Jueves ordinario: la cantina

Indio Azteca Cantina

¿Es de puros hombres, verdad?”, le pregunté a Rogelio Garza al darme cuenta que la cantina solo tenía un baño. Acabábamos de pedir  unos frijoles con “veneno” y un lomito adobado. Estábamos en El Indio Azteca -taberna ubicada en la avenida Madero Oriente- y fue la primera de muchas veces que la visité, mientras radicaba en la ciudad de Monterrey.

Con más de cien años de tradición, presume ser la primera cantina de aquella bella ciudad. Nunca vi una mujer dentro de ella, más que en una ocasión en que la visitaron unas periodistas para elaborar un artículo sobre su historia. A diferencia de las cantinas del DF, donde la gente llega para quedarse, en este salón la concurrencia llega a comer, se toma un par de cervezas (a la mejor una o dos más) para tratar de controlar el intenso calor de verano y se va para continuar con su día laboral. Empresarios y comerciantes, oficinistas y estudiantes, regios y foráneos conviven con gran naturalidad y rara vez se encuentra a un buscapleitos. 

Pues bien. Esta semana la prensa nos ha inundado –nuevamente- con noticias tercermundistas. Mientras el mundo globalizado trata de encontrar alternativas para sortear mejor las implicaciones de la inminente desaceleración en la economía, en la política mexicana nos damos gusto con el PRD y sus secuaces. Las declaraciones venenosas de AMLO hacia la presidenta de la cámara de diputados y compañera de partido, Ruth Zavaleta, provocaron que ella –en legítima defensa- lo nombrara buscapleitos de taberna. 

Después del intercambio, es casi obvio distinguir quién salió con la peor parte. Sobretodo cuando Zavaleta señaló que alguna vez creyó en él como en un estadista. Ni modo. Una curiosidad adicional es que el vocero oficial del “gobierno legítimo” salió a decir que AMLO no había dicho lo que había dicho. Lo que ensalza aún más la escena, recordándonos tiempos perdidos de Fox y su vocero Rubén Aguilar 

El tema, sin embargo, no queda aquí y lamentablemente no pasará como un episodio de tragicomedia. No, este modo de conducirse (el de AMLO) es un factor indispensable en los políticos populistas de la izquierda latinoamericana. Dado que su discurso político es muy débil -en términos de rigor teórico- requieren legitimar sus habladas al contrastarlas con discursos más fuertes. Por ello, Hugo Chávez busca continuamente un contrincante que le ayude a mantener su imagen antagónica. George Bush, Felipe de Borbón, Álvaro Uribe o quien se le ponga; con el único objetivo de mantener viva la doctrina radical de hacer la revolución. Y ésta con un significado menos ingenuo (e idealista) que el de Marx, pero sí malicioso y que en la realidad permite que hombres de esta estirpe mantengan el poder. 

En el caso de nuestro líder populista (el nuestro lo señalo solo como una condición de pertenencia empática: como el comentario aquel de que todos tienen un amigo gordito o necio. Bueno el nuestro es el Peje) va perdiendo intensidad esta táctica de buscapleitos, pues cada vez le tira con menos puntería (como a Creel hace algunos días) y ahora, bueno, hasta se quiere lidiar a golpes con una compañera y además comete el craso error de enfrentarse a una mujer con comentarios misóginos. 

La única imprecisión de Ruth Zavaleta consistió en considerar que  AMLO es un buscapleitos de taberna o amateur, pues este político es un profesional de las peleas. Principalmente, las que involucran a los medios y donde puede ganar espacios en la escena pública. En esta ocasión, sin embargo, los reflectores han mostrado su peor ángulo (¿el verdadero?) y algunos –que otrora lo apoyaban- ya quieren sacarlo del salón. La desesperación lo está llevando a cometer (seguir cometiendo) errores que provocarán que lo boletinen en todas la cantinas del país y nunca más pueda sentarse a tomar un trago, pues se sabe que en cualquier momento arremeterá contra los comensales, alterando su tranquilidad.

 Notas al margen: 

  1. El Indio Azteca se fundó en 1900 y la tradición de no permitir la entrada de mujeres la alimentan más los comensales que los dueños. En cuanto alguna mujer intenta colarse hacia el salón, los mismos clientes chiflan y piden a gritos su salida
  2. Existen anécdotas en las que mujeres disfrazadas han podido consumir sin problemas, desatando la risa de los presentes al descubrirse y celebrar su hazaña.
  3. La comida y el servicio son de primera calidad y además puede disfrutarse de ese sabor que solo las cantinas mexicanas ofrecen.

Jueves ordinario: la recesión

Recession special NY

Nos engañaron”, reclamó un funcionario bancario a mediados de 1996. Se refería al famoso error de diciembre de 1994 y al intento infructuoso del gobierno de Ernesto Zedillo por detener la crisis de pagos que se generó durante 1995. En ese entonces, formaba parte de un equipo de valuación de cartera de crédito del Fobaproba.

Mis compañeros del equipo se integraban de diversos bancos -que habían desaparecido o estaban intervenidos- como Banca Unión y Banco Obrero. Recordaban con nostalgia los tiempos de opulencia ya perdidos: “cuando si valía la pena ser banquero”, pues “las prestaciones eran de a de veras, con chofer y gastos de representación ilimitados”. El sistema financiero estaba prácticamente quebrado y los beneficios de la inserción en la economía global eran magros. El desaliento era generalizado en el país, tanto en las empresas como en las familias y en las instituciones educativas.

Sin embargo, hubo quien supo enfrentar la adversidad y salió avante. Una frase regiomontana que circulaba en las oficinas de los empresarios más optimistas del país era: “No hay crisis que aguante doce horas de trabajo”. También existieron inversionistas mexicanos y extranjeros (los que no estaban en la cartera denominada “golondrina”) que aguantaron y sacaron adelante sus proyectos. Aunque también muchos que perdieron su patrimonio, ante la imposibilidad de pagar tasas hipotecarias que superaron el 100% anual.

Pues bien. Es casi un hecho que la economía más grande del mundo entrará en recesión en los próximos meses. La mayoría de los analistas coincide en que esta caída en la producción estadounidense no durará mucho; algunos hablan de solo un trimestre y los más pesimistas le auguran hasta dos años. Los efectos, indudablemente, serán negativos para nuestro país. Las estimaciones de crecimiento para este 2008 han bajado de un 3.8% (que de por si era bajo al compararlo contra los países de Latinoamérica) a niveles de 3.3% y algunos hablan de un crecimiento menor al 3%.

La situación, cabe señalarlo y vendría bien que lo interiorizáramos cuanto antes, es muy diferente a la de 1995. Para empezar, el origen es externo y sobre indicadores (cuando menos los principales) que no se presentan en México. Todo empezó o acabó por detonarse con el deterioro de las carteras hipotecarias de alto riesgo, denominadas subprime; esas que –al registrar un riesgo mayor de impago- cobran en consecuencia más intereses. Jugosas para muchos fondos de inversión y también para instituciones bancarias siempre ávidas de incrementar sus utilidades. Así, Citi Group (por poner solo un ejemplo) registró el tercer trimestre del año pasado pérdidas por más de trece mil millones de dólares. Como referencia, considérese que Banamex fue adquirido por doce mil quinientos millones de dólares. De ese tamaño el hoyo, que motivó la renuncia de su CEO.

Retomando el tema de México. Otra diferencia (probablemente la más importante) es que el sistema financiero mexicano hoy en día es sólido. Con indicadores claramente positivos en la calidad de sus diferentes carteras de crédito y además con suficiencia en el capital de las instituciones bancarias. Bueno, incluso se están abriendo más bancos y los existentes continúan invirtiendo en proyectos productivos. Apostando por el futuro del país y manteniendo posiciones fuertes para competir en el mercado.

No entraré en el debate de que hacen falta muchísimas cosas por hacer, ni que el día de ayer en el Foro Económico Mundial de Davos, Suiza se presentó un estudio de competitividad donde la economía mexicana aparece en el lugar 52 de 131 evaluadas. Solamente señalaré que el factor competitivo más fuerte del país es el tamaño del mercado interno que se ubica en el 13. Esto es simplemente por las dimensiones del país con todo y nuestros más de 100 millones de habitantes. 

Parece lógico, por tanto, que las políticas contingentes del gobierno mexicano serán apalancar esta fortaleza: dinamizando la vivienda (construida en su mayoría por y para mexicanos) y la infraestructura (con un componente similar).  

El ánimo de los inversionistas también es muy diferente (reflejado en gran parte en los movimientos bursátiles recientes) y también en proyectos de inversión física que seguramente seguirán adelante, como los relacionados con el turismo y la planta productiva nacional. Es, además, un excelente momento para profundizar en las reformas pendientes, entre las que se encuentran la energética y la laboral. Esta última –por cierto- indispensable para mejorar la productividad de los empleados mexicanos y situada como uno de los peores indicadores del informe señalado anteriormente (ocupamos el lugar 92 de 131). 

En este sentido, es indispensable ubicar correctamente en dónde estamos parados y de qué tamaño serán los efectos de la recesión de nuestro vecino del norte. Tan malo sería ignorar estos efectos negativos, como sobredimensionarlos. Casi sobra decir que alimentar un sentimiento negativo en exceso repercutirá directamente en nuestro bienestar como sociedad. Así, busquemos la manera de encontrar qué oportunidades podremos aprovechar para superar lo más pronto posible esta coyuntura.

Jueves ordinario: la ejecución

Hace unos años, cuando daba consultoría empresarial a las Pymes, construimos una matriz que buscaba ilustrar la relación entre Estrategia y Ejecución. Para efectos de simplficiar el análisis y llevar a los directivos y dueños de estas empresas a la acción, definimos cuatro posibles situaciones: 

1. Estrategia Alta, Ejecución Baja

2. Estrategia Alta, Ejecución Alta

 – Los objetivos casi nunca se logran  – Los objetivos se lograr casi siempre
 – Personal clave en ocasiones sin perfil adecuado  – Personal clave con el perfil
 – DG delega la instalación de la estrategia  – DG principal responsable de definir e instalar la estrategia

Empresa Grande (Familiar) en declive

Empresa Corporativa en crecimiento

3. Estrategia Baja, Ejecución Baja

4. Estrategia Baja, Ejecución Alta

 – Baja aportación de valor, sin definición de objetivos  – Aportación de valor, aún se definición clara de objetivos
 – Personal clave sin perfil  – Personal clave asignado por intuición
 – DG como “hombre equipo”  – DG concentra la mayoría de las decisiones

De reciente creación o en extinción

Pyme con dos años o más antigüedad

 Con base en esta sencilla herramienta, pudimos transformar la manera de trabajar de una empresa mediana, con administración familiar y falta de una visión estratégica clara. La empresa se ubicaba en el cuadrante 4 y pudo moverse un poco hacia el cuadrante 2. Los resultados económicos se presentaron muy rápido, lo que motivó aún más a los directivos a agilizar la instalación de la estrategia definida.

El domingo pasado, en los juegos de Play-off de la NFL, perdieron dos de los equipos marcados como favoritos por las líneas de apuestas y expertos en el tema. Cabe señalar que los dos son de mis favoritos. Durante la noche, mientras me revolvía entre las sábanas sin poder dormir, apareció esta matriz en mi mente. Y dibujé mentalmente en qué cuadrante se ubicaban los ocho equipos que jugaron el fin de semana pasado. Pude dormir tranquilamente después de encontrar respuestas a mis corajes irracionales.

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Así, los Patriotas son el equipo con mejor estrategia (dentro y fuera del campo de juego) y también los que ejecutan con mayor claridad. No es casualidad, por tanto, que hayan ganado tres de los últimos cuatro Super Bowls. El liderazgo del QB Tom Brady inicia -en palabras de sus compañeros- a las seis y quince minutos de la mañana: todos los días llega a esa hora al gimnasio. Y se notan sus habilidades en el momento de mandar un pase certero en una situación de presión (tercera y largo). Uno de los factores estratégicos de la temporada fue contratar al receptor Randy Moss y concederle algunos caprichos menores (como no realizar entrenamientos de acondicionamiento durante la temporada). El otro, controvertido además, consiste en estudiar concienzudamente la manera de pensar y accionar de sus oponentes. Antes del juego y en su transcurso .

El equipo que sigue en esta posición competitiva es Green Bay. Aún cuando ya han pasado los mejores años de su QB Brett Favre, es claro que su liderazgo continua y se ensalza juego a juego con la gran motivación que transmite. Su estrategia es clara desde hace años y a la ofensiva se manifiesta en la gran capacidad individual del denominado hombre de hierro. El sábado pasado además fueron favorecidos por la fortuna con una nevada que nadie mejor que ellos sabe aprovechar. Lo que les dio ventaja al ejecutar las jugadas.

Dos equipos ubicados en el cuadrante 4 (como la Pymes que asesoré hace varios años) son especialistas en ejecutar, más que en elaborar un plan de juego efectivo. San Diego y los Gigantes. En el primer caso, la ejecución que mostraron aún con tres titulares fuera del campo de juego fue suficiente para mandar a su casa a los Potros. La motivación y la fuerza de su defensiva impidió que el QB de Indianapolis (Peyton Manning) pudiera ejecutar bien jugadas que en otras circunstancias son efectivas. Por cierto esta incapacidad y frustración la manifestó también en el juego de temporada regular contra los Patriotas.

También los Gigantes impusieron condiciones a la ofensiva de Dallas en momentos decisivos y pudieron descalificar a los de la estrella solitaria. La estrategia de Dallas fue impecable en el segundo cuarto, cuando con una ofensiva de más de diez minutos y venite jugadas culminaron con un TD. Sin embargo, una cubetada de agua fría les llegó cuando los Gigantes con una excelente ejecución sumada a errores de los texanos lograron anotar en menos de un minuto, justo antes de acabar el segundo cuarto. Para el tercer y cuarto cuartos Tony Romo no pudo ejecutar bien sus jugadas.

Pareciera que el nombre del juego se llama ejecución. Así lo señalan los coahces y jugadores, y así lo confirman los analistas expertos de las cadenas de EUA. En el caso de los Jaguares fue la ejecución el único diferenciador en el juego que perdieron contra los Patriotas. Un par de pases que los receptores soltaron en la zona de anotación fueron la diferencia clave al final del partido.

Y aunque la ejecución es indispensable para ganar cualquier partido, pareciera que para levantar el trofeo de Vince Lombardi se requiere también de una estrategia efectiva que empieza muchos meses antes y fuera de los training camps.

Hay factores adicionales, como la motivación que forma parte de este binomio estrategia-ejecución y uno que escapa del control: la fortuna, la que  también juega su partido y hay que buscarla en cada jugada.

Así, pareciera ser que el juego del SB XLII será entre Green Bay y Nueva Inglaterra.  Y derivado de este pequeño análisis empresarial serán los Patriotas nuevamente quienes ganen el campeonato. Sería además el cuarto en cinco años.

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No cualquier equipo manda la jugada conocida como Liberty Statue en un momento clave.

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Intrusa en Puebla 158

Han pasado más de diez años desde que intenté escribir esta historia por primera vez. Es un relato verdadero que experimenté hace once años. Una vivencia que no me ha abandonado desde el primer instante. Y aunque la intensidad ha sido intermitente, es insoportable cuando sueño profundo. Las imágenes son -incluso- más claras que esos días fríos del invierno de 1996. Nuevamente me sumerjo en esta aventura sin saber si podré ser fiel a lo sucedido y -sobretodo- honrar a esas personas que jamás olvidaré. 

Iba en el metro. Sentada, hojeando la sección de avisos de ocasión. Y ahí estaba el anuncio: “Se solicita señorita. Buena presentación. Referencias. Puebla 158. Roma Norte.” Me atrapó. Así. Trasbordé un par de veces y al cabo de media hora bajé en la estación Chapultepec. Salí precisamente a la avenida Chapultepec. Muy cerca del otrora castillo imperial. Pero del otro lado de circuito interior, donde el ruido de los camiones y microbuses puso alertas mis sentidos. Crucé la avenida. El olor era penetrante: smog y agua con jabón que buscó minutos antes refrescar las banquetas de la avenida. 

Caminé dos calles y llegando a Sonora dudé. Fue la única vez que titubeé en ese y en los días subsiguientes. Finalmente, a la derecha. “Es más fácil por ésta que seguir por el ruido. ¿Cuál será? Adelante. Puebla. Ahí está, debe ser a la derecha”. Y fue. “Del lado izquierdo”. Y también fue. Me acerqué a la casa. “¡Qué altos los balcones!, ¡que bonitas las cornisas!” Toqué el timbre. Y una chicharra inundó mis oídos que provocó un sobresalto involuntario. Aquí está conmigo ese sonido chillón rondándome. Ahora, jugando con mis oídos y acelerando mi corazón. 

Una señora se asomó por la puerta. Me miró toda. Después sonrió y la abrió toda: “¿Vienes por lo del anuncio, verdad? Pasa”. Apenas asentí. “Gracias”, murmuré. Tenía un patio amplio. Frío. No había coches dentro. Caminamos lentamente. Ella adelante. Volteó un par de veces, invitándome a seguir. Recordé la roña; el juego infantil donde “la traes” y se pasa con un leve toque. Los niños se acercan al roñoso buscando que los persiga, corriendo delante de él y volteando reiteradas veces, invitándolo a seguirlo. 

Pasamos rápidamente por la cocina. Estaban cociendo frijoles y pelando patas de pollo. Olores que reconozco desde muy niña. Me asombró, pues, que no fuera ese el destino. Detrás de nosotras se cerró la puerta. Pasamos por un pequeño pasillo y una mesa alta animaba la estancia presentando al teléfono, como si éste estuviera listo para utilizarse. Subimos por la escalera, muy amplia: la dos al mismo tiempo. Carmen me tomaba del brazo. Iba del lado del barandal, liso y muy suave. Ni una palabra cruzamos desde la entrada y hasta la planta alta de la casa. 

Al legar al último escalón, Carmen apretó mi brazo. “Espérame aquí”, acariciándome suavemente con su cálida sonrisa y su mirada profunda. No acababa de reponerme de ese gesto tan intenso, cuando me llamó con la mano desde la recámara del fondo. “Ven Paula”, me dijo. “Pero…”, alcancé a murmurar, antes de que tranquilamente me insistiera: “Acércate Paula”. Y entré a la recámara, donde un anciano esperaba mi entrada. Casi se levantó del sillón al saludarme con gran alegría. “Paula”, repetía, sin dejar de asirme las manos enérgicamente. “Ven, platícame, ¿qué has hecho?”, “Pero…”, “Ya, ya, llega primero y después me platicas”, sonrió y una gran dentadura apareció brillando, iluminando aún más su rostro: “Ve, ve…”, mientras movía cadenciosamente los brazos con las manos extendidas. 

Carmen me guió a la recámara contigua. “Quiero que conozcas esta pieza. Quédate unos minutos aquí por favor. No tardo”. Y me quedé. Corrí a la ventana y pude apreciar la calle por la que había llegado. “¡Qué bonita vista!” Con la puerta cerrada, me atreví a recostarme en la cama matrimonial adornada con un edredón crema y unos peluches blancos y pasteles. Suspiré. “¿De quién será? Qué lindos muebles.” Sobre el buró yacía un pequeño libro de pasta blanca. Con gran soltura, lo abrí y encontré una letra deliciosa, como la que mi mamá utilizaba por haber estudiado en colegio de monjas. “Paula S.” ocupaba casi toda la primera página, con las puntas de las letras extendiéndose y encontrándose rítmicamente. 

Cuando Carmen tocó a la puerta, no me extraño oírme decir: “Pasa por favor, está abierto”. Esta vez, su sonrisa era un poco más alegre: “He hablado con tu mamá y todo está arreglado. Puedes quedarte.”, “Gracias”, murmuré. ¿Qué magia recorrían esas paredes que tan bella bienvenida me cobijaba? “Me tomé la libertad de tomar tu teléfono de la libretita de tu bolsa”, me miró con naturalidad. “Dejaste tu bolsa en la mesita de la estancia. “Gracias”, esta vez, regresando la sonrisa y la caricia con la mirada. 

Fueron días maravillosos. La mayor parte de las mañanas la dedicaba a leer el diario de Paula. Cientos de hojas con historias maravillosas. Sueños y amores por llegar. Supe que se encontraba en unas largas vacaciones en el extranjero, por lo que podía ocupar su recámara. Ayudaba gustosamente a preparar la comida y quedaron encantados con mi sazón del consomé de pollo. La clave son las papas: sin pelar al cocer y cortar al servir. Nos sentábamos solo Carmen y yo a la mesa. “El abuelo”, como lo nombraba, comía arriba. Después de nosotras. Ahí pasaba la mayor parte del tiempo y le contaba mis historias. Bueno, esas historias lindas de Paula que casi estaba haciendo mías. Él reía, enseñando su dentadura y a veces contaba alguna anécdota que bien a bien nunca comprendí. 

“Es necesario que vayas a tu casa”, me dijo Carmen una mañana; poco más de dos semanas después de mi llegada. “Tu mamá quiere verte, te extraña”. Salí por la puerta después del desayuno, bajé por Puebla y después por Sonora. Inverso a mi llegada. Subí avenida Chaputepec y finalmente me perdí en el metro. Cuando iba llegando a mi casa, encontré a mi hermano que presuroso inició con reclamos incompresibles (aunque con palabras muy reconocibles, entre las que ramera se repetía sin cesar); alcanzó a darme dos rozones en las mejillas y un par de jalones del cabello. “¡Estúpido!”, alcancé a gritarle al zafarme para entrar por la puerta de mi casa. La recepción de mi madre no fue diferente. Sin insultos, ni golpes, pero sí con los mismos reclamos. Evidentemente, nunca recibieron la llamada de Carmen. 

Pasé dos días repitiendo una y otra vez la historia. Mismos que se mezclaron con risas burlonas, nuevos reclamos y sobretodo miradas reprobatorias de mi mamá y mis hermanos. Finalmente al tercer día logré convencerlos para que validarán mis palabras con sus propios ojos. Y fuimos a Puebla. Cuando recorríamos el camino, reseñaba un par de anécdotas de mi estancia. Y trataba de conseguir su confianza al resaltar detalles de las calles que cruzábamos. Mi mamá poco a poco bajaba la dureza de su rostro. Hasta que llegamos al 158 de Puebla. Bueno donde debía estar el 158. No había nada. No existía el número. Lo peor. Tampoco la casa. Desesperada, arrastré a mi mamá y a mi hermano una y otra vez a lo largo de la calle. Cinco veces. Lloré, grité y finalmente desesperada, pedí su consejo. Y su consuelo. 

Así, en la tiendita de Sonora casi esquina con Durango encontramos a quien calmara nuestra confusión. “Sí, recuerdo la casa”, señaló el dueño de la miscelánea. “Qué raro”, le decía a mi mamá, mientras repasaba mi figura insistentemente. “Esa casa se cayó con el temblor, ¿por qué la buscan después de tantos años?” La mirada de mi mamá fue fulminante y en ese instante explotó contra mi, tundiéndome con certeros manazos en la boca, uno y en el ojo izquierdo, dos. Mi hermano ayudó a sacarnos de esa pesadilla, tirándome del cabello y dirigiéndome una mirada de rabia y frustración: “Eres una …”, y negaba con la cabeza. 

Pasé varios meses encerrada en mi casa; confundida y sin querer salir. Recuerdos tan nítidos de esa experiencia difícilmente podría desarrollarlos la imaginación de mis entonces diecinueve años. Finalmente,  salí y por intuición acabé en Puebla. Y en la tiendita de Sonora. Solo para aderezar el sinsentido que ya intuía en mi vida desde niña y que desde entonces se ha intensificado hasta el día de hoy. “Te pareces mucho, niña, a la señorita que vivió en esa casa”, dijo solemnemente el dueño. “¿Sabes que ahí murieron su abuelo y su madre?. Ella sobrevivió y muchos días después anduvo rondando por aquí. Esos días insoportables que le siguieron al 19 de septiembre de 1985″, finalizo sin dejar de observarme fijamente.

Renata Tejería, Enero 12 de 2008

Jueves ordinario: el pendiente

BurócrataPorque los mexicanos siempre dejamos todo para el último”, me respondió la encargada del módulo de información en la delegación Miguel Hidalgo, a mi pregunta (¿ilusa?) de la causa por la que estaba tan llena la oficina de licencias. Fue en mi semana de vacaciones, el pasado 26 de diciembre. Tenía una gripa insoportable y el sol de invierno estaba a todo lo que daba. Me acerqué a la puerta de la oficina de licencias y un guardia (“poli” para los cuates) estaba custodiando escrupulosamente la entrada.

  • ¿Tiene cita?… ¿no? No puede pasar joven.
  • ¿No habrá algún huequito?
  • Ninguno…
  • ¿Y qué podemos hacer?
  • Nada…
  • A la mejor alguien cancela
  • ¿Usted cree…?
  •  Hablando con alguien más…
  •  ….
  • ¿Usted es el único que tiene la lista?
  • Adentro tienen otra … además todo está en el sistema… joooven.
  • ¿O sea que no hay manera? 
  • No. 
  • Mmm… 
  •  
  • Bueno… 
  • …. 
  • Nos vemos. 
  • Buen día jooovennn.  

Previamente en el módulo de información, un señor amablemente me informó que la causa era que se había decidido cancelar la licencia permanente. “Por eso hay tanta gente”, me señaló complementando el regaño inicial de su compañera; sobretodo al darse cuenta que parecía turista en estos asuntos. No me fijé bien, pero creo que hasta me lanzó una mirada de compasión. “Gracias”, le respondí y me escabullí buscando la entrada de la oficina de licencias, donde encontré al guardia, escrupuloso de su trabajo y con un perfil perfecto para el trabajo. Calma, información solo la necesaria, sonrisa, impasible… ¡impresionante! 

Por la mañana había ido a la sucursal bancaria a realizar el pago. La atención fue pésima en la primera que fui (no puedo decir el nombre del banco porque mi trabajo podría pender de un hilo). Menos debería compartir lo siguiente: fui a la sucursal de la competencia, donde la eficiencia fue notablemente mejor. Es más, si me hubieran aplicado una encuesta de salida, la habría calificado como muy buena. Salí de esta segunda sucursal con el comprobante de pago y con un poco de suspicacia respecto al siguiente trámite. 

La suspicacia empezó a tomar forma, cuando en la delegación Cuajimalpa vimos la enorme cola que se extendía alrededor del edificio y fue un hecho cuando me informaron que las fichas ya se habían acabado. “Desde las 8 de la mañana joven”. Ingenuamente pensé que era un evento aislado y fue así como acabé en la Delegación Miguel Hidalgo. 

Hubo un intento intermedio. “Vamos para Mixcoac, al módulo de la Comercial Mexicana”, le dije a mi esposa. “Vamos, tenemos que sacar estos pendientes en días de vacaciones”. Lo que siempre ha sido un hábito para los que trabajamos de sol a sol. Como decía antes, el sol en su apogeo. Traíamos el aire acondicionado, para “amarrar la gripa” (que por cierto no se me ha quitado), lo que contrastó cuando bajamos del coche. La cola ahí era digna de una imagen surrealista. Las personas formadas (más de mil calculé en grandes números) se perdían entre lavadoras, refrigeradores y colchones. Efectivamente dentro de la tienda de autoservicio. “¿Nos formamos?”, le pregunté retóricamente a mi esposa. Mi niño, sin embargo, todavía sin la malicia de este tipo de actitudes mexicanas, sugirió que podríamos tardar bastante. Las risas ayudaron un poco a relajar la mandíbula encajada y a tolerar la congestión de mis senos nasales. 

Al día siguiente escuché en las noticias que la gente empezaba a llegar a las dos de la mañana a los módulos. Y que las fichas se agotaban en menos de diez minutos. Un reportero comentó que hubo personas que llegaron a las cuatro de la mañana al módulo de la Comercial Mexicana ubicada en Miguel Ángel de Quevedo y se quedaron sin la famosa ficha. Me resigné entonces. ¿Cuánto vale una levantada a las dos de la mañana con gripa y la respectiva formada de siete horas? Más de quinientos pesos, ¡fácil! “Ni modo, me espero a las definiciones que se den en enero”. Lo único que quiero es la reposición de la licencia de conducir que perdí hace unas semanas al subirme a un avión, lo que por cierto resulta un poco cómico, ¿no?.  

Lo sorprendente fue cuando –el 2 de enero de 2008- escuché que quienes hubiéramos pagado en diciembre de 2007, podríamos asistir hasta el 6 de enero de 2008 a completar el trámite. “¡Imposible!”, fue la primera expresión que apareció en mi mente. “¿Será?… ¿a qué hora tendrá que ser la levantada?”… Los módulos abren a las nueve. Llegué a las ocho con quince. Cuando crucé la puerta automática, con sorpresa, noté que había menos de diez personas formadas. Un señor me saludó amablemente y estuvimos platicando animadamente durante los cuarenta y cinco minutos que duró la espera. 

Sobra señalar que el proceso de otorgamiento de la licencia me pareció muy eficiente, como de primero mundo. Ágil, con atención de servicio impecable. El personal llegó diez minutos antes de las nueve y la puerta se abrió a las ocho con cincuenta y cinco minutos. Los burócratas tomaron sus asientos ordenadamente, sin mucho bullicio, sin tortas de tamal en los escritorios y respondían oportunamente a las indicaciones de su supervisora. Así, en menos de quince minutos, salí con mi licencia permanente, sonriendo y de buen humor. La gripa no se me quitaba todavía, pero eso no impidió que le hablara mi esposa y le transmitiera mi dicha de haberme quitado el pendiente.

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Notas al margen: 

  1. A partir de esta semana ya no se emiten licencias permanentes en el DF y por algún problema en el circuito no se están otorgando las licencias definitivas, sino documentos en papel que serán sustituidos en un periodo de sesenta días. La prensa, por tanto, ya tiene nota para ocupar sus espacios.
  2. Muchos años me atormentó una pesadilla, en la que no podía salir de mi casa, pues no me había puesto los zapatos antes de bajar de mi recámara. Tampoco podía subir por ellos, pues tenía múltiples actividades urgentes imposibles de posponer. Así, ni terminaba esos pendientes ni acaba de vestirme. Me quedaba anclado en la casa.
  3. Ana: ¡Felicidades por tu cumpleaños!

Jueves ordinario: el nagual

Estatua tolteca“¡Eres un nagual!”, le escuché decir a una compañera de la primaria hace casi treinta años. Se lo decía a otro niño y -por el tono de su voz- lo estaba insultando. Fue mi primera vez. Pero poco a poco fui descubriendo que una manera de herir a alguien era, precisamente, vinculándolo con nuestros antepasados prehispánicos. Indígena, indio, azteca, mexica, tolteca, maya … y claro nagual. Tal vez éste último el más peyorativo y venenoso.

 Esta expresión-agresión se utiliza cotidianamente a lo largo y ancho de nuestra sociedad. Desde muy niños la aprendemos y poco a poco vamos depurando su aplicación. Así, al que le gusta y manifiesta el juego de palabras de doble sentido lo nombran nagual. También al que dice groserías o al que le falta tacto en el trato. Entre clases sociales es una de las favoritas de las altas (o altas wannabe) para referirse a las de abajo. En apariencia física, a los morenos y a los que poseen rasgos indígenas se les aplica sin misericordia. Es decir, el 99% de los mexicanos somos sujetos a ser insultados por medio de “¡Eres un nagual!”.

En términos generales, el uso discriminatorio de esta expresión tiene la intención de remarcar la falta de educación o simplemente el nivel sociocultural de la persona aludida. Lo que resulta profundamente irónico y es un síntoma inequívoco de la ignorancia de nuestra sociedad.

Como señalábamos anteriormente, existen otras palabras de uso racista a las que se le suma la famosa y controvertida naco. Que se desprende de la palabra náhuatl “Nacohuátl” que significa “de aquí”. Es decir, de México. Llevando al extremo estas expresiones, podemos sintetizar su uso peyorativo en lo siguiente: “¡Eres mexicano!” y con ello querer insultar al otro, ¡Y cómo no!, si una de los más bellos cumplidos que puede recibir una parte de la sociedad mexicana es que la distingan diciénole: “¡No pareces mexicano o mexicana!”. Triste, pero cierto. Inténtenlo con un conocido o conocida y verán su reacción.

 

Pirámide tolteca

Para la mayoría de los antropólogos, el nagual era -dentro las culturas azteca y tolteca– el espíritu de un animal que cada ser humano poseía desde su nacimiento; encargado de protegerlo y guiarlo. Los dioses también contaban con su propio nagual. Era el vínculo con el mundo espiritual. Por ejemplo el nagual de Tezcaltipoca era el jaguar (aunque también tomaba la forma de coyote) y el de Huitzilopochtili el colibrí. Dentro de los toltecas, el chaman era una especie de “brujo” que podía mantener una relación más cercana con su nagual y enseñaba a otros hombres a encontrar a su propio nagual; por medio de la introspección y la búsqueda del mundo espiritual.

Algunos investigadores simpatizantes de la corriente neotolteca afirman que los naguales fueron una comunidad de estudiantes y maestros que vivieron en Teotihuacan durante el imperio azteca, aunque otros señalan a Tula como su principal asentamiento cultural. En cualquier caso, los naguales eran el linaje superior de los toltecas, quienes se caracterizaron por estudiar y conservar el conocimiento espiritual. Señalan que influenciaron no solamente a los aztecas sino también a los mayas. Uno de los actuales representantes de los neotoltecas, Miguel Ruiz, señala que:

“A lo largo de los milenios, los naguales se vieron forzados a esconder su sabiduría ancestral y a mantener su existencia en secreto. La conquista europea, unida a un agresivo mal uso del poder personal por parte de algunos aprendices, hizo necesario proteger el conocimiento de aquellos que no estaban preparados para utilizarlo o que hubieran podido usarlo mal intencionadamente para obtener un beneficio personal”.

Miguel RuizEl mismo Miguel Ruiz señala que este conocimiento esotérico de los toltecas fue transmitido de generación en generación y a través de su libro “Los Cuatro Acuerdos” publicado en 1997 en inglés bajo el título original “The Four Agreements” se proclama como un nagual de linaje de los Guerreros Águila encargado de revelar las enseñanzas de los toltecas.

Estas enseñanzas buscan ser una guía práctica para el hombre moderno y más allá de la validez del vínculo con la cultura tolteca, representan un pequeño código de actuación que no está de más conocer y reflexionar al respecto.

 

Estos principios se integran por “Los Cuatro Acuerdos”:

  1. Primer Acuerdo: Sé impecable con tus palabras
  2. Segundo Acuerdo: No te tomes nada personalmente
  3. Tercer Acuerdo: No hagas suposiciones
  4. Cuarto Acuerdo: Haz siempre lo máximo que puedas

Practicar y desarrollar estos acuerdos –en línea con Miguel Ruíz– nos conducirá a la libertad personal para alcanzar la felicidad. “La felicidad es una elección, como también es el sufrimiento”, señala este neotolteca en reiteradas ocasiones.

No es casualidad que este tipo de libros se publiquen primeramente para la sociedad estadounidense. Para empezar, por el número de ejemplares potenciales vendidos. Por volumen de población activamente lectora. El formato es idéntico a casi todos los de superación personal, con un marco claramente delineado, que se despliega en conceptos básicos y guías de actuación sencillas. Resalta que la traducción está a cargo de una persona diferente al autor. Es probable, por tanto, que Miguel Ruíz no maneje muy bien el idioma español. Por cierto, que el contacto señalado en su libro lo sitúa en Cerrillos, Nuevo México  en Estados Unidos de América. Otra curiosidad que podrán encontrar en este pequeño libro de fácil lectura es que los agradecimientos están dirigidos en su totalidad a nombres evidentemente “gringos”.

Es decir y sin afán de mofa, existe un nuevo linaje de toltecas: los naguales gringos. Orgullosos de su sabiduría y muy efectivos en la transmisión de sus conocimientos. El ejemplar que tengo en la mano es la 15ª edición a cargo de la editorial Urano.

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Notas al margen:

  1. Uno de los principales antropólogos toltecas y a quien se le atribuye el uso de la palabra nagual con G es Carlos Castaneda. Brasileño, dedicado a la investigación y a la aplicación de los usos y costumbres toltecas, utilizó rituales y alucinógenos para convertirse en un chamán tolteca. Su obra, integrada por 9 libros, está publicada también originalmente en inglés y pueden encontrarse versiones en español. Cabe señalar que sobran escritos que desmienten sus experiencias y lo tachan de charlatán.
  2. Nahual y nagual: su uso es indistinto entre los investigadores, aunque el nombre utilizado por el INAH es el que utiliza la H.
  3. Página oficial del Nagual Miguel Ruíz: http://www.miguelruiz.com/
  4. La mayoría de los antropólogos señalan que el término nagual no puede estar vinculado con los toltecas, dado que no existen códices ni fuentes escritas de esta cultura.
  5. La etimología del término nagual se deriva del vocablo náhuatl nau: “doble”. Nagual significa ‘doble, proyectado’, y se refiere al aspecto metafísico o divino de la existencia. La enseñanza teórica y las técnicas de los naguales recibieron el nombre de Nahuallōtl, ‘nagualismo’.

 

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