Jueves ordinario: el vuelo del águila

A tí, que siempre estarás conmigo aún ausente

 

Despertó violentamente. Por instinto recobró la consciencia. Un instante previo, el vértigo le desgarraba el vientre.

Se había arraigado a su cotidianidad. Disfrutaba cada momento de su rutina. Volteaba al suelo con más frecuencia y ahí encontraba las razones que lo impulsaban cada día. Estaba convencido que esa felicidad era la que había estado persiguiendo.

A veces tenía unos sobresaltos incomprensibles. En una ocasión le gritó a su perro con tal furia que el bóxer no atinó mas que a verlo con intriga, como cuestionándose qué significaban esos alaridos llenos de rabia.

Otras veces, más sereno, parecía convivir normalmente con sus semejantes. Existió la ocasión en que con una empatía genuina escuchó cada palabra que le compartió un compañero de trabajo. Casi pudo comprender qué es lo que habían estado platicando y más tarde hasta apareció la imagen de su amigo como la de un acompañante de un largo viaje.

Despierto, debajo de las sábanas, cobijado por la oscuridad de la madrugada, comprendió que había estado soñando. Había sido una terrible pesadilla en la que había estado atrapado; había sido presa de impulsos incontrolables; había perdido su libertad: el destino lo había privado de su voluntad.

Cerró los ojos. Recordó. Se dibujó una sonrisa en su rostro. Recordó. Ahí estaba con las personas que quería; con las personas que lo querían. Iban de viaje, desayunaban en un aeropuerto, llegaban a un hotel, tenían un plan, disfrutaban, peleaban, conciliaban, reían. ¡Qué días de felicidad! Volteó la cabeza. Abrió los ojos. La oscuridad cedía. Llevó todo el aire que pudo a sus pulmones. Y despertó completamente.

Empezó a trotar lentamente. El sonido rasposo que provocaba el golpeteó de sus ténis con la arcilla le marcaban el ritmo: ¿o era su andar el que marcaba el ritmo y generaba ese sonido tan armónico? Iba adelante, lo suficientemente cerca para escuchar el murmullo de sus compañeros, lo suficientemente lejos para no distinguir palabra alguna. Así, se acompañaba y a la vez disfrutaba de sus pensamientos ininterrumpidos; de sus ideas en pliegues que rompían cualquier estructura; así, disfrutaba unos impulsos más o menos libres que le provocaban unos pensamientos más o menos placenteros. El ritmo ayudaba.

Eran ideas salpicadas de futuro; aunque también apareció ese vértigo de  impulsos pasados. Extendía las alas y al mismo tiempo abrazaba  su torso. Era un baile poco cadencioso entre emociones intensas y un pragmatismo casi superficial.  Pero algo lo empujaba hacia adelante, contrario a lo que muchos años antes sucedió cuando alguien lo jaló del hombro para impedirle avanzar.

Los murmullos del fin del entrenamiento lo despertaron nuevamente. Ya se había dormido varias veces en las últimas horas; había soñado, había pensado, había corrido, también había sufrido; sobretodo, había recorrido su vida en imágenes borrosas y en esperanzas alentadoras.

Amanecía todavía. Casi era el final del espectáculo diario. Aprovechó la oportunidad y extendió nuevamente las alas. Se armó de coraje  y emprendió el vuelo. Sabía que su camino iniciaba con más preguntas que respuestas, pero también sabía que esa era la única manera de enfrentar libremente los retos que tenía por delante. Y voló.

 

 Imagen de nature pictures

Jueves ordinario: la enseñanza

Este jueves lo escribo como un tributo a mi amigo Alejandro Revuelta. Desde hace varios años nos ha dado una lección de vida: enseñándonos cómo se enfrenta cada instante de la vida. Ha estado luchando contra una enfermedad que, según pronosticaban los médicos, era terminal en muy poco tiempo. Pero no ha sido así: su voluntad de vivir y su gran amor por la vida (y por los seres humanos) han permitido que las estadísticas pasen a segundo término. No sólo sigue con nosotros, sino el próximo sábado celebrará su cumpleaños en grande.

 

 

En su estado de Facebook del día de hoy puede leerse lo siguiente (sé que no traiciono su confianza al compartirlo en este espacio público):

Una misión de vida rige sobre todo, alinea al espiritu, a la mente y al cuerpo. Hay muchas cosas por hacer, así que comencemos por agradecer todo lo que hemos vivido y demos paso a todo aquello que vamos a vivir con paz, alegría, prosperidad y amor. Es así como sucederá la segunda mitad de nuestra vida.
Me ha atrapado ese agradecimiento tan honesto y directo. Mucho tiempo invertimos luchando por seguir avanzando y otro tanto lo perdemos lamentando nuestras adversidades; y poco -muy poco- dedicamos a la reflexión y a reconocer qué tan afortunados somos por el simple hecho de existir.
 
Me uno contigo, Alejandro: Gracias, gracias por existir cada instante con esa intensidad y con esa humildad que muchos quisiéramos alcanzar algún día.

Jueves ordinario: a nivel cancha o un par de reflexiones del Súper Bowl XLIV

Tercera y cinco: los Colts van perdiendo por siete y quedan tres minutos y veinticuatro segundos para que termine el Súper Bowl. Peyton Manning, QB de Indianapolis, ha tenido una gran temporada y por ello fue nombrado el jugador más valioso. Debe demostrar que está a la altura de otros grandes QBs que tienen más de un anillo del Súper Tazón. Formación escopeta: saca la bola con hombre en movimiento, da tres pasos para atrás y lanza el balón a su receptor más confiable, con el que ha ganado grandes partidos. Pero no es buen pase y tampoco fue una buena lectura, pues otro receptor aparecía solo justo en la marca del primero y diez. Le interceptan y con esa jugada se decide el destino del partido.

 

 

Un par de reflexiones y un ejemplo:

  1. Peyton Manning es el mejor QB de la NFL en la actualidad: además de su gran liderazgo con el equipo y de sus ejecuciones ejemplares jugada tras jugada, es el único QB que manda todas las señales a nivel cancha. Tiene una visión extraordinaria que le permite identificar las oportunidades que se presentan cada instante. También define el plan de juego previo al partido y es capaz de combinar la estrategia y la ejecución como nadie lo ha hecho en la historia del Fútbol Americano.
  2. Sin embargo, él también tiene derecho a equivocarse. En un momento de gran presión, después de que los Santos pudieron ponerse por arriba tanto en el marcador como anímicamente, todos los factores se conjuntaron en su contra.
  3. Hace apenas unos meses, con un pase muy similar, Manning conectó con Wayne para el TD de la victoria ante Nueva Inglaterra. Un factor diferenciador es que en ese instante los Colts traían el momento anímico; otro, que Wayne hizo una estupenda trayectoria y una gran recepción.

 

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Notas al margen:

  1. Los Santos ganaron merecidamente el partido, principalmente porque el head coach de Nueva Orleans, Sean Payton, le ganó la estrategia a su homólogo de Indianapolis: mayor agresividad en jugadas que determinaron el rumbo anímico del partido. Destacó por mucho la patada corta al inciar el tercer cuarto, sin demeritar el plan de juego completo, en el que optó por jugadas (tanto a la ofensiva como a la defensiva) que sorprendieron a su rival. A decir: menos carreras, más pases, pero pases cortos en lugar de largos y sobretodo con menos probabilidad de ser interceptados.
  2. El jugador más valioso del Súper  Bowl XLIV fue el QB Drew Brees. Con dos pases de anotación y sobretodo sin cometer un sólo error, lideró a su equipo a la victoria.

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Reflexión laboral del jueves:

  • Seguramente somos competentes en nuestro desempeño cotidiano. Nos hemos especializado, entregamos resultados de manera continua e incluso somos una referencia en algunos ámbitos. Nos respetan y probablemente seguiremos con una carrera brillante.
  • Aunque también es muy probable que podríamos ser mejores. En este sentido, valdría la pena formularnos un par de preguntas: ¿Qué factor o factores existen que no estamos considerando? ¿Qué movimiento podemos leer mejor con la ayuda de otra perspectiva?
  • Es muy probable que las respuestas a estas preguntas las conocemos de antemano y el simple hecho de elevarlas a nivel de conciencia sea suficiente para elegir correctamente qué jugada mandar y a quién mandar el pase que podría ser decisivo en nuestro futuro.

Jueves ordinario: el vacío del poeta

Notas al principio:

  • Hace casi veinte años, escribí que el único estado en el que el ser humano puede hallar la plenitud es en la tristeza
  • Porque todos nos parecemos en la felicidad: somos iguales en las manifestaciones de alegría
  • Pero cuando rozamos nuestra alma -y con ella la vulnerabilidad inherente al ser humano- comprendemos que estamos solos: ahí nos distinguimos: ahí nos conocemos: ahí, donde la tristeza es el único modo de vivir concientemente
  • Tenía poco más de 20 años y exploraba con pasión mi tristeza
  • Gozaba y me regocijaba en mi vacío existencial
  • Asistía a la Licenciatura de Economía, pero pensaba en la Escuela de Filosofía
  • Imagen de Ecuador Ciencia

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El vació del poeta

Llevaba muchos días sin escribir una sola palabra: ni siquiera en su mente lograba construir una frase. Las imágenes que se le aparecían en los ojos eran confusas. Experimentaba una etapa borrosa: peor que la hoja en blanco. Caminaba sin sentido, oía sin distinguir los ruidos, respiraba sin ritmo y bombeaba sangre a chorros.

Se sentaba y no sabía elegir entre el papel o la pantalla; veía sus apuntes y no atinaba a leer un renglón corrido. Se levantaba y simulaba una respiración profunda: caminaba azotando los piés y trastabillando en cada paso. Tallaba sus ojos con sus yemas, apretando  los orbitales y sintiendo un ligero despertar al quedar en la oscuridad.

Así se había construído: con libertades y sin ataduras. Había logrado traspasar los límites de cualquier frontera y en ese espacio inerte existía en el caos: experimentándolo y sufriéndolo.

Ni siquiera recordaba los momentos armónicos de su niñez, ni la paz de esos días de sueño en los que caía en brazos de su amante. Ahora, se envolvía en su soledad y peleaba continuamente con su existir.

A veces lograba conectar una idea y se alteraba dramáticamente a tal grado que rompía el papel y quebraba la pantalla. Caminaba rápidamente hacia todos los lugares que tenía cerca y en círculos poco a poco regresaba a su sitio de partida. Ahí, al rozar una idea, se alteraba y recordaba que llevaba muchos días sin escribir una sola palabra.