Jueves ordinario: la trascendencia

Sonó la campana. Empezó el cortejo lentamente. Cada quien cerca de su familia nuclear. Por el camino central del cementerio Español. La carroza haciendo rechinar el carrito. Mama Nina ahí. Sus restos. Con sus descendientes acompañándola a este camino fatal. La luz brillante del nuevo día contrastaba con nuestro rito.

Somos ahora, en el presente. Parece obvio, pero lo olvidamos. O lo ignoramos. Tal vez porque queremos engañar a nuestro destino. Construimos nuestra historia, creando esquemas de almacenamiento cada vez más complejos. Discos duros y servidores con capacidades inimaginables hace un lustro. Guardamos nuestra vida. La relatamos. Buscamos permanencia. El pasado para el futuro.Para no cometer los mismos errores. Eso es lo que nos distingue como especie. Que cada nueva generación puede vivir con la experiencia y sabiduría de toda la humanidad. Todos los demás mamíferos aprenden cada día. Su instinto los guía, pero no almacenan recuerdos que propicien su aprendizaje conciente. Nosotros sí. Este es uno de los factores clave del sentido existencial: nos educamos del pasado y contribuimos al futuro. Para poder ser plenos en el presente.

Aún así, nos negamos –y con razón- a ser temporales en lo individual. Somos parte de algo más grande y generoso llamado humanidad, pero nuestro instinto animal nos seduce a querer permanecer de manera individual por siempre. Y es correcto. Lo resolvemos de diferentes maneras según la cultura y casi siempre coincidimos en la eternidad. Que existe sin duda. Aunque –al ser atemporal- sucede en dimensiones que traspasan la linealidad cronológica.

Uno de los puntos angulares de la trascendencia es precisamente este deseo por extender la vida más allá de nuestra mera existencia. Biológicamente lo conseguimos a través de nuestros hijos, equivalente a cualquier especie que se reproduce. La característica diferenciadora es nuestra inteligencia, que incluye la conciencia intertemporal de nuestra existencia. Individualmente y como especie. Y la aspiración de trascendencia se concreta no solo como derecho, sino como obligación.

La trascendencia en este sentido sí depende de nosotros directamente, pues nuestras ideas y acciones influyen necesariamente en el presente y dirigen el futuro. Trascendemos aún sin quererlo. Pareciera en este punto que la discusión cada vez más se centra en el tipo de trascendencia que estamos buscando como especie. El calentamiento global y nuestra responsabilidad es un buen ejemplo.

La trascendencia individual, sin embargo, es otro tema. Menos evidente. Abstracto y existencial. Da miedo cuando se piensa y nos perseguirá siempre (con terror incluso) si es que no lo estamos resolviendo como seres de libertad. Los caminos son infinitos, aunque pueden clasificarse en dos:
1. Por la divinidad, donde un ser superior es el responsable primero (y último). Se conoce como filosofía revelada. Pues se revela la Verdad.
2. Por la humanidad, donde nosotros debemos resolver el enigma. Sin ayuda divina. Se conoce como filosofía natural. Busca la verdad. Y descubre verdades concretas (como Descartes ha demostrado).

Pueden combinarse. Incluso algunos afirman que deben complementarse. Y es natural, pues -al final del día- estamos hablando de nuestra muerte. Que no acaba cuando dejamos de existir. Trascendemos necesariamente. Por ello, es indispensable definir cómo queremos hacerlo.

8 pensamientos en “Jueves ordinario: la trascendencia”

  1. > Eso es lo que nos distingue como especie. Que cada nueva generación puede vivir con la experiencia y sabiduría de toda la humanidad…
    Este es uno de los factores clave del sentido existencial: nos educamos del pasado y contribuimos al futuro. Para poder ser plenos en el presente… La trascendencia en este sentido sí depende de nosotros directamente, pues nuestras ideas y acciones influyen necesariamente en el presente y dirigen el futuro. Trascendemos aún sin quererlo.
    >> Excelente reflexión , Rafael, me diste de ganas de proyectarme en función del Para sí, en términos sartreanos…

    >Somos parte de algo más grande y generoso llamado humanidad, pero nuestro instinto animal nos seduce a querer permanecer de manera individual por siempre. Que existe sin duda. Aunque –al ser atemporal-sucede en dimensiones que traspasan la linealidad cronológica.
    >> Una buena y bastante aristotélica definición de “eternidad”, y con el término dimensión le das el vigor de la Teoría cuántica …

    Enhorabuena por el post. Abrazo,
    Aquileana

  2. Solo trasciende el gen asesino y apoptósico del ADN. Lo demás son figuraciones, al menos en mi opinón.

    Nos diferenciamos del mono por que somos capaces de imitar y recordar, puro conocimiento empíriko, ellos sólo imitan.

    Tienes razón en muchas cosas, pero la verdad es con V minúscula y los dioses cambian con las épocas. Acaso fueron menos auténticos los dioses griegos o egipcios?

    Ahora ¿la trascendencia es inmanente al ser humano?
    o ¿son los blogs menos inmanentes al ser humano?

    Lamento preguntar, inquerir, cuestionar, indagar, interrogar, pero es … vicio.

    Pa ser un comentario me ha quedado largo.
    ¡Salud!

  3. Estimado mpiryco:

    Justo ese es el punto del post: la trascendencia es parte del ser humano. Aún contra nuestra voluntad.

    El diálogo que logramos con tus preguntas trasciende el espacio naturalmente. ¿Por qué no el tiempo?

    Saludos!

  4. HOLA RAFA:
    DE PELOS TU REFLEXIÓN.

    CUANDO DICES RESPECTO A TU MAMÁ NINA…… ” SU FAMILIA NUCLEAR ACOMPAÑÁNDOLA POR ESE CAMINO FATAL”, O ALGO PARECIDO, ME HAS HECHO REFLEXIONAR QUE LA RIQUEZA DE NUESTRO LENGUAJE NOS PUEDE DAR MALAS PASADAS. EN EFECTO, ES COMO LA FRASE DE CAMPOAMOR “TODO ES SEGÚN EL CRISTAL CON QUE SE MIRA”, Y ES QUE FÍJATE: PUEDE SER FATAL POR SER INEVITABLE O IMPRORROGABLE. TAMBIÉN PUEDE SER FATAL POR SER DESGRACIADO, INFELIZ O MALO

    TU ENTRADA AL TERRENO DE LA TRASCENDENCIA Y SU SIGNIFICADO EN LA RAZA HUMANA ES BÁSICA PARA ENTENDER AL HOMBRE COMO ESPECIE.

    NO HAY DUDA, BUSCAMOS TRASCENDER POR TODOS LOS MEDIOS, CONSCIENTE O INCONSCIENTEMENTE, JUBILOSOS O DESENCAJADOS, SÓLO NOSOTROS LOS HUMANOS PODEMOS DARLE SENTIDO A ESA PALABRA

    SALUDOS
    CACHO

  5. Bueno, pero a veces los momentos de plenitud en la tristeza son paradójicamente los más felices. Tal vez por ese maravilloso equilibrio dialéctico de fuerzas destructivo/ contructivas de las que hablaba Nietzsche para consagrar al Niño Creador en Así hablaba Zaratustra… El tema de The Beatles que puse como bonustrack del post apunta a esa dualidad que has captado en esencia, Rafael. El mejor consejo te lo da la letra:

    >> Blackbird singing in the dead of night
    Take these broken wings and learn to fly
    All your life
    You were only waiting for this moment to arise < < Letra completa: http://www.seeklyrics.com/lyrics/Beatles/Blackbird.html

    Un abrazo enorme, Aquileana 🙂

  6. Quizás porque no me siento especialmente optimista ante el futuro que nos espera, desearía creer que cada nueva generación puede vivir con la experiencia y sabiduría de toda la humanidad para no cometer los mismos errores…como bien dices…

    Vivimos tantas situaciones de violencia e injusticia que no se diferencian de las ocurridas en el pasado, que cuesta creer que seamos capaces de aprender de fallos anteriores. Hablamos de la necesidad de conocer nuestra historia reciente para no repetir los errores en el futuro, pero veo tanta intolerancia y falta de empatía, que me hace dudar de una humanidad futura mejor.

    ¿De veras crees que es una obligación la aspiración de trascendencia?

    Magnífico texto…. Me encanta como escribes…

  7. Muchas gracias por tus comentarios Teresa.

    Dado que trascendemos de manera positiva o negativa (tanto individual como colectivamente) es que planteo que debemos tomar la responsabilidad en nuestras manos.

    Lo contrario, sería aceptar que el caos guía completamente el destino de la especie humana, ¿no?

    Saludos.

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