Jueves ordinario: moviendo el centro

20100724 069

// Voy caminando lentamente. Es uno de esos días de los que tengo pocos. El cielo cobija mi andar y el viento golpea suavemente mi rostro. Se activan mis sentidos. Respiro profundamente, queriendo captar cada detalle del instante y en la exhalación se contrae mi pecho. Y siento, siento de adentro hacia afuera. //

La luz del sol exalta el colorido de la ciudad; el murmullo enaltece los aromas; los rostros alegres protagonizan el día de fiesta; la música del istmo enciende pasiones; y el bailar oaxaqueño completa esa secuencia maravillosa de nuestro país. Los jóvenes presumen su belleza, mirando sus rostros y disfrutando su puesta en escena. Los turistas, equipados con cámaras fotográficas, mueven rápidamente sus brazos y detienen su cuerpo, buscando captar un instante y pretendiendo -con ello- llevarse para siempre eso que sólo aquí es posible.

// Miro el panorama. Cuido mantener la distancia para no inmiscuirme en algo que no me corresponde. Escondo mi cabeza tras una gorra deportiva y pasando inadvertido comprendo cómo me he perdido de ser espectador; de dejar  a un lado el centro propio y concentrarme en el otro, en lo otro. //

Un viejo toca en el saxofón los acordes de “Bésame Mucho”. Una niña logra alcanzar una paleta cuando su madre se descuida y corre con los piés descalzos, dejándose alcanzar y reprender por la madre adolescente que a la vez amamanta a su niño de dos años. Tres policías platican plácidamente cuando se escucha el sonido estruéndoso de un juego pirotécnico. Un viejo levanta la ceja y regresa su mirada a su taza de café a medio terminar. Una niña ofrece manteles de algodón y aún ante la negativa de la turista, insiste y logra obtener una galleta con helado de vainilla.

// Siento un leve mareo. El exceso de oxígeno y de colorido abruman mis sentidos. Caminamos calle arriba. Un ligero mareo nubla mis sentidos: veo mucho pero miro poco. El cambio de altura ha acelerado mi metabolismo y mi cuerpo no se adapta todavía a ese exceso de vida. Llegamos a una farmacia a recoger los boletos para la Guelaguetza y sólo hasta que miro los ojos de la empleada, es que recupero mi conciencia. //

Con gran agilidad, la mesera desliza el plato sobre la barra. Es un platillo típico con enchiladas, enfrijoladas y enmoladas; cecina adobada, un bistec y chorizo; tortillas y un par de cervezas. Las cocineras se mueven rápidamente y los comensales atacan sin piedad sus platillos. Unos pagan la cuenta y otros esperan pacientemente su turno para ordenar. El murmullo crece y con él los olores de comida oaxaqueña. La carta del restaurante señala que el merendero lleva seis generaciones: “La abuelita”. Cada persona gasta menos de ochenta pesos y se levanta satisfecha caminando calle afuera para continuar su recorrido.

// Sentado en el café, una gran revelación aparece en mi mente, recorriendo mi cuerpo y perdiéndose en el zócalo. Estoy por escribir una historia nueva. He tenido cambios personales importantes: me muevo diferente; me siento distinto, como si no fuera yo. Me veo desde afuera y percibo cómo es que he pasado gran parte de mi vida recorriendo mi interior: explorando cada parte de mi existencia. He sido por muchos años existencialista y esa revelación me anuncia que es tiempo de abandonar ese camino; de abandonarme. //

Las nubes se posan sobre los edificios coloniales. El atardecer baña suavemente la azotea del hotel y una luz cambiante evidencia el movimiento cósmico de la tierra. Dos espectadores aprecian la belleza de la secuencia y se dejan disfrutar en ese mundo mágico que sucede todos los días. Así, sin filtrar las percepciones ni someter a escrutinio alguno la belleza del instante. Viven a través de lo demás y sin miramientos ni reservas se fusionan con el otro, con lo otro.

// … //

Jueves ordinario: liderazgo, inseguridad y aletargamiento económico.

Los cambios recientes en el gabinete del Presidente de México, Felipe Calderón, hacen evidente tres deficiencias de liderazgo del jefe del Ejecutivo: 

  • Privilegia la amistad sobre la capacidad técnica
  • Ha sido incapaz de gestionar de manera efectiva a su equipo
  • Culpa a sus subordinados de los resultados de su gestión

Las tres son competencias críticas en un liderazgo efectivo y nuestro Presidente ha demostrado -tal y como sucedió con Fox- que no puede administrar a su equipo para lograr los objetivos que se planteó. Hay dos fallas muy importantes en la gestión de Felipe Calderón y que no ha logrado superar -ni se identifican factores que permitan anticipar que se resolverán. Ambos directamente relacionados con la sociedad:

  • Inseguridad
  • Falta de dinamismo económico

El primero lo ha agudizado su estrategia equivocada de combatir con fuerza bruta lo que debe hacerse con inteligencia. Es correcta su visión de no tolerar criminales en el país, pero incorrectas las acciones que ha emprendido. Cuando menos hay dos líneas que debería impulsar con mayor intensidad:

  • Legalización de las drogas. Con la única intención de eliminar las ganancias supernormales que genera el mercado negro. Esto no se hace por decreto ni es sencillo, pero sí es importante empezar a dar los primeros pasos con las drogas blandas, como la marihuana. Mientras exista un incentivo tan grande para los delincuentes (por hacer tanto dinero), existirá quien se arriesgue en emprender en este “negocio”, con la consecuente repartición de ganancias a través de la corrupción.
  • Para los delitos de fuero común, es urgente instalar indicadores de gestión en la impartición de justicia, desde el número de detenciones a cargo de la policía, pasando por una estimación de denuncias (acá habría que optimizar este proceso), casos asignados en el ministerio público por persona responsable … hasta número y porcentaje de delitos atendidos satisfactoriamente. Se maneja una cifra hoy en día que señala que de cada cien delitos en el país se resuleve menos de uno. Esta realidad es un incentivo enorme para los delincuentes. La probabilidad de que se les catigue es menor al 1%.

La segunda (falta de dinamismo económico) fue un problema de sus primeros dos años, que se agudizó con una gran recesión en 2009. En este 2010, el repunte económico es por motivos externos y no porque el mercado interno se haya reactivado ya; por ello son pocas empresas las que ya ven este dinamismo, como pocas son las que exportan. Es posible que en el segundo semestre del año haya un incremento ligero en el crecimiento de la demanda interna, pero seguirá siendo insuficiente.

El origen estructural de la debilidad de nuestra economía tiene que ver con la baja productividad que generan la mayoría de los negocios del país: el valor agregado de la cadena de valor es marginal en millones de negocios en el país. Aunado a ello, las ganancias no se dirigen a incrementar las capacidades productivas, como la tecnología o la capacitación. Mucho hay que hacer para que nuestros empresarios amplíen su visión y se decidan por una transformación en la cultura de sus negocios. Aunque será difícil lograrlo, si muchos de estos negocios están en condiciones de sobrevivencia. Del lado del gobierno faltan cuando menos dos acciones en este sentido:

  • Incentivación fiscal. El primero (por absurdo que parezca) es convencer a los negocios que les conviene estar dados de alta ante hacienda; el segundo -que va como argumento del primero- es desarrollar incentivos fiscales para negocios que inviertan en tecnología y capacitación. Se debe premiar la rentabilidad, no castigarla. El trabajo es enorme en este punto y debería partir bajo un concepto básico de fiscalización: ganar-ganar. Aunque suene trillado, sí es posible instalar políticas así: sólamente necesitamos que quienes diseñen estas políticas tengan una mentalidad con visión de generación de riqueza, es decir empresarial. Otra cosa que hay que hacer es eliminar a todos los coyotes que viven de las mordidas de la economía subterránea. Hay una capa de cáncer de corrupción fiscal alrededor de los más de 3.5 millones de negocios informales.
  • Promover campañas de reactivación del mercado interno. Mis maestros de economía neoclásica del ITAM se darían un tiro por no haberme afliado a su visión monetarista y de cero intervención, pero creo que ya probamos suficiente ese modelo, ¿no? Es necesario regresar con Keyness: hay cientos de modelos neokeynessianos en ese sentido que impulsan la economía con gasto e inversión del gobierno por el lado de la oferta. En términos, llanos, lo que hay que hacer es meterle dinero a los negocios que tengan ya las capacidades para crecer. Dentro de la secretaría de economía existen incluso algunos intentos tibios en este sentido, como el programa de “Gacelas”, pero ni siquiera se tienen los criterios bien definidos para clasificar a estos negocios, menos qué tipo de acciones deben instalarse. Al nuevo Secretario le vendría bien echarle un ojo a este tema. Pero, bueno, difícil cuando su designación es completamente por razones politicas, en lugar de considerar competencias técnicas y experiencia probada en este tema.

Termino como empecé. La falta de liderazgo del Presidente es un obstáculo para hacer una diferencia en el país; difícilmente avanzaremos de manera significativa en seguridad y en dinamismo económico. Aún así, la responsabilidad restante esta de nuestro lado y ahí es donde debemos concentrarnos los ciudadanos de a pie y no lamentarnos, menos desanimarnos. Después de todo, éste es el único país que tenemos y más nos vale contribuir aunque sea con un granito de arena en mejorarlo.

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Nota sobre liderazgo.

Mi gran amigo Jorge M. ha escrito un libro sobre liderazgo (derivado de su vasta y exitosa experiencia en el sector bancario) que tiene aplicaciones en cualquier ámbito.

Comparto sus principales ideas y a quien le interese le comparto su libro -sé que Jorge no tendrá objeciones en que lo distribuya, pues su generosidad profesional es una las características de este gran funcionario de Bancomer.

Un líder -de acuerdo con Jorge- debe tener cuatro competencias para que su gestión de equipos sea efectiva:

  1. Guía e inspira: es el punto de partida y determina la intensidad del líder. “Es la visión que enamora”.
  2. Comunica y desarrolla: es el corazón de la Ejecución. “Es el primer paso de la conquista del equipo y de la propia aventura diaria”.
  3. Decide con valor: es decidir con agresividad, contando con la información necesaria para hacerlo. “En cada encrucijada debo tomar una decisión”.
  4. Motiva y promueve: “Nuestra gente es la prioridad número uno y no hay quien  no tenga la ambición de progresar”.

El libro de Jorge contiene además de ejemplos reales, dentro y fuera del ámbito financiero, una prosa entretenida y llena de pasión.

Jueves ordinario: indisciplina, huracán y noventa minutos

Notas al principio:

  • Este jueves sucede cada vez menos en jueves. Es verdad que ha sido un poco por temas del mundial, aunque la disciplina es uno de esos valores que debemos preservar. También ha sido por otros temas.
  • El huracán “Alex” ha provocado daños económicos y físicos a tres estados principalmente y también obligó a una tregua del crimen organizado. Lo primero permanece y habrá que repararlos, lo segundo ya se acabó y los asesinatos regresaron desde el viernes anterior.
  • La selección española de fútbol tuvo otros noventa minutos -y luego otros treinta- que aprovechó al máximo y ganó el campeonato mundial celebrado en Sudáfrica.

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“A veces lo que uno busca decir, se encuentra mejor tras lo que uno escribe en la intimidad del tiempo dedicado, pausado, personal…” – me escribió alguien muy cercano hoy por la mañana. Me impactó reconocer la ausencia de ese tiempo. Hay etapas en las que caminamos cargados de cotidianidad y olvidamos voltear hacia nosotros; nos damos el lujo de no dedicarnos un espacio; de apresurarnos y correr sin pausas; nos permitimos días de indiferencia hacia nuestra persona.

Estuve el viernes pasado en Monterrey. Fuimos a anunciar los apoyos que dará la empresa en la que trabajo. En el momento que salí del avión, por el gusano, sentí la humedad veraniega de esa preciosa ciudad; en el momento que salí del aeropuerto reconocí esas nubes llenas de velocidad de la mañana que se apartarían en unas horas; el cielo azul profundo y el sol queriendo asomarse. Ése fue el primer día que dejó de llover después de la llegada del huracán “Alex” una semana y un día antes. “Treinta y cuatro grados”, dijo el taxista cuando le preguntamos a cuánto llegaría la temperatura en el día.

Hoy por la mañana recibí un mail de mi amiga madrileña. Por cierto que ella le va al Atlético de Madrid y aunque no tiene el perfil de una gran aficionada al fútbol (estudió literatura y se especializa en consultoría en recursos humanos) escribe con gran nitidez y estos días ha vivido intensamente el mundial: “Es curioso el sentimiento momentáneo que generan unos chavalines tras un balón en un partido como éste…”

Hace algunos meses, después de correr un par de kilómetros en “El Sope”, me decían que las sacudidas son más fuertes, cuando más dormido estás. Me compartían una experiencia personal, pero la hice propia. Uno se duerme en algunos temas: cuando crees tenerlos controlados o simplemente porque no eres conciente de que cada instante que dejas de estar va mermando tu presencia y restando prioridad a tu existencia. Nos dormimos continuamente, no sólo frente a nuestras capacidades, sino al no atender vigorosamente las necesidades de nuestros semejantes: amigos, compañeros de trabajo y seres queridos.

Afortundamente “Alex” cobró pocas vidas humanas. Ninguno de mis amigos sufrió lesiones importantes y la mayoría tiene pocas pérdidas materiales que lamentar. Aún así, el viernes todavía se percibía un poco de miedo por los estragos del agua y las historias de colonias inundadas y cerros desgajados fueron múltiples; negocios cerrados y mercancías echadas a perder; coches inservibles y casas inundadas completamente. Las vialidades son de las más perjudicadas, por lo que muchas personas tardan más de dos e incluso tres horas en llegar a sus lugares de trabajo. Las ventas están detenidas y los daños económicos provocados por ese paro involuntario serán los que más perjuicios causen a la economía de Nuevo León.

Me dio muchísimo gusto que la selección española ganara el mundial. Después de tantos fracasos en mundiales pasados, el equipo integrado por una mayoría notoria de jugadores del Barcelona, demostró que el trabajo en equipo fue clave; también que proponer el partido y arriesgarse sí da frutos. El partido lo vi en casa de mi papá y aunque por momentos hubo un poco de desilusión (por tantas patadas de los holandeses, principalmente) gritamos de júbilo con el gol de Iniesta. Fue divertido y aunque quedé contento con el triunfo, no pude apartar de mí ese sentimiento de frustración por la actuación de nuestra selección.

“Nuestra vida transcurre representada por una sucesión continua de transiciones”, pensaba hoy por la tarde cuando venía a casa. Es verdad que esas transiciones muchas veces son tan notorias que pareciera que estamos haciendo un cambio radical en nuestra manera de ser, pero es un hecho que la conciencia de esas pequeñas transiciones son las que determinan si estamos ejerciendo o no nuestra libertad. ¿Qué provoca en nuestros espíritus evaluar y cuestionar cada instante como si fuera determinante? ¿Tenemos tiempo o voluntad para hacerlo? ¿No preferimos muchas veces montarnos en un esquema mecánico de hábitos que decidan por nosotros?

Hace un poco más de cuatro años vivía en Monterrey. Y ahí, en el cauce del río Santa Catarina, jugaba fútbol en un torneo del Banco. Ahí, en ese cauce que luce desbordado en la foto de arriba. Me contaron que el circo que yacía río más abajo alcanzó a sacar a sus animales, pero la instalaciones de otras actividades recreativas desaparecieron, como las canchas de fútbol con pasto sintético o la pista de go karts; río más arriba se ponía el mercado de pulgas: seguramente volverá a aparecer en unas semanas más. ¿Cuántas personas no la están pasando mal por no poder vender su mercancía en estos días? Por ello, la ayuda es indispensable, tanto en efectivo como en especie. Sobretodo, es una ayuda que tanto en Nuevo León, como en Coahuila y en Tamaulipas será utilizada para reactivar su economía.

El resultado de la selección de fútbol mexicana debe calificarse de manera contundente: fue un fracaso. No llegar al quinto partido es un fracaso para el nivel de nuestro fútbol y sobretodo para la potencia de nuestro país. Así, como es un fracaso que no hayamos salido del subdesarrollo o que estemos lidiando con problemas tan críticos de inseguridad. No hacer lo que somos capaces de hacer debe calificarse sin piedad y ubicarse en su justa dimensión. Basta ya de ser autocompasivos o derrotistas. ¿Cuándo levantaremos la cabeza y podremos imaginar qué tan lejos podemos llegar? Es cuestión de coraje y de convicción.

Termino con el inicio. Los jueves deben suceder en jueves, así como la conciencia debe extenderse a cada instante y los hábitos fortalecerse con la capacidad de decidir. Sobretodo, hay que luchar por lo que queremos y por quienes amamos. Diario, sin tregua. “Pasión y obra”, dirían por allí.

Jueves ordinario: de elecciones y selecciones

 

El viernes volví a corroborar que aún a los escépticos de la selección les dolió la derrota contra Argentina. A pesar de que digan que no había que creer en el representativo mexicano; a pesar de que señalen que haberse puesto la verde fue un error; a pesar de su mala vibra partido tras partido; a pesar de todo esto, en su corazón existió la esperanza de que pudimos ganar el quinto partido. Se ve en sus ojos; se percibe en el modo que critican las decisiones de Aguirre o las fallas de los jugadores: lo hacen con pasión. Esa pasión que sólo existe en personas que saben que se puede ganar, tanto en lo individual, como en lo colectivo. Así, confirmo que en el mundial de fútbol, nuestro pueblo se unió por una causa común: ganar.

“El fútbol es simbólico”, me compartió mi amiga Teresa ayer por la mañana. “Hoy es una mañana extraña. Llueve. Parece otoño, en vez del verano caluroso madrileño. Huele a lluvia. Me gusta tanto el olor a tierra mojada. Se te mete hasta el fondo. Es un olor recuerdo de la infancia. Los recuerdos son sonidos, olores…Los sentidos a tope.”

Un gran amigo mexicano me ha comentado que es un error que vincule al fútbol con la situación del país; que la selección de fútbol es una cosa y lo que sucede en México es otra: que nada tiene que ver hayamos ocupado el lugar número catorce en el mundial, contra cualquier suceso económico, político o social. (Por cierto -para no dejar-  México es la decimotercera economía a nivel mundial). Claro que este dato nada tiene que ver si comparamos los lugares de Japón y Estados Unidos en fútbol soccer y en producción económica. Aunque si corremos una regresión (como hipótesis nula) es muy probable que las economías más grandes y progresivas hayan ocupado mejores lugares en los mundiales de fútbol; hacerlo contra preseas olímpicas seguramente arrojará el mismo resultado. Pero está por probarse y no tengo a la mano esos datos; pero no desechemos el sentido común -que muchas veces es más poderoso (por asertivo) que los datos estadísticos (que muchas veces se interpretan sin el poderío de ese sentido).

Teresa continúa en su mail: “Hoy es un día de ilusión ficticia futbolera. Esta noche la selección se juega el paso a semifinales del Mundial. Si este espíritu colectivo que genera el fútbol pudiéramos utilizarlo en otras ocasiones, sería magnífico. No es real; es un espejismo que acaba cuando terminan los 90 minutos de partido. Ayer hablaba con mi amigo senegalés. Estaban en Dakar a punto de ver el partido de Ghana. África pensando que podía ganar al primer mundo… Un sueño que acabó con un penalti fallado.” Así escribe una ciudadana madrileña; así, minutos antes de que España derrotará a Paraguay en el mundial. Por lo visto, al pueblo español se le han extendido otros noventa minutos.

Estoy viendo los resultados del PREP: el PRI ganará nueve de las doce gubernaturas. Pocos estamos hablando del tema, pero estos resultados afectarán más nuestra vida cotidiana que la derrota contra Argentina. Y la nota tiene que ver más con que se celebraron elecciones sin violencia a que haya ganado el PRI.

Es importante que seamos concientes de que -a pesar de los espacios que ha ganado el narco y el crimen organizado en nuestra vida política y social- el país todavía puede celebrar elecciones organizadas por los ciudadanos. Es verdad que el abstencionismo fue alto y que en algunos estados alcanzó casi el 65% (como en Chihuahua) y en algunos municpios el 70% (como en Tijuana), pero también es verdad que el país sigue en marcha y nosotros -como ciudadanos- debemos impulsar esas buenas noticias, con todo y sus matices. Tan indeseable es ser un loco optimista, como un pesimista desolado. Así, hagamos un esfuerzo por ver también las cosas que suceden bien en México.

Ahora bien, ¿qué significa que el PRI regrese al poder ejecutivo estatal con tanta contundencia? Los mexicanos que votaron (acarreados y no) están anticipando quién será el partido que gobernará a nivel nacional a partir de 2012. Independientemente de cuál sea el partido de nuestra preferencia, la existencia de tres fuerzas políticas importantes (si bien una en decadencia) es un motivo alentador para nuestra democracia.

Me parece que el país tiene solución: ese es un hecho. La gran pregunta es qué tanto estamos haciendo los ciudadanos de a pie para contribuir con ello. Y vuelvo a vincular: fue posible ganar el quinto partido, así como es posible ganarle la guerra a la apatía. La guerra no es contra el narco o contra la corrupción. No, desde hace siglos (literalmente) la guerra es contra la desesperanza y la tibieza. Contra los incrédulos, contra los “realistas”; la guerra es en el fondo contra arraigos y creencias que nos hemos impuesto a nosotros mismos. Y vinculo: la solución es casi tan fácil que parece absurdo: es creer en que somos capaces de ganar; ya sea el quinto partido, ya sea una mejor situación para la sociedad. Solo creyendo, podremos empezar a trabajar en hacerlo realidad. Es absurdo, es obvio, pero yo creo que es.

¿Qué haríamos con otros noventa minutos? Creeríamos: así fuera Alemania o España: creeríamos. ¿Qué hicimos con los noventa minutos anteriores? Creímos: la inmensa mayoría creyó, a pesar de lo que digan de dientes para afuera. Creamos, pues. Para empezar, creamos: a partir de ahí tendremos la entereza para aprender, desarrollar y ser capaces de hacerle frente a los retos y a la adversidad.

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Nota inversa:

La opción de no creer y de empeñarse en vivir en la ´”realidad” es precisamente lo que nos ha sucedido por tantos años: hemos caído en una desesperanza tal, que unos pocos delincuentes y corruptos se han adueñado de un espacio que en principio no les pertenece: no por derecho, no porque somos más las personas alejadas de esos actos ilícitos. Inculquemos a nuestros hijos que el país no tiene solución para mantener la mediocridad en sus vidas: reiteremos que somos la generación de la crisis, para seguir heredando desesperanza y poca fe. Optemos por la derrota, pues soñar es para los ingenuos. No creamos que somos capaces: es sensato e inteligente.

Otra nota:

Dedico este post a mis amigos y familiares que han disfrutado el mundial casi (o de hecho) hasta las lágrimas. Nos hemos divertido, sufrido, gritado, festejado, maldicho y hasta llorado. Enhorabuena a estos niños que nos contagian con su gran capacidad de creer en algo tan ingenuo como una selección. Por cierto que esa misma ingenuidad es la que ha venido provocando que muchos problemas y retos se hayan solucionado (en el mundo), aún a pesar de los grandes expertos y amantes del escepticismo. En este sentido, impulsemos la ingenuidad, que -como lo he dicho- nos abre la mente a posibilidades que de otra manera sería imposible vislumbrar.

Jueves ordinario: la complicidad de la noche

Escucho mi respiración. Las nubes se mueven lentamente: reflejan la luz de la luna hacia la oscuridad. Siento mis ideas: me parecen casi comprensibles. La temperatura de mi cuerpo se está elevando al mismo ritmo que lo hacen las palpitaciones de mi corazón. Los poros de mi cabeza son los primeros que se abren.

// Cuando tenía diecinueve años jugaba tenis con mi primo Marcos. Nos veíamos a las siete de la mañana y empezábamos a bolear sin calentar los músculos. Muchas veces llegué muy desvelado, después de una fiesta llena de adolescencia. Poco a poco empezábamos a soltar los golpes: derecha, revés, derecha, otra vez derecha: un poco más fuerte, flexionando. Mejor técnica, más fuerza. Con los músculos más calientes y las palpitaciones incrementando, sentía cómo se abrían los poros de mi cabeza: un ligero piquete que anunciaba la llegada próxima de bienestar físico. //

Miro mi mano. La postura me está matando. Ya no sé si es el cuello o la columna vertebral; sigo respirando y el silencio crece. Estoy concentrado en mi existencia: no pienso, sólo siento; percibo cada parte de mi cuerpo. Volteó nuevamente hacia el cielo: miro a través de la ventana: la abrí ligeramente pues sentía una asfixia ligera.

// Estamos haciendo cristos: respiro el polvo del campo de Plateros. Es miércoles y nos recuerda que ese día no habrá misericordia. Disfrutamos cada movimiento de la calistenia: desde “la frente a la rodilla derecha” del inicio, hasta “las puntas detrás de la cabeza” una vez que la flexibilidad está de nuestro lado. Escucho la respiración -y la complicidad- de mis compañeros. Nuestros nueve años de edad ayudan a que el lazo de unión sea genuino y muy fuerte. //

De pronto, la sirena de una patrulla interrumpe la profundidad del cielo. Un vaivén que distrae y focaliza: y se inflan mis pulmones. La luz de la casa se vuelve tenue. Mi tranquilidad -apenas alcanzada- coquetea con la profundidad de los movimientos de mis compañeros: es yoga; estamos compartiendo un instante significativo, que para el grupo es parecido y que para cada uno es muy diferente: la armonía contrasta con la discordia. Y respiramos al unísono, queriendo apartar nuestros problemas, buscando un instante de paz.

 // Siento cómo mi respiración se altera. Es mi primera vez, después de tantos años. Una vuelta al parque. Ya sé que sólo son cuatrocientos metros (los medí el otro día) y también sé que voy a vaciarme. Mi respiración se altera con mi palpitar: pago el precio de un sedentarismo de cinco años. Termino con mi cuerpo hacia adelante y una tos que refleja mi falta de condición. Es el año del milenio: en ése que decido ponerme en forma. //

Confieso que los saludos al sol me causan conflicto: sobretodo, porque siempre los he hecho de noche. Aún así, ejecuto cada movimiento con fineza: plancha y estiramiento de la espalda; después posición de perro. Ahí, viendo mis pies recuerdo mis años de jugador de fútbol americano infantil: escucho a mi cuerpo: no sólo el ritmo de mi respiración, sino la flexibilidad y tensión de mis músculos, el ritmo de mi corazón y mi mente -captando y observando cada instante- llevándose el recuerdo -uno más- de un encuentro profundo.

// Volteo hacia el techo. Con el lápiz en la mesa y el cuaderno recién manchado. Bebo un trago de agua y -después de sacar el humo de mis pulmones- suspiro. Me siento, me observo. Estoy terminando una reflexión adolescente llena de existencia. Lo escribo para dejar constancia del instante. De ese momento que -por intenso y lleno de oxígeno- vale la pena recordar años después. //

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Nota al margen:

Dedicado a mis compañeros de yoga, que alcanzan un nivel de profundidad admirable, que avanzan día a día en su flexibilidad y conocimiento de su cuerpo. Espero poder alcanzarlos algún día en el presente, sin que el pasado me asalte, permitiendo que pueda disfrutar -con paciencia y confort- ese instante que se mezcla en espacio y tiempo.