva.

La solución de fondo es formalizar el mercado negro que ya existe y que no desaparecerá. Debe diseñarse un plan de legalización de algunas drogas y definir los mecanismos para que el tránsito a este nuevo esquema sea más o menos ordenado. Por supuesto, acompañado de un programa de prevención más abierto y masificado.

En el cortísimo plazo se debe buscar que disminuya la violencia, no que se incremente -como anunció nuestro Presidente hace unas semanas. Lo peor que puede pasarnos es que nos “acostumbremos” a la cotidianidad de los asesinatos y a ver al ejército en las calles. Cabe señalar que esta tarea sí está del lado del gobierno principalmente. En este espacio siempre he impulsado la participación de los ciudadanos en la solución de los problemas, pero con este tema no es posible: nuestra vida y la de nuestras familias están de por medio.

5.  El futuro

¿Qué queremos heredarle a nuestros hijos? Démonos oportunidad de soñar e imaginemos cómo vemos a nuestro país en diez años o en veinte: cuando nuestros hijos terminen la prepa o cuando se casen. ¿En dónde vivirán? ¿En dónde viviremos nosotros en nuestro retiro? Sobretodo, ¿qué estamos dispuestos a hacer desde ya para luchar por ello?

Nota final

En resumen, me parece que sí hay que celebrar, pues hay bastante por lo que debemos sentirnos orgullosos. Es verdad que hay pendientes críticos en el país y que uno de los urgentes es resolver el problema creciente de la inseguridad. Aún así, podemos soñar con un mejor futuro y hacer lo que nos toca para contribuir a que las cosas sucedan.

"México Independiente", mural de Alfredo Zalce
"México Independiente", mural de Alfredo Zalce