Felicidad entre banqueros

Llegué al comedor solo, pero tuve la fortuna de encontrar a unos compañeros de la unidad de negocios a donde pertenezco. Casi siempre evitamos hablar de trabajo (no importa que el comedor esté inserto en el edificio, en el nivel 2 de Centro Bancomer, en Coyoacán). Y por ello, la conversación empezó a dirigirse a temas ajenos a la Oficina, pero nunca imaginé que podríamos llegar tan lejos.

// Hace 30 años el edificio, recién inaugurado, fue la gran novedad, pues dentro de las instalaciones existían todas las facilidades para no tener a que salir: dormitorios para lo que venían del interior y múltiples comedores (tanto para clientes, como para los diferentes niveles de empleados dentro del Organigrama), entre otras muchas cosas. //

“El dinero no te hace feliz”, fue la declaración que inició toda la confusión y que fue lanzada de manera contundente – y de imprevisto – por un directivo de muy buen nivel. ¿Qué?, ¿escuché bien? Increíble: ahora resulta que los funcionarios bancarios, dedicados principalmente a prestar dinero con jornadas intensas en estrés y extensas en horarios somos ajenos al dinero como insumo crítico de felicidad. ¡Increíble!

// Recuerdo haber tenido estas discusiones en la universidad con bastante pasión, donde la superioridad moral y espiritual derrotaba sin misericordia a las posturas superficiales y materiales. Dinero, ¡bueno!, sólo para los incompletos seres humanos que no logran superar su visión miope y quedan en la base de la pirámide de Maslow. Aunque – cabe decir – que casi siempre había buenos argumentos (como no queriendo la cosa) donde se podía desear dinero y aún así salir “bien librados”. //

Le di una buena revisada a los comensales, calculando cuántos tienen préstamos hipotecarios y créditos para coches nuevos. Sí, según mis cálculos como el 99% de los empleados (o más), están aprovechando las prestaciones y buscando subir el nivel de vida sin el mayor miramiento. Otra vez: ¿Qué el dinero qué….? Sí, repitió: “no sirve para la felicidad”. Bueno, bueno, me revolví en la silla, volteando a ver a las otras dos personas con las que compartíamos la comida. Sus miradas mostraban la misma sorpresa que la mía, pero – a diferencia – su actitud era más tranquila: mostraban su superioridad moral, pues efectivamente el dinero es algo superficial, muy material…además resultaba que el directivo susodicho es su jefe. Probablemente son muy prudentes y saben elegir sus batallas.

// Es posible que este directivo leyó, al igual que muchos, que Carlos Slim es ahora el número 1 en riqueza; y seguramente, también igual que muchos, pensó que para que se quiere tanto dinero si éste en esas cantidades no es necesario. Tal vez por ello, así de sopetón lanzó el comentario que provocó que me sintiera ofendido. //

No me aburriré ni te aburriré describiendo los argumentos que animaron la conversación en torno a este tema (donde los acuerdos más o menos fueron similares a los de la universidad). Solamente termino esta reflexión con el siguiente dato: el alto directivo se fue el día de hoy con su familia (en total 5 personas) a viajar por Bélgica y Alemania durante 3 semanas.

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