Jueves ordinario: la calabaza

Esta semana es de Halloween y también de Día de Muertos. Ambas tradiciones forman parte de nuestra sociedad y no creo que se estorben. Aunque muchos piensan lo contrario y preferirían que los mexicanos solo celebráramos la segunda.

De niño, era muy emocionante que mis amigos me invitaran a salir a pedir dulces. Disfrazados, gritábamos afuera de cada casa con mucho ánimo: “¡Queremos Halloween!”. Tocábamos el timbre y nuevamente: “¡Queremos Halloween!”. Y ya sabíamos en cuál casa había dulces, en cuál chocolates y en cuál un señor regañón que aparentaba no soportar a los niños. Algo de mágico había en todo este asunto, empezando por tener permiso para estar en la calle aún cuando ya había anochecido. Sin olvidar las linternas que sacábamos para complementar las luces de la calle.

Del Día de Muertos, lo primero que saboreo es el pan hecho para la ocasión, aunque siempre estará en mi mente la gran ofrenda que realizaba la mamá de mi amigo Alejando Reyes. Majestuosa y rica en la diversidad de las ofrendas de las regiones del país. En la prepa, se organizaba un concurso de “Calaveritas” y normalmente ganaban las que hacían referencia a los sucesos estudiantiles entre maestros y alumnos.

Recuerdo que escribí una sobre Fidel Velázquez, en la que narraba cómo es que éste eterno líder sindical -al dedicarle toda su vida a los trabajadores- la perdió a manos de estos agremiados desagradecidos. Por supuesto mi escrito no ganó: bueno, ni siquiera pasó de la primera ronda.

El sábado pasado, nos reunimos en casa de una de mis hermanas para hacer unas calabazas. Fuimos a la “comer” -que no al súper- y elegimos seis de diferentes tamaños. Una vez sentados alrededor de la mesa -y con cuchillos en mano- llevamos a cabo el ritual. Cada quien mostró su creatividad y personalidad; sobretodo, pasamos un rato muy agradable con los niños. Cuando anocheció, le prendimos fuego a las velas que yacían dentro de las “cabezas” calabazas.

Para este post, es posible que debería ensayar algunas hipótesis sobre la fascinación que tenemos los seres humanos por la muerte y cómo -al difrazarnos- convivimos con la ultratumba. Debería, incluso, aventurar las razones por la que muchos niños mexicanos prefieren al Halloween que a la Navidad; o cómo es que los mexicanos somos un poco contradictorios (también) con esta tradición: por la mañana vamos al panteón a recordar y sufrir con nuestros muertos; y  por la tarde, nos burlamos de la muerte, escribiendo “Calaveras” o simplemente evocando nuestros pícaros chistes. Nos burlamos de la muerte (en el sentido de reírnos de ella) y al hacerlo creemos burlarla (en el sentido de eludirla). Con victorias temporales y derrotas permanentes. Eso ya lo sabemos y por eso el humor mexicano acerca de la muerte es muy profundo.

Pero no ensayaré estos temas. Hoy, simplemente compartiré las fotos de las calabazas:

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Notas de ultratumba asociadas a cada foto.
  1.  “Ale organizó la fiesta y a la calaca con una mueca burló. Pero por estar hablando tanto, la huesuda la sorprendió”.
  2. “Paty, como mujer vampiro, la eternidad alcanzó. Pero la flaca, con una estaca, a ser mortal la regresó”.
  3. “Sara dibujó, cantó y hasta bailó con lo que a la calavera burló. Por ser niña muy alegre a esa calaca siempre la pierde”
  4. “Bruno en el diamante brilló y con dibujos a la muerte confundió. Y aunque parece que la calaca lo atrapa, él con su risa y habilidad se le escapa”.
  5. “Fue escarbando y “carvando” que a Marc le llegó su día. Con un gin en la mano y por estar palabras inventando”
  6. “El último fue menos trágico, pues con dos martinis saboreando, a Rafa, la flaca se lo llevó cargando”.

Jueves ordinario: el manual

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Foto tomada de http://andresg.wordpress.com/2008/04/26/ante-la-crisis-soluciones/

Las semanas recientes han sido esquizofrénicas en los mercados financieros. Ayer mismo el famoso ex presidente de la Fed, Alan Greenspan, señaló que nunca hubiera imaginado una crisis con estas características.  ¿Quién sí? Ni los catastrofistas más pesimistas. La bolsa se cae, el dólar sube, la inflación también. Bueno. ¿Dónde va a parar? ¿Cuándo va a terminar este pánico financiero? ¿Y cómo va a afectarnos a nosotros y a nuestras familias?

Estas preguntas todavía no tienen respuesta concreta. Sabemos que existirá un efecto negativo, pero no la intensidad ni la duración. Sabemos que el mundo financiero ha cambiado para siempre, particularmente las bancas de inversión. Pero no sabemos, cómo incidirá esto en la banca comercial tradicional. Los catastrofistas -ahora sí- anuncian escenarios que ni a ellos mismos los dejan dormir. En contraste, las autoridades financieras mundiales y locales tratan de impedir una debacle de la que tardemos décadas en recuperarnos. ¿Qué hacer?

Ante esto, la única solución que encuentro es mantener la calma, trabajar y alimentar una actitud positiva. Ojalá existiera un manual que nos permitiera seguir unas sencillas instrucciones para poder superar sin grandes problemas esta situación.  Este manual podría contener los siguientes temas:

  1. ¿Por qué el pánico es la peor estrategia?
  2. Evite alimentar el pesimismo
  3. Cambie la perspectiva y respire profundo
  4. Concéntrese en su trabajo o en su negocio
  5. Evalúe tres escenarios sin dejar de trabajar
  6. ¿Por qué es necesario el optimismo?
  7. Trabaje persiguiendo el escenario optimista
  8. Tenga a la mano las soluciones en caso de un escenario pesimista
  9. Siga trabajando y regrese al punto 1 las veces que sea necesario

La situación ya es de por sí difícil como para que nosotros alimentemos el pánico, ¿no les parece? El mundo no va a acabarse (cuando menos no por esta razón ni en el corto plazo) y entre más pronto empecemos a trabajar en la soluciones, más rápido podremos superar esta situación. Todavía no sabemos si serán meses o años, pero cada instante cuenta y muchos no estamos dispuestos a perder el tiempo, disminuyendo nuestra intensidad de trabajo o bajando la guardia. Busquemos una actitud que contrarreste en lo individual la depresión colectiva del mundo financiero.

Jueves ordinario: el maratón

“Go Lalo, go Rafa!”, fueron las porras que nos acompañaron durante los más de 42 kilómetros y los 29 vecindarios que recorre el maratón de Chicago. Y en español con “¡Vamos paisano o vamos México!”, a cargo de mexico-americanos que residen al sur de la ciudad o de los cientos de turistas mexicanos que asistieron para animar a sus familiares y amigos. Las palabras de aliento venían acompañadas de aplausos, música y sonrisas; una arquitectura envidiable y distintiva en cada barrio; jardines, puentes y un pavimento tan suave que nos hizo sentir que íbamos flotando. Participamos 45 mil corredores y más de 100 mil voluntarios. El evento estuvo marcado por un ambiente muy cálido y una organización impecable.

// Dos semanas antes, hicimos nuestro mayor recorrido del entrenamiento. Llegamos a Chapultepec a las 6 de la mañana del domingo. Otro domingo más que madrugamos. Antes de salir de la casa, mi familia se quejó ligeramente al escuchar la alarma de mi reloj. “¡Es domingo y son las 5 de la mañana!”. “Ya es lo último”, susurré mientras le daba un abrazo al chaparrito. “Nos vemos donde siempre papá”. Fueron ocho vueltas en ochos alrededor del lago de Chapultepec, en el circuito especial para corredores. 35 kilómetros a paso lento para cerrar el entrenamiento. Fueron casi 10 meses, aunque lo más pesado se concentró en las últimas 10 semanas. Durante el año, participamos en varias carreras de ruta, como 10K Imagen, 15K de Las Lomas, 21K del Día del Padre y 30K en el maratón de la ciudad de México. En todas, con el objetivo puesto en la gran carrera del domingo 12 de octubre. //

Llegamos a los corrales una hora antes de la salida. Ya estaba amaneciendo y el clima ya se sentía un poco caliente. A las 8 en punto se escuchó el disparo de arranque de los 40 corredores elite y 5 minutos más tarde ya estábamos avanzando los demás. Cruzamos la salida a las 8 y 5. Empezamos a buen ritmo, a nuestro ritmo de 5:30 por kilómetro. Sin grandes aglomeraciones, pudimos mantener este paso durante 30 kilómetros. Los primeros 5 fáciles. Edificios, puentes, aplausos. Bien. En el kilómetro 9 tuve que parar al baño; salí como nuevo y alcancé a Lalo en el 12. Los 15 primeros kilómetros sin problemas. Pasamos el kilómetro 20 con mucha fuerza y a la mitad de la carrera (kilómetro 21.2) con mucho ánimo.

// Salimos a correr el martes. Por Lake Shore Drive, hacia el norte, siguiendo la pista de ciclistas y corredores. Pasamos por dentro del puente, por la banqueta sobre el río Chicago. Con el lago Michigan de nuestro lado derecho. Estaba nublado y el viento quemaba nuestros rostros. Empezamos muy lento, pues todavía nuestros músculos estaban muy adoloridos. Llegamos hasta Gold Coast, donde el límite de las nubes quedó justo arriba de nosotros. Junto al lago, escuchando el rebote del agua en el muelle y saludando a los demás corredores. De regreso, ya con el sol en la frente, subimos un poco la velocidad y disfrutamos cada zancada hasta llegar a Monroe Street. Caminando, cruzamos Columbus y apreciamos en silencio el escenario que dos días antes reunió a tantos corredores y amigos. Nos perdimos en Monroe hasta llegar a Wabash. //

A partir de la mitad de la carrera, cambiamos el conteo a millas. Ahí, en la milla 13.1 nos tomamos un power gel para restituir la energía perdida. “Se siente: ¡Vamos!”. A jalar uno y uno. Milla 14, milla 15. Ahí vimos a Paty y a Ana: “¡Ehhhh!”. Nos hidratamos en cada abastecimiento: me emocionaba al escuchar los vasos cayendo en el pavimento, los jadeos y nuevamente las palabras de ánimo de los voluntarios. Recordé mi niñez y esa incomparable sensación de estar corriendo y sentirte vivo. Viene la 16. “Faltan 10”, dijimos más por ánimo que por demostrar que pasamos por la primaria. Y la 17. La 18. “El calor ya se siente”, me dijo Lalo. Por dentro yo: “Traigo muy arriba el ritmo cardiaco, pero me siento bien”. Aunque una energía extraña recorría mi cuerpo, desde mis piernas hasta mi cerebro. Como adrenalina, pero más intensa. Me hacía sentir feliz y a la vez me inundaba una emoción de querer gritar para sacarlo todo. Fue eterna la milla 19. Vamos por la 20. “Ya estamos. Un 10K, cualquiera lo hace. Ya estamos aquí. ¡Vamos!”. La 21 y la 22 muy cómodas. Más calor. Pasamos el kilómetro 35. “Viene lo bueno”. El sol a todo lo que daba.

// El miércoles -en nuestra calidad de turistas- salimos a disfrutar del clima de otoño, con un sol que no levantó mucho, se quedó medio sentado y nunca pasó más de las 11 de la mañana; ni siquiera a las 2 de la tarde. Qué diferente del domingo. Empezamos en Michigan Avenue hacia el sur. Después de desayunar, caminamos a la Sears Tower. Y subimos. Vista al sur: Allá está el barrio mexicano. Paisanos que al reconocerte, te ofrecen hielos, raspados y hasta tamales. Y el McCormick Center junto al lago, donde entregaron el viernes y el sábado los paquetes para los corredores. Y Michigan Avenue que corre hacia el norte. Al este, el lago. Y las torres más altas y modernas de Chicago. Nunca olvidaré la de Prudential. La armonía de los edificios gigantes con los jardines no es casual ¿Habrá algo casual? En la década de los 30s el alcalde de la ciudad emitió un decreto para que esa zona fuera siempre “limpia”. Por ello hay jardines y una pista, en lugar de edificios bloqueando la maravillosa vista del Lago Michigan. Al Norte. LaSalle Street. Gold Coast. Cuando corríamos por esos barrios, el sabor fue completamente norteamericano. “Born in the USA” y “We will rock you”, fueron algunas de las canciones que animaron el recorrido. Calles estrechas y bares casi encima de las banquetas. El ambiente fue intenso con mucha gente que salió de sus casas o de los dormitorios de la universidad. Al oeste, la salida del Downtown, a los suburbios. Y también la ruta hacia el aeropuerto. Por allá fue la milla 19, alejándonos de la ciudad hacia el oeste. Campos de béisbol y muchos puentes. Muchos claros por falta de edificios, que cansan por no ver el final. Al sur nuevamente. “Vámonos”, susurré al ver a mis familiares sentados, esperándome y un poco aburridos. Ya había estado en ese piso 101, pero ¡qué diferente sentir las calles, los edificios, jardines y puentes como propios! En esas calles dejé un poco de mí: con cada zancada y cada latido. //

“Vamos por la milla 23. Ya no siento las piernas”. Bajamos la velocidad y el ritmo cardiaco, pero el cansancio iba para arriba. Es exponencial el sufrimiento. La tensión recorre mis hombros. Puesto de abastecimiento. Caminemos, despacito. “¡Vamos!, faltan 3”. La milla 24 fue un poco más rápida. Otra vez caminamos con el vaso de gatorade en la mano, que va y viene a la boca. Agua. Esponja. “¿Cuánto falta? Sí, 2 millas, pero ¡¿cuánto falta?!”. La milla 25 a buen ritmo. En nuestros entrenamientos de velocidad, utilizamos intervalos de 1.7 kilómetros, poco más de una milla. Nos paramos. “Falta 1 y un cachito; ya llegamos”. Pero no hemos llegado. Vamos. Es lo último. Michigan Avenue hacia el norte. Mucha gente viene caminando, hace calor. Las caras desencajadas de los corredores contrastan con las de ánimo de los espectadores. Dicen que a lo largo del recorrido se llegan a reunir hasta 1.5 millones de espectadores. Ahí está la torre de Prudential. No se mueve ni un ápice. Viene la vuelta. No manches, es subida. Muy bien para terminar. Milla 26 justo en lo alto de la subida. Columbus otra vez. Ahora sí, ahí está la meta. Vamos, poco más rápido. Levanta los brazos. “¡Sí, sí, sí!”. “¡Felicidades!” “Lo logramos”. “¡Paty!”. “¡Ana!”.

 

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Notas

  1. Terminamos el maratón en 4 horas y 22 minutos. La temperatura fue fresca la primera parte, pero después empezó a subir mucho: al final estábamos a casi 30 grados centígrados y con mucha humedad. Llegamos en el lugar 10 mil 700, de los más de 31 mil que terminamos y de los 45 mil que nos inscribimos. Nuestro objetivo era terminarlo en 4 horas, pero dadas las condiciones climáticas, el tiempo estuvo bastante bien.
  2. El ganador fue un corredor profesional de Kenya, con un tiempo de 2 horas y 8 minutos. Solo 40 corredores tenían posibilidades reales de ganar o aspirar a alguno de los premios en efectivo. Por el calor, los tiempos en Chicago están 2 minutos por arriba de los récords mundiales.
  3. Los restantes 44 mil 960 corredores fuimos por una meta personal y sobretodo por una experiencia inolvidable.
  4. Antes de empezar, conocimos a un mexicano de Saltillo que iba por su vigésimo maratón y un tiempo de 3 horas y 30 minutos. Al igual que nosotros, se veía emocionado y un poco nervioso.
  5. Mandamos a hacernos unas playeras con nuestro nombre en el pecho. Por eso, los espectadores nos animaron gritando nuestros nombres, los que escuchamos cientos de veces durante el recorrido. En la espalda, “México”, pero sobretodo con una dedicatoria para nuestras esposas y nuestros hijos. Por ellos y por la salud física y mental. Para estar y estar bien. Nada es seguro, pero el intento de estar sanos vamos a seguir haciéndolo. Así, corriendo y disfrutando.

Jueves ordinario: las PyMEs y la anticrisis

Hay un segmento dentro la economía mexicana que no hemos podido potenciar adecuadamente. Genera más del 50% del PIB, aporta 3 de cada 4 empleos que se generan en México y concentra el 99.8% de las empresas del país. El último censo del INEGI sitúa a este segmento en 3 millones de unidades económicas, pero recientemente la Secretaría de Economía (SE) calcula que son ya más de 4 millones. Son las micros, pequeñas y medianas empresas, que de manera genérica se les conoce como PyMEs, aunque se ha buscado precisar -con poco éxito- el nombre en MiPyMEs.

En países como Chile y España, las PyMEs han sido el soporte del dinamismo económico y sobretodo los principales responsables de la construcción de una clase media robusta y numerosa. En Estados Unidos, las denominadas Small Business Entreprises (SME) son las responsables -en la mayoría de los casos- de que el sueño americano permanezca. Principalmente, porque siguen existiendo a la mano cientos de historias de emprendedores que lograron convertir su proyecto en una empresa exitosa y posteriormente en una corporación envidiable. Microsoft, Dell y Google son solo uno de los ejemplos más conocidos.

Una de las dificultades que hemos enfrentado para desarrollar correctamente el segmento inicia con la manera de clasificarlas y -por tanto- de definir sus características y diferenciar sus particularidades. El gobierno -apegado a un decreto oficial- las ha clasificado por el número de empleados en Micros, Pequeñas y Medianas Empresas, dentro de los sectores Comercio, Industria y Servicios. 9 grupos en total que para efectos prácticos se dividen en Micros y PyMEs. Las Micros representan además el 95% de las empresas de México y dentro este subsegmento no se ha profundizado suficiente en la identificación de necesidades características y por tanto en el diseño de programas efectivos. La SE empieza a distinguir algunos sectores clave, pero el avance es magro.

Cabe señalar que para complementar esta clasificación, la SE define tres grupos más: Emprendedores (antes de ser Micros o PyMEs), Empresas Gacela (con gran dinamismo dentro de las PyMEs, mas bien medianas) y Tractores (los grandes corporativos). Ya se están lanzando programas para Emprendedores, aunque los resultados apenas empiezan a presentarse.

Al ser el empleo el parámetro clave de clasificación, se infiere que uno de los principales objetivos del gobierno es la generación de empleos en primera instancia. No la generación de riqueza o la creación de más empresarios, sino el empleo. Esta característica estructural promueve desde la educación básica un desarrollo individual orientado a ser empleado mas que empresario. Ambos son importantes, pero tener como hilo conductor al número de empresas y su aportación directa a la riqueza es muy diferente que a la del empleo. Esta diferencia, además, ha determinado el tipo de programas de impulso empresarial que se implantaron en el país, siendo la variable clave de éxito, efectivamente, los empleos generados, no el numero de empresas y su subsitencia en el tiempo; no la riqueza. Cabe señalar, sin embargo, que las 3 nuevas clasificaciones (Emprendedores, Gacela y Tractores) escapan al número de empleados y adquieren más bien características específicas y por tanto necesidades más precisas.

Pero entremos en el tema. Por su número de entidades, aportación de riqueza y generación de empleos, las PyMEs son el segmento más importante del país. Y hasta hace algunos años el más olvidado. El dinamismo de las PyMEs en el lustro reciente ha provocado que la atención de los diferentes sectores se vuelque hacia ellas, buscando impulsar su crecimiento en términos monetarios y su desarrollo en capacidades. Existen programas gubernamentales orientados a este desarrollo a través de consultorías y capacitaciones recurrentes a precios muy accesibles y en ocasiones gratuitos, así como esquemas para apoyar el financiamiento, en coordinación con la banca de desarrollo y sobretodo la banca comercial. Los programas avanzan y poco a poco empiezan a rendir frutos. Sabiendo, todos los participantes, que se empieza y hay mucho camino por recorrer. 

Por su parte, las grandes empresas de servicios han diseñado ofertas específicas para este segmento adaptadas a sus necesidades y también han rediseñado sus equipos de venta y de soporte para poder atenderlas adecuadamente. En la mayoría de los casos, también el recorrido apenas inicia. Pero ha iniciado.

Los grandes compradores y los intermediarios medianos absorben gran parte de sus producciones y las canalizan al mercado interno o a la exportación. Esta cadena tiene ya un mayor recorrido. También la de grandes vendedores que se apoyan en la distribución de sus productos en pequeños y medianos comercios y empresas de servicios. La cadena de producción y suministro existe y gira o deviene en las PyMEs. En la mayoría de los casos sucede así, por lo que existen pocas corporaciones que estén integradas de manera vertical y nada tengan que ver con las PyMEs.

Es decir, las bases ya están puestas. No es que tengamos que iniciar de cero para poder instalar una planta productiva o una cadena de distribución. El reto es aceitar esta maquinaria y empezar a inyectarle recursos que incrementen su dinamismo y por tanto su riqueza; por supuesto, la generación de empleos y de manera automática la creación de una clase media sólida que garantice una demanda interna sostenible. Casi de libro de texto.

No es casualidad por tanto que en el programa que ha lanzado el gobierno el día de ayer con 5 puntos (que a continuación enlisto) el número 4 tenga que ver directamente con las PyMEs:

  1. Ampliar el gasto público, particularmente en materia de infraestructura para poder estimular el crecimiento.
  2. Cambiar las reglas en el ejercicio de ese gasto en infraestructura por parte del sector público, para poder agilizar su ejercicio.
  3. El inicio de la construcción de una nueva refinería en el país.
  4. El lanzamiento de un programa extraordinario de apoyo a las pequeñas y medianas empresas en México.
  5. Un nuevo programa de desregulación y desgravación arancelaria para hacer más competitivo el aparato productivo nacional

Tampoco es casualidad que las grandes empresas estén apostando por hacer crecer y crecer junto con las PyMEs. Para impulsar el éxito (el de las PyMEs) que les permita perdurar en el tiempo. En un juego ganar-ganar que nada tiene de romántico y sí de pragmático.

Las condiciones económicas globales nos están empujando a que activemos de una vez por todas nuestro mercado interno. Por el lado de la oferta para no generar ilusiones de otras épocas. En eso pareciera existir ya un consenso (increíble, pero hasta los gobiernos de izquierda ya lo tienen en su chip). La única manera de hacerlo es con los empresarios. Y la efectividad será mayor al impulsar el crecimiento de las micros, pequeñas y medianas empresas. Al contribuir a que los emprendedores mexicanos persigan su sueño aquí en nuestro país (ya no podrán hacerlo del otro lado del río por una buena temporada); de garantizar que las PyMEs se consoliden y busquen engrandecerse.

No solo es posible, sino es necesario. Pareciera ser que la decisión es más clara que nunca. El camino del crecimiento futuro es con las PyMEs. Hay muchísimo por hacer, tanto en el gobierno como en la iniciativa privada. Con acciones concretas que impulsen sus ingresos y con programas que garanticen el desarrollo de sus capacidades, de tal forma que mejoren la calidad de sus productos y procesos, así como la administración de sus negocios. Requisitos indispensables para que podamos afirmar con orgullo que lo hecho en México está bien hecho. Falta mucho, pero solo creyéndonos capaces de hacerlo, podremos lograrlo.

Jueves ordinario: el otro rescate

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En el México de hoy hubiera sido imposible llevar a cabo las acciones aplicadas durante 1995 y 1996 para sacar de la quiebra al sistema financiero mexicano. Derivado del poder casi absoluto del presidencialismo (el último) del PRI, pudieron tomarse decisiones que permitieron que nuestro país no se hundiera en una crisis de una década. A la distancia los beneficios son tangibles y los perjuicios ambiguos; los primeros traducidos en el mundo de la economía (de productos y servicios); los segundos en el de la política (de votos y privilegios).

El costo total del rescate financiero fue aproximadamente de 60 mil millones de dólares. Mismos que se ejecutaron comprando la cartera crediticia bancaria a través del Fobaproa. Un capítulo muy difícil en la historia económica de México que, sin embargo, ha quedado atrás. La situación hoy en día (si bien con muchísimo por avanzar) no se asemeja a la de la crisis de pagos de 1995. Por varias razones, entre las que destacan 3:
– No somos nosotros los que estamos generando la crisis, sino nuestros vecinos del norte
– Los fundamentales de los bancos son sólidos, con riesgos muy bajos de contagio, principalmente por no tener una exposición significativa en las llamadas hipotecas basura
– Hemos sido “buenos niños” en los últimos diez años, al mantener disciplina en nuestras cuentas fiscales y comerciales.

Pues bien, hemos visto cómo en las últimas tres semanas se ha acelerado la crisis del sistema financiero de Estados Unidos. Ha desaparecido el modelo de bancas de inversión, con la quiebra y adquisición de grandes jugadores, como Lehman Brothers y Merryl Linch; así como la reconversión a banca comercial de los dos más grandes del mercado, Morgan Stanley y Goldman Sachs. La banca comercial, a excepción de Wachovia Bank, se mantiene todavía en pie y con pocas probabilidades de sucumbir. Afortunadamente para todos los que habitamos en este planeta.

El monto del rescate que ha propuesto la Casa Banca al Congreso asciende a 700 mil millones de dólares, que aunado a las estimaciones de rescates previos de Fanny Mae y Freddy Mac (entre las principales) la cifra alcanza 1 billón de dólares, es decir 1 millón de millones de dólares. El lunes la cámara baja rechazó la propuesta, lo que provocó inmediatamente que las bolsas de valores del mundo entero se desplomaran (otra vez). Ayer por la tarde, la cámara de senadores sí la autorizó, aunque con algunas modificaciones. Pero la autorizó. Eso hace que la bolsa de Tokio esté en estos momentos con ganancias moderadas, pero al fin ganancias. Parece que la señal se envió y se está captando.

¿Qué pasará y cómo nos afecta a nosotros?

En cuanto al rescate del sistema financiero estadounidense, no hay duda que va a presentarse. A pesar de los intereses políticos o del genuino y justificable reproche social, los 700 mil millones de dólares van a fluir. Y es muy probable que el monto se incremente, conforme vayan descubriéndose carteras deterioradas de origen de la crisis y de impacto de segundo momento con expectativas negativas.

También es muy probable (casi un hecho) que Estados Unidos caiga en una recesión de cuando menos seis meses. Así, al tanteo. El gobierno se apalancará nuevamente en su déficit gemelo: fiscal y comercial, al amparo de mayores producciones futuras. Mientras los demás países y multinacionales del mundo piensen que podrá pagar, pues le seguirán prestando. ¿Alguien cree que quiebre el gobierno de Estados Unidos? Y aún así, ¿dejaremos que quiebre el imperio económico en perjuicio directo a los casi 7 mil millones de individuos que habitamos este planeta? No. No sucederá. Para el segundo semestre de 2009, el motor estará nuevamente moviéndose y las mentes ágiles y oportunas de los banqueros también estarán funcionando para crear nuevos esquemas para acelerar el crecimiento. Sin duda. Y qué bueno.

En México, capitalizaremos la recesión de nuestro país del norte. Se desacelerara la producción relacionada con el mundo exterior y trataremos de incentivar la demanda interna a través de inversión en infraestructura. Aunque será difícil avanzar rápido pues la falta de liquidez encarecerá el financiamiento y por tanto existirán presiones para que se mantenga la disciplina del déficit fiscal. La gran pregunta de siempre, ¿seremos capaces de sacarle jugo a esta situación? O, ¿nos sumiremos en el pesimismo y aplicaremos una estrategia pasiva o defensiva? Ojala -y es deseo desde el vientre- nos despertemos por fin. Así, como un efecto dominó que en cadena toca consciencias e inspira espíritus. Es difícil, claro, cualquiera lo sabe. Pero solo soñando, podremos darle la vuelta a la adversidad. A esta o a esa que nos viene persiguiendo desde hace varios siglos.